Review: Ready Player One (2018)

A Ready Player One, el libro, llegué un poco por casualidad. Fue una época donde no estaba haciendo mucho, y mi amigo Carlos, el popular “Cómic” me dio el dato del libro y comencé a leerlo.

Lo devoré.

Seguro, el exceso de tiempo libre influyó, pero como producto de los ochentas y noventas, encontré en Ready Player One un (irónicamente) oasis. Fueron unos días de dejar volar el la nostalgia y disfrutar pillando cada detalle, cada referencia. También fueron días de rescatar juegos en el DS y la PSP, pero eso es otro tema.

Les hacemos FF a los meses y veo la noticia de que Steven Spielberg va hacer la adaptación del libro. Mi primera reacción fue: esto es tan apropiado, como no. Es decir, encuentro pocas cosas más deliciosas que un libro que es una carta de amor a la cultura pop de los ochenta, encuentre su adaptación de la mano de una parte viva de esa misma cultura. Pero por otro lado, Ready Player One, si bien evoca la nostalgia pixelada de un puñado de bits de los ochenta, está escrito desde la “seriedad” y obsesiva intensidad del apetito por la cultura pop del siglo XXI. Ya saben, ese que provoca discusiones medievales sobre si una coma mal puesta en un monologo representa la máxima herejía cinematográfica.

(De aquí en adelante podrían haver SPOILERS)

Fui entonces a la sala de cine con cero expectativas, que al final creo es la mejor forma de ir al cine en casos así. Estaba claro que no iba a ser una adaptación fiel, sino una extracción del espíritu del libro bajo una perspectiva actualizada. Actualizada nivel Tracer de Overwatch, por ejemplo, o Chun Li de Street Fighter.

Salí entonces del cine, y mira, sí, Spielberg era el que tal… pero…¿no?

Ready Player One es una película, a mi parecer, supremamente entretenida, si eres de los que disfrutan de este tipo de frikismos llenos de guiños a las cosas que te gustaban de niño, adolescente…y seamos honestos, de adulto. En una forma muy elemental, muy naive, muy…Spielberg, es una película muy divertida. Sí, cambian un huevo del libro, pero de hecho, hay cosas que mejoran en torno a los personajes, y a la ambiciosa trama.

Spielberg toma la al apetito desbordado por las referencias de la novela y lo transforma en un pastiche de detalles que son practicamente imposible de pillar al completo si no compras la versión digital en unos meses y le das pausa. Lo curioso es que, sin embargo, esto no afecta en lo más mínimo el disfrute de la peli. Es decir, está todo ahí, pero no afecta en lo más mínimo la trama, y cuando lo hace, Spielberg se asegura que veas el set-up, el desarrollo y el pay off. Y eso se agradece. Le da forma, y si llistes el libro te puede gustar más o menos, pero pone orden en la pea, muy a su estilo (o al menos el que esperas, dado el contexto).

A nivel de tono, le baja tres o cuatro velocidades a esta “crudeza” del libro, y lo transforma en algo más, apropiadamente, Spielberg. De hecho, es la peli más parecido a lo que hacía este señor hace 30 años que he visto en mucho tiempo. Tanto que casi que el logo de Amblin Entretainment con la silueta de Elliot e E.T podrían bien como una clave para leer la peli.

Spielberg toma ese tollo cyberpunk distópico de la novela y lo convierte en una aventura de cine millonario (en el buen sentido), en algo más sencillo, más “claro”, más positivo. Le pone un peso a la idea de que más allá del mundo digital, hay una realidad que es el germen de todas estas ideas locas que dieron pie a las cientos de referencias que hay en la película, y que esa es la realidad en la que debemos vivir. Hay una nostálgica ingenuidad en el ethos. De nuevo, muy Spielberg.

