American Gods 1×07: Come To Jesus (Review)

Esto de la constancia, ah, llegar a otro final de temporada. Gracias, gracias.

Esperaba bastante del primer final de temporada de American Gods y no me voy decepcionado; ni un poquito. Pero vamos por partes, como dice nuestro amigo Jack. Como suele ser el caso, el episodio inicia con una historia, pero esta vez no es el señor Ibis quien lleva la batuta, sino un personaje que vimos por allá por el segundo episodio, el señor Nancy, encarnación de Anansi, interpretado genialmente por Orlando Jones.

Otro giro, ya no es una historia de un personaje desconocido o de un personaje perpendicular a la historia, sino que finalmente conocemos el origen y la llama que mueve a Bilquis, también conocida como la reina de Sheba. El señor Nancy se recrea en detalles sobre la historia de esta diosa y nos deja clara dos cosas: el poder natural de una mujer es una cosa de temer; y que la adaptación es la clave de la supervivencia.

Por un lado, el tinte social del relato está claro y pega en la diana del zeitgeist de nuestra época. Por el otro, profundiza en un concepto que fue introducido algunos episodios atrás y que es el eje sobre el cual se construye el camino divergente de esta adaptación con relación al texto original.

En el libro, que sucede en 2000-2001, el conflicto es mucho más directo, más binario: son los dioses viejos contra los nuevos, la fe contra el pragmatismo, la tradición contra el artificio. En el libro funciona, en buena medida por ser una buena historia y en otra gran mesura porque Neil Gaiman es un buen narrador.

Pero la serie es otra cosa, desde lo más básico: se desarrolla en 2016-2017.  El mundo de hoy es muy distinto al de hace 15 años, es casi irreconocible en comparación. Y lo es precisamente por los elementos que se oponen a los dioses viejos y a la tradición, es decir: la modernidad, la globalización, los medios, la tecnología…

Si el mundo es otro, el conflicto debe ser otro. Y eso está perfectamente capturado en esta idea de que los nuevos dioses no quieren destruir a los viejos; quieren aprovecharse de ellos, quieren hacerle re-branding, quieren comercializarlos, etiquetarlos y convertirlos en un elemento más de su inmensa maquinaria.

Pero de vuelta al episodio.

Shadow y Wednesday se acercan a Kentucky durante un domingo de pascua y van a dar al hogar de Ostara, la diosa de la primavera, cuyo nombre da origen a la palabra Easter (Pascua, en inglés). Primero, que grande es Kristin Chenoweth, eso es muy importante. Segundo, que secuencia tan divertida y demencial. Porque claro, si es domingo de resurrección, es domingo de celebrar al amigo Jesús. A todos los amigos Jesús.

Me parece genial esta forma de dejar explicita la idea de que sí, los dioses toman tantas formas como personas que pueden imaginarlos de forma distinta. Que joda ver a un Jesús latino, a un Jesús blanco, a un Jesús asiático y al mítico Black Jesus, acompañados claro de su señora madre, la Virgen. Vamos, que si la serie fuese en mi tierra, podrían hacer una fiesta con solo advocaciones de Virgen.

Pero como los escritores no desperdician ni una escena, a lo divertido se suma lo reflexivo, y la presencia de Jesús sirve para darle una vuelta de tuerca más a esa frase que Wednesday ha usado ya varias veces y que repite en este capítulo: ver es creer. ¿O creer es ver? No importa lo que haya visto Shadow, al parecer no es suficiente. Puede ver a su esposa zombie, puede ver a un irlandés conjurar monedas de oro de la nada. Puede incluso hacer nevar con pensarlo, pero hace falta dar el paso, creer y saber.

Y mira, después de ese cierre, el amigo Shadow vaya que cree. En una confrontación que es apenas la primera bala de una guerra que lleva toda la temporada gestándose, Wednesday finalmente se revela como es, con todos sus nombres, sus intenciones y su poder: Odín. Debo confesar, con una sonrisa, que me llenó de cierto placer verlo decir algo que yo ya había comentado en el review anterior: el pacto de los hombres y los dioses es sencillo, tú me das, yo te doy. Tú rezas, yo hago.