Visualmente es como una vuelta de tuerca a la animación que Spielberg trajo para la versión del 2011 de Tin-Tin, pero con un giro más caricaturesco, que normal, es lo que pasa cuando las Tortugas Ninjas y las Battletoads se aparecen en una escena. Hay escenas verdaderamente espectaculares, desbordantes, tanto que a veces te pierdes en la cacería de los detalles. Y es precisamente eso lo que hace el libro lo que es, pero al mismo tiempo lo que hacía una adaptación pura algo prácticamente in-filmable.

Las interpretaciones están bien, son apropiadas y trabajan con lo que tienen, que no es precisamente para un Oscar, pero son carismáticas, del protagonista al villano y pasando por el medio, todos tienen tiempo para brillar. De nuevo, muy Spielberg de los ochenta. Puntos y mención para Ben Mendelsohn, y para T.J. Miller, que logran navegar esa zona de ser un cabrón carismático.

Al final, al menos a mí, me quedó la sensación de que vi algo que bien pagó el precio de  el refresco y las gomitas. Es una peli cotufera, es una peli divertida, y eso eso exactamente lo que esperaba, tanto de la adaptación como del trabajo del director. Es como una tarde de ver series viejas, comiquitas de los ochentas, de escuchar los discos que escuchabas en el colegio. Ahora además, en 3D.

Recomendada a todos los frikis que saben cuándo no tomarse a si mismos demasiado en serio y como buen maridaje de unos pochoclos and coke.

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Review: The Shape of Water (2017)

Guillermo del Toro es un cineasta que no deja indiferente. Me he encontrado con gente que lo encuentran insoportable, y otros que lo quieren como quien quiere a su tío favorito. Yo estoy en la segunda categoría, lo que hace difícil escribir objetivamente sobre su cine, ya que al tío lo encuentro sencillamente demasiado simpático. Que además haya construido su carrera en torno a un género que muchos menosprecian, hace que le tenga más estima como persona y como artista.

Por eso cuando vi anunciada “The Shape of Water”, el sesgo se activó y me dijo que la película me iba a gustar. En efecto, no la terminé de ver ni hace veinte minutos y puedo confirmar que sí, me gustó, y mucho. Pero el gusto, como he dicho muchas veces, es una cosa que va como el culo, es decir, todos tenemos uno (ya sabemos cómo va esa frase, ¿verdad?). Poco tiene que ver con las valoraciones netamente artísticas de una película. Por eso agrego que, además, The Shape of Water me gustó, y es una buena película. Les presento mi caso.

The Shape of Water es una película por capas, es una oda al sub-texto, a la lectura del símbolo como significante y como significado. En su forma más elemental, es un melodrama, es una película de amor con una pirueta fantástica. Nos podríamos quedar ahí, ya que como simple historia de amor es hermosa, están todos los elementos necesarios para un drama bien construido. Pero es que hay más.

(Pueden haber SPOILERS a continuación)

El drama y la sustancia en The Shape of Water se construye a través de la oposición de símbolos, personificados en sus personajes principales. Por un lado tenemos a los “buenos”: Elisa, Zelda, Giles y la Criatura. En el universo mismo de la película (EE.UU. en plena crisis de los misiles y la Guerra Fría), ellos son los parias, la gente distinta, los rechazados. Sin embargo, todas sus rasgos y características se construyen en torno a la vida, a la creación: aman, crean, cuidan, nutren, purifican, escuchan, se conectan, añoran amar, comunicarse, crecer.

A ellos se contrapone Strickland, que es el retrato de la “normalidad”: hombre, blanco, al servicio de su país, obediente, creyente, con una familia de portarretrato, una casita de cerca blanca y un Cadillac. Sin embargo, es incapaz de crecer, de crear, de dar vida. Strickland destruye, daña, pervierte, está podrido tanto metafórica como literalmente. Una más, en un mundo donde los protagonistas no tienen voz (de nuevo, metafórica y literalmente), lo que más le “pone” al antagonista es silenciar a los demás, solo escuchar su voz.