Queda el escenario preparado para una segunda temporada donde esperamos más relatos, más dioses, más disfraces para Gillian Anderson y especialmente, más de los planes del señor Wen…perdón, Odín. Yo, al menos, tengo fe que será un éxito.

Gran capítulo, recomendado.

American Gods 1×07: A Prayer for Mad Sweeney.

(Este review puede contener SPOILERS)

Uno de los personajes más interesantes dentro de American Gods es el señor Ibis. Como personificación del dios del conocimiento Thot, el señor Ibis es la persona ideal para guiarnos por el universo en el que se desarrolla la serie. ¿Saben esas pequeñas historias antes de cada episodio que parecen que no tienen que ver nada con la trama? Bueno, esas son la labor de Ibis, quien no solo nos presenta este mundo, sino a sus protagonistas.

El episodio de esta semana gira casi en su totalidad en torno a una de estas historias, y nos cuenta más sobre nuestro duende iracundo favorito: Mad Sweeney.

Para contarnos más sobre él, viajamos de la mano de del señor Ibis a la Inglaterra del siglo XVIII y conocemos a Essie, una chica que desde pequeña aprendió a creer en todas las historias de duendes y hadas que su abuela le contaba; con todos los pequeños rituales que esto conlleva. A través de la travesía de Essie, que la lleva de un lado del océano a otro, seguimos descubriendo los elementos más importantes dentro de la mitología de la serie, pero en esta ocasión no nos limitamos a ver el poder de la fe sobre los dioses, sino que además vemos el otro lado de la ecuación, qué efecto tienen los dioses sobre la gente.

Un detalle importante a nivel de producción es hacer que Essie también sea interpretada por Emily Browning (Laura), ya que hace mucho más clara la intención de los creadores de trazar un paralelo entre el relato de Essie y la historia de Laura, ambas vinculadas además por la presencia de Sweeney. También funciona como una excusa perfecta para dar más tiempo a las interacciones entre Browning y Pablo Schrieber, una verdadera delicia que, como ya mencioné en otros reviews, le da ese toque de “ligereza” a una serie tan densa en información.

Pero de vuelta al relato de la semana, si bien hasta ahora tenemos claro que los dioses esperan fe y devoción de los humanos para mantenerse fuerte, ¿qué esperan las personas de los dioses? Si el relato de Essie sirve de algo es para mostrar que los dioses en este mundo puede ser tan benévolos como cabrones, un día te bañan en buena fortuna y al otro estás en un barco camino a las Américas a cumplir tu pena de transportación. Queda claro: los dioses necesitan a los humanos tanto como los humanos a los dioses. Es una relación de mutuo beneficio, aunque no podemos evitar preguntarnos, ¿quién usa a quién?.

Este cruce de influencias le da más fuerza a la revelación final del episodio: que Sweeney y Wednesday jugaron un papel activo en la muerte de Laura. Ya no solo se trata de benevolencia a cambio de oraciones, sino de acciones directas para cambiar el destino de las personas y, especialmente, de Shadow Moon. ¿Qué lo hace especial? ¿Por qué Wednesday puso en movimiento todo esto? ¿Qué papel juega en la guerra que está por venir?

Considerando que el próximo es el último episodio de la temporada, lo lógico sería esperar encontrar algunas pistas para responder esta preguntas. Pero si hay algo que ha dejado claro esta serie es que no se rige por el ritmo narrativo típico de una serie de TV, quién sabe, a lo mejor y el final tan solo nos deja más preguntas aún.

American Gods 1×06: A Murder of Gods

(Este review puede contener SPOILERS)

Esto empieza a tomar velocidad, empezamos a entrar en territorio nuevo, de eso que los que han leído el libro no pueden hacer ese jueguito de poner la cámara para grabar la cara de tonto que le queda a los que no cuando llega el momento de la sorpresa. Y eso es bueno, soy partidario de la democratización de la cara de tonto. Como bueno es que la serie por su formato extenso se tome el tiempo de prestarle más atención a personajes que en el libro no se le da demasiado peso más allá del utilitario.