Como alguien que disfruta de leer y entender los códigos en el guion y cómo se expresan luego en forma de imagen, encuentro The Shape of Water como una delicia. Cada detalle está cuidadosamente escrito, todo tiene una función narrativa y una función expresiva. Por nombrar un ejemplo: Elisa suele desayunar huevos cocidos y es algo que comparte con la criatura; Strickland en cambio mastica caramelos compulsivamente. Funciona como caracterización, da profundidad a un personaje el poder ver si rutina, su vida, los hace más humanos. Funciona como expresión de sus personalidades, una busca comer algo que le sustente, el otro solo algo que le de un placer inmediato. Funciona además como símbolo, Elisa se nutre, se llena de “vida”, mientras que Strickland se “embasura” (por usar un modismo de mi tierra). Pero es que aún hay más, como vemos en el inicio de la película, el reloj que usar Elisa para la cocción de los huevos en agua se relaciona directamente con el momento de intimidad diario que ella vive en la bañera. En contraposición, los caramelos para Strickland son una compulsión que carece de ritmo fijo, él mismo lo dice: a veces los mastica y a veces se da su tiempo. Eso es escribir bien, coño.

Todo este juego de oposiciones de rasgos ayudan a construir una película que es emocionante como thriller, hermosa como romance y divertida como fantasía. Ayuda mucho que se sirva de recursos interesantes, señas regadas a lo largo del metraje que dejan claro que Del Toro es un friki del cine, ya que muchas de las claves están en lenguaje cinematográfico con referencias al cine musical, pero también al cine mudo.  El resultado es un uso del sonido, del diálogo, de la música y del silencio verdaderamente notables.

Por ejemplo: mientras la protagonista y la criatura cuentan su historia en imágenes y pantomima, el antagonista recurre en más de una ocasión a la necesidad de hacer un soliloquio para para explicar sus intenciones.

Otro ejemplo: quizás el momento más sublime de toda la peli venga en un escape al mundo del musical, tomado de la mano del fantástico: justo cuando Elisa está buscando expresar su amor, deja que su imaginación la lleve a un mundo en blanco y negro donde su voz se escucha y donde su amor se expresa en un número al más puro estilo Ginger y Fred.

Podría seguir sumando: las interpretaciones, la caracterización, el diseño de producción y una fotografía que va más allá del efectismo, le agregan valor a una peli que se atreve a ser distinta y poderosa. ¿Qué tan poderosa? En una de las imágenes más extraordinarias, Elisa y la Criatura se sumergen en un baño completamente inundado, dejando que el agua, su punto común, la representación física de su intimidad, desborde y sea imposible contenerla, llenando todos los espacios e incluso filtrándose a otros.

¿Críticas? Si tuviera que buscar algo mejorable, sería su ritmo, ya la transición entre el segundo y tercer acto decae un tanto, y extiende algunos elementos que, en mi opinión, pudieron haberse condensado un tanto más. Evidentemente, el señor con dos premios de la Academia es Del Toro; por lo que seguramente son tonterías mías por buscar alguna imperfección.

En su conjunto, The Shape of Water es una película extraordinaria, una digna merecedora del señor Oscar, y un testamento de cómo el cine hecho por y con amor a contar cosas que nos apasionan puede dar resultados fantásticos. Más que recomendada y merecedora de más de una visita a la sala de cine.

Review: Black Panther (2018

(ESTE REVIEW PODRÍA CONTENER SPOILERS)

Si a mí me dicen hace 10 años, cuando comenzó más o menos este tema del MCU, que una de las películas que más expectativa iba a generar era la de Black Panther, les hubiera sugerido que dejaran de esnifar creolina.

Seguro, con más de 40 años de historia (apareció en el 66), Black Panther tiene tanto o más historia que muchos personajes de cómic. Pero no es de eso que llamamos mainstream; que para este género significa que te conocen en varios idiomas como a spider-man o al capitán américa.