Continuando en esos viajes a lo largo del tiempo y de América, este episodio arranca presentando algo que en el texto original es apenas una mención, y es que en un mundo donde la fe crea dioses…¿Dónde carajos está Jesús? Pues Jesús, como el WiFi, está en todos lados y aún se sabe un par de trucos, especialmente el no dejarnos del todo claro de qué “lado del río” está. Buen set-up.

Pero de vuelta a la trama central, finalmente la serie se enfrenta a una división en el camino y nos muestra dos historias paralelas: por un lado Shadow y el señor Wednesday continúan en su campaña de reclutamiento, y por otro Laura abre cancha al territorio no literario al juntarse con Salim y Mad Sweeny, creando una divertidísima dinámica de grupo exclusiva de la serie y deliciosa para los espectadores.

Pero vamos por partes. El viaje de Wednesday y Shadow sirve para presentar a un nuevo personaje, Vulcano (Hefesto), el dios de la forja, armero del Olimpo. Lo interesante de este encuentro, más allá de darle material a los amigos de Man at Arms Reforged, es presentarnos el resultado de aquel re-branding que nos planteamos en el episodio anterior. Donde Wednesday no quiere ser un satélite, Vulcano no tiene ningún problema en convertir la forja en una fábrica de municiones, en transformar balas en oraciones. Es especialmente apropiado, considerando los tintes políticos de la tenencia de armas en los Estados Unidos.

El encuentro deja una cosa clara y es que la fue mueve montañas, o las detona, pero hace milagros, eso queda claro. Y hablando de fe, ya comienza a ser notable las referencias al tema del sacrificio, presente desde el primer momento en la figura del árbol y la horca, un sistema que funciona a dos bandas, tanto por el color de piel de Shadow como por la naturaleza de Wednesday. Es de especial servicio al desarrollo del segundo como personaje, dejando ver un lado más cabrón si se quiere (y si es posible imaginarlo), incluso, más vengativo, siendo más explicito en sus intenciones y en sus capacidades.

Hablando de propósitos, la historia de Laura, Salim y Wednesday le inyecta a la serie un round de ligereza que me parece necesario. Seguro, está muy bien todo el diálogo sobre la fe, el propósito, la modernidad vs la tradición; pero también es bueno dejar ver que eso sucede en un mundo donde la gente es aún capaz de reírse, de putearse o sencillamente de fumarse un cigarro y beberse un trago. Esto está perfectamente escenificado durante la conversación a tres partes, donde Sweeney comparte sabiduría camuflada en unas crudas (pero harto divertidas) metáforas sobre el sexo anal y el amor entre hombres.

Debo decir que agradezco estas rupturas de ritmo y tono; y la habilidad que requiere saber alternar los tiempos en una historia que fundamentalmente es dramática y cerebral. Siempre me ha parecido un problema en estas series o películas con ausencia de color y exceso de grises (es contigo DC); esa idea de vivir en un mundo sin humor, huraño e, irónicamente, desconectado de cualquier realidad. Que sí, que lo crudo es real, pero la gente ríe hasta en la horca.

Un buen episodio, pivotal, que pone en marcha dos objetivos en dos historias y que no deja de seguir construyendo un mundo cada vez más rico. Recomendado.

Wonder Woman o la heroína que merecemos.

(Este review puede contener SPOILERS de la película)

Debo admitir que pocas películas, sin importar el género cinematográfico, me han causado tanta curiosidad como Wonder Woman.  La última vez que alguien puso a una chica de protagonista en una película de cómics terminamos con  Electra y Cat Woman, y creo que no es necesario hablar del demonio en esta casa del señor.

Era otra época, sin duda, una época donde eso del film de cómic no dejaba de ser un producto de nicho, una apuesta no muy segura en un público conocido por ser excesivamente celoso con las franquicias que consume. Todo eso cambió cuando llegó el señor Christopher Nolan en 2005 plantó la bandera con Batman Begins, para que unos años después Jon Favreau diera el puntapié inicial al MCU con Iron Man. 

Le damos Fast Foward hasta el 2017 y es apenas ahora cuando tenemos la primera película con una heroína como protagonista dentro de los universos cinematográficos de las grandes (DC y Marvel). Seguro, Jessica Jones la rompió en Netflix, pero todavía seguíamos sin un largometraje en clave femenina. Llega entonces la señora Patty Jenkins y no solo declara los juegos abiertos para todos, sino que además lo hace con la que es sin duda la heroína más icónica del mundo: Wonder Woman.

Entonces, ¿qué resultado trajo los más de 70 años de espera para la gran pantalla?

Vamos a ello.

Wonder Woman es una peli que antes del primer minuto tiene como 100 facturas que pagar. Hemos visto X veces el origen de Batman o de Superman, pero dudo que alguien fuera de la fanaticada sepa cuál es el origen de la Mujer Maravilla. A eso hay que sumarle un reparto de aliados y villanos que, de nuevo, nadie conoce demasiado. Por eso, irremediablemente, Wonder Woman es un relato de origen, una presentación del personaje en la vena de The First Avenger.

Para responder eso de “¿por qué eres así?”, Jenkins nos transporta a la Primera Guerra Mundial, lo que hace que Wonder Woman no solo sea una peli de cómics y un relato de origen, sino una película de guerra. Hay que tomar eso en su justa medida, no hablamos de Saving Private Ryan o The Hurt Locker, no se trata de hacer un retrato crudo del conflicto, sino de establecer un contexto fácil de entender: un mundo roto y en guerra, con una nueva forma destructiva de pelear y con un nivel de destrucción casi apocalíptico, es la Gran Guerra, es la Guerra para terminar todas las Guerras.

El film esencialmente describe la transformación de Diana: de ser una amazona que habita un paraíso terrenal aislado de todo mal, a ser Wonder Woman, una protectora de la humanidad. El catalizador de este proceso es Steve Trevor (Chris Pine), un soldado americano con un pragmático sentido del deber y de lo correcto. Lo correcto en este contexto es bastante sencillo de dilucidar, es una peli bastante dual, paz o guerra, vida o muerte, odio o amor.

En buena medida, la película se erige sobre dos elementos: unas secuencias de acción francamente espectaculares, 100% cotuferas y con una fusión de fuerza y gracia que quita el aliento. El otro es la gran interpretación de Gal Gadot y su química con el reparto, especialmente con Pine. Gadot asume el personaje, su mezcla de fuerza y belleza hace que te tragues sin rechistar que estás en la presencia de una semidiosa.

En general, su relación con Pine funciona, aunque admito que en algunos momentos me pareció un tanto forzada, pero entiendo la necesidad. Steve es el ancla de Diana con la humanidad a un nivel personal; sí, es fácil entender lo que es bueno y lo que es malo en medio de la guerra, pero Steve es quien personifica esa dualidad, esa capacidad humana de hacer cosas tanto buenas como terribles.

El clímax de la película se construye sobre una discusión casi filosófica, y un tanto trillada la verdad sea dicha, pero de nuevo, un grano de sal con todo, nenes. No quiero revelar los giros del tercer acto, pero debo decir que funciona, se siente orgánico aunque todo el conflicto sea bastante simplón.

¿Es un film extraordinario? En lo que a DC se refiere, sí. Con todo y que es una película con una lista de deberes inmensa, logra entramarlos todos en las poco más de dos horas de duración. Es entretenida, tiene grandes secuencias de acción y tiene personajes que van más allá del papel del cual nacieron. No, no es Shakespeare, no, no es la Nueva Ola, pero tampoco pretende serlo.

¿Qué pretende ser?

Pretende lograr un  interesante ejercicio de malabarismo: ser una gran película de aventuras con una mujer a la cabeza sin que sea necesario definir al personaje exclusivamente por su condición de mujer. Diana es fuerte, es inteligente, es leal, es mujer, pero también  es humana, se enamora, tiene amigos, baila. Es un personaje con el que puedes empatizar, que puedes admirar; que es lo que mínimo que se le puede pedir a la película, no solo por las millones de mujeres que lo estaban esperando, sino por también los millones de hombres que verán que sí, que también te puedes identificar con una héroe mujer.

¿Es Wonder Woman la película perfecta? No, no les. Pero sí es la película que necesitábamos, todos.

Recomendada, harto entretenida.