Dicho eso, Black Panther (2018) disparó todas las alarmas de emoción desde su primer trailer, gracias al enorme bagaje de éxitos que Marvel Studios llevaba a sus espaldas, y a un trabajo de casting notable, incluyendo a Chadwick Bosman, a Lupita Nyong’o, a Michael B. Jordan, Angela Basset, Andy Serkis, y vamos, darte el tupé de poner  al gran Forest Withaker de secundario. A eso hay que sumarle la aparición de Bosman ya en personaje en Civil War de 2016, siendo sin duda una de las cosas más destacadas de la película.

Sin embargo, más allá de lo artístico, Black Panther es una película que traía algo que podría considerarse una bendición o una penalidad. Como le comentaba a mi amigo Christian hace poco, las películas no existen aisladas de un contexto, y si llegan a tener una trascendencia más allá de su calidad es precisamente debido a esto. En una época donde todos y todas luchan por que su voz se escuche y sus historias se cuenten, Black Panther, y su director Ryan Coogler, arrancaban on una paradójica mezcla de ventaja o desventaja, que solo se resolvería con el veredicto del producto final.

Y el veredicto es… bueno, la versión larga es:

Black Panther es una declaración. Es imposible ver la película y no sentir que le dice a todos quienes la esperaban: sí, nosotros también podemos ser los héroes, podemos ser extraordinarios, podemos ser los protagonistas. Y sí, está claro que Black Panther habla a la población afroamericana, pero creo que trasciende el tema racial, y habla a los que se sienten desamparados, a los que sienten que nacieron con goles en contra. Ya solo por eso, la peli es un triunfo. Como le comenté a Victoria, tiene cojones que la película que está justo antes de Infinity Wars, el film donde todo el universo Marvel choca, sea una donde todo el mundo cede protagonismo a T’Challa y a Wakanda. Tan solo una escena post-crédito nos recuerda que, en efecto, esto forma parte del MCU. De resto, la cámara mira a Wakanda y solo a Wakanda (metafóricamente hablando, hay escenas en otros lugares).

Ahora, más allá de su impacto e importancia en el tema representación, ¿es Black Panther una buena película?

Sí, aunque no es una película libre aspectos mejorables.

Primero lo bueno. Es una delicia visual, el trabajo de diseño de producción es extraordinario. Partiendo de la idea que Wakanda es una nación ficticia, el equipo de arte tuvo la libertad de crear una realidad pan-africana para representar Wakanda, tomando elementos de diferentes culturas de ese continente y creando algo que se siente real, sin caer en clichés. Wakanda se siente real (a pesar del aspecto futurista) pero sobretodo, se siente africana. No es una ciudad colonial, es una ciudad africana. A eso hay que sumar un trabajo cromático bastante interesante que no solo funciona a nivel estético, sino a nivel simbólico, Wakanda es una unión de tribus, por lo tanto es una unión de colores, una suma de identidades para crear algo más grande y único. Un concepto no muy alejado de, por ejemplo, la bandera actual de Sudáfrica.

Musicalmente es muy interesante. De nuevo, el tema cultural predomina en la banda sonora. Cuando miramos a T’challa y a Wakanda, dominan las melodías tradicionales africanas, los tambores, los cantos rituales. En el momento que aparece Killmonger, se dispara el hip-hop, la tradición afroamericana, las melodías modernas. Lo cual es completamente apropiado, porque representa en el sonido el conflicto mismo de la película, proteger a Wakanda aislándola del mundo, o compartirla con el mundo y sus oprimidos.

A nivel a actuación, creo que el reparto le hace justicia a su talento, comenzando con Bosman encarnando a un joven rey preocupado por hacer lo correcto, pasando por Michael B. Jordan como un alguien que es la suma de todo su sufrimiento y frustraciones, Danai Gurira como una guerrera orgullosa y leal, por nombrar algunos. Ahora, quien creo que se roba el show es Andy Serkis, se nota un montón que la pasó bien haciendo la película, y que tuvo libertad de hacer y deshacer con su personaje.

Pero…

Siendo completamente justos, Black Panther tiene algunos detalles mejorables. Me hizo falta ver un mayor conflicto en el viaje del personaje central, T’Challa, que parece que se resuelve más porque era lo que tocaba en el guion que porque verdaderamente