American Gods 1×05: Lemon Scented You

(Este review puede contener SPOILERS de la serie y el libro)

American Gods es una serie que ha logrado que su personaje principal haya pasado los últimos tres episodios abriendo una puerta, y aún así captura nuestro interés. Puede que sea justicia material en el cual se basa, o sencillamente a las imágenes que nos regala, y mira que en este episodio fueron unas cuantas, pero vamos por partes.

Entonces, la última vez que nos vimos, Shadow Moon abría la puerta de su motel y, finalmente, se encontraba con la sorpresa de ver a su difunta esposa sentada en la cama. Yo diría que esto es par para la cancha, considerando lo que el tipo ha visto hasta el momento, pero le doy el beneficio de aceptar que aún se pueda sorprender, después de todo, nos queda claro desde el principio que si hay una medida de orden en la vida de Shadow es gracias a su esposa.

De momento, fieles al libro.

Algo curioso de American Gods es que es un libro que salió en un mundo pre 9/11,  poco menos de tres meses antes para más seña. Sin tomar en cuenta ese evento, que mira que cambió bastante la historia, el mundo de 2001 es radicalmente diferente al de 2017; lo cual reviste de cierta ironía dado el foco de la serie en enfrentar la idea de lo “viejo” con lo “nuevo”. No es casual, por ejemplo, que a Technical Boy lo hayan cambiado de un gordito con acné taciturno a un frat-bro rubio con demasiada energía; incluso detalles pequeños como el cambio de pasaje de Shadow Moon en el primer episodio.

Si tu historia es basada en el contexto, y el contexto cambia, entonces debes actualizar tu historia aunque tu hilo conductor sea fundamentalmente el mismo. No es solo coherencia, es buena escritura.

Entramos entonces en territorio nuevo, escenas que los que han leído el libro no conocen porque no existen en este. Ambas secuencias involucran la deliciosa participación de Gillian Anderson, sin un gramo de desperdicio en ambas. La primera nos pone a Media (Anderson) personificada en avid Bowie con su look de Life on Mars regañando al Technical Boy por, bueno, por (irónicamente) hacer algo que no está en el libro, querer linchar a Shadow. Esto pone en movimiento una serie de eventos que tienen su clímax en una pequeña sala de interrogatorios.

La escena sirve para tres cosas: una nueva y gloriosa entrada de Media encarnando a Marilyn Monroe, la aparición de un pequeño y divertido dios arácnido, y la presentación del dios de la globalización, Mr. World, interpretado por un genial Crispin Glover. 

Donde el libro nos presenta un choque más directo desde el primer momento, la serie introduce una idea tan moderna como adecuada: el rebranding. La propuesta de Mr.World a Wednesday es simple: ¿por qué pelear cuando podemos colaborar? , ¿para que condenarte al olvido cuando podemos re-inventarte? . El sub-texto, creo, funciona en distintos niveles: habla sobre nuestra obsesión con el consumo constante de información, de polarización, de confrontación.

American Gods continua su ritmo reflexivo, más enfocado en desgranar cada momento que en avanzar una historia, en inyectar mensaje más que narrativa. Sin embargo, se agradece que después de tres episodios podamos ir más allá del señor Shadow abriendo. Sigue siendo una serie recomendable, aunque sea tan solo por ver de qué se va a disfrazar Gillian Anderson en el próximo episodio. Diosa, de verdad.

American Gods 1×04: Git Gone

(Este review puede contener SPOILERS)

Cuando terminó el episodio anterior de American Gods, Shadow entraba en su habitación de motel para encontrarse a su (algo-así-como-viva y coleando) esposa Laura. Esto no debería ser mayor problema si no fuese por el hecho de que Laura muere en el episodio uno. Detalles.  Una semana después, cuando el episodio 04 de American Gods terminaba, Shadow entraba en su habitación para encontrarse con su esposa Laura.

Si hay algo que hemos destacado durante estas semanas de la serie es su paso deliberado, lento y casi literario, el tiempo que se toma para desgranar cada detalle del libro, de recrearse visualmente en cada elemento del rico universo que Neil Gaiman construyó en su novela. El más reciente episodio, Git Gone, dobla la apuesta en este apartado.

Todo lo que vemos sucede en el período de tiempo que abarca al momento que Laura conoce a Shadow, hasta la noche cuando se re-encuentran en una habitación de Motel. Nos presenta y desarrolla una historia que en el libro fractura en varios pasajes, y que en la serie solo se había mencionado.

Git Gone se centra en una idea: ¿Qué es estar verdaderamente vivo?
Los escritores lo hacen funcionar en distintos niveles; en una primera instancia hablan del deseo de Laura por hacer algo más, por trascender, por dejar a un lado su vida ordinaria. Eso nos explica los motivos detrás de decisiones como casarse con un ladrón de poca monta, montar una estafa que mandaría su esposo a la cárcel o, eventualmente, iniciar un affair en el que se le iría la vida.

Dentro de la faceta fantástica de la serie claramente es una alegoría a la nueva no-vida de Laura, al no estar muerta pero, de nuevo, no estar verdaderamente vivo. Claro, también nos sirve para ir dándole forma a algunos eventos hasta el momento inexplicables, como quién salva a Shadow de los “niños” del Technical Boy, o qué papel comienzan a jugar el señor Jacquel y el señor Ibis en toda esta historia.

Al mismo tiempo, nos presenta un hecho curioso: si en el episodio presenciamos la transición de una mujer creyente, en este vemos que pasa cuando alguien que no cree en nadie llega al otro lado. Es algo que refuerza una idea planteada por el Señor Wednesday en el capítulo anterior: la diferencia entre creer en algo y el absoluto olvido, entre la forma y la nada.

Está resaltado hasta en lo visual; el mundo de Laura está desprovisto de las imágenes fantásticas que hemos visto, es plano, es gris (literalmente), es solo en la presencia de Shadow y su no-vida cuando comenzamos a ver lo fantástico, que va desde una visión del más allá, hasta el fatality más espectacular de este lado de Mortal Kombat.

Podemos estar más o menos de acuerdo con el ritmo planteado enAmerican Gods, pero hay que reconocer que le hace justicia a los personajes el dedicarles el tiempo necesario para entenderlos. Puede que no hayamos avanzado demasiado en la trama principal esta semana, pero mira que sabemos ahora qué le vio Shadow a su esposa. Bueno, eso y que no hay que buscarle las malas pulgas a esta mujer y a su pie derecho.

De la majestad de la pantalla a Netflix and chill.

Llevaba rato queriendo escribir algo que no fuese un review. No porque no las disfrute, que sí lo hago, sino porque quería ejercitar otros músculos de la escritura, por eso de lo que no se usa, se atrofia. Por suerte ahí está el infalible twitter, que cuando no te está mostrando una chorrada que te salta las tapas de la arrechera, te muestra algo que te hace reflexionar, o te hace mear de la risa.

Recogí esta nota de un tweet de los amigos de fiebreseries, dice: Will Smith y Pedro Almodovar chocan en Cannes por Netflix. Mire usted, ¿será que el amigo príncipe de Bel-Air le cambió la clave del servicio a Pedro? ¿Quizás Pedro se molestó porque Will le usó la cuenta y le alteró el filtro de preferencias?

La noticia, difundida por distintos medios, entre ellos The Hollywood Reporter, aclara que el cruce de opiniones surge a raíz de la decisión de la organización del Festival de Cannes de no incluir películas estrenadas en servicios digitales para el próximo año. Para el pintoresco director de cine español: …la Palma de Oro no debería recibirla una película que no se vea en pantalla grande” -aunque matizó- “Esto no significa que no esté abierto o celebre las nuevas tecnologías y oportunidades, pero mientras viva, lucharé por la pantalla grande y su capacidad hipnótica en el espectador

En la otra esquina, Will Smith defendió la plataforma con una mezcla de pragmatismo y romanticismo. comentando como Netflix le dio la oportunidad a sus hijos de disfrutar películas que no pudieron ver en los teatros, y que de hecho: “(Netflix) ha expandido la comprensión global del cine de mis hijos“.

En esta esquina, la entropía…

Yo me imagino que cuando el invento de Gutenberg comenzó a hacerse popular, habría toda una cofradía de monjes y copistas indignados que defendían a capa y espada las virtudes del libro copiado a mano, exaltando la belleza y majestad de las imágenes pintadas y el texto cuidadosamente iluminado.

Siempre hay resistencia al cambio, el cine no es la excepción. De hecho, el mismo cine pasó por su etapa de ser considerado un simple espectáculo de barraca, un divertimento de cinco centavos, antes de ser considerado el Séptimo Arte, con sus mayúsculas bien ganadas. No hablemos ya de los traumas que debió generar en los grande productores la muerte del Sistema de Estudios y la entrada al ruedo de cadenas de distribución independientes o productores pequeños, que no solo cambió el modelo de negocio sino quienes podían acceder al mismo.

¿Les suena familiar?

Todo cambio exige un período de adaptación, un tiempo en el que las viejas estructuras o bien se acomodan al nuevo paradigma o directamente colapsan por su incapacidad de evolucionar.  El Borde del Caos que diría Ian Malcolm en El Mundo Perdido de Michael Crichton, ese concepto que seguramente es más complicado de lo que puedo explicar, pero que en el libro sirve para ilustrar la idea de que para mantener el balance no hay que ser ni muy quedado ni muy lanzado, hay que ser adaptable. Sí, les dije que seguramente debe ser más complejo.

Estamos queriendo más y más…

Si hay un segmento que ha explotado en la última década es el de los canales de distribución de contenidos; desde contenidos chicos como pueden ser las historias en IG o Snapchat, hasta grandes bloques de contenidos como los que encontramos en servicios de streaming como Amazon Prime, Hulu o el mencionadoNetflix.

Sería necio, miope, el negar las virtudes del streaming, la oportunidad que brindan de consumir el contenido que queremos, cuando queremos, donde queremos. Precisamente lo que argumenta Will Smith, poder ver películas que somos muy jóvenes para haber disfrutado en taquilla, o que simplemente no pudimos ver por falta de tiempo. No entremos ya en la multiplicación de oportunidades para los creadores, el tener nuevas formas de producir y distribuir sus obras. Les puedo decir que hay al menos dos piezas que ganaron el Oscar que pude ver y compartir gracias a Netflix.

¿La pantalla de TV resta potencia a la imagen? Bueno, según que pantalla tengas, los Smith no creo que tengan ese problema en su casa. Pero por ser estrictos, sí, está claro que no es lo mismo disfrutar una joya como Gravity de Alfonso Cuarón (y la gloriosa fotografía de Emmanuel Lubezki) en el cine, que verla en tu casa. Hay espectáculos que están hechos para disfrutar en un formato, y es el que es.

Ahora, algo que Almodovar y los defensores del celuloide sobre pantalla gigante deben reconocer, es que con el tiempo no solo cambia la tecnología, sino los hábitos de consumo. No hay que viajar al pasado para encontrar a personas que se ven superadas por el hecho que alguien vea un show en Snapchat, o un canal en Youtube dedicado a jugar videojuegos, o a abrir paquetes. Vamos, que a veces solo hay que mirar al espejo para encontrarlos. Que además puedas disfrutarlos mientras esperas el bus es un plus.

El camino con menos resistencia

Todo cambia, está en la física, nada permanece. Con el paso del tiempo se me hacen más difícil de entender estas posiciones puristas, estas cofradías del clavo ardiendo que se aferran a ciertos dogmas cuestionables, como que una película se TIENE QUE disfrutar en una sala de cine.

El cine es, en esencia, comunicación. De mensajes, de ideas o de sensaciones, pero comunicación al fin al cabo. Para comunicarse hace falta un canal y, bendita tecnología, cada vez son más o más los que tenemos (el uso que le demos, ojo, es responsabilidad propia, no del canal).  El negarse a reconocerlos o directamente menospreciarlos es ofrecer resistencia a un caudal que, francamente, veo indetenible.

Netflix, Hulu, Prime, Youtube Red seguirán, evolucionarán, pero desaparecer, lo dudo. Hoy será sin el reconocimiento de los que otorgan la Palma de Oro, mañana quizás no les hará falta o dejará de importar; al final, como dice Ian Malcolm pero en Parque Jurásico, la naturaleza encontrará su camino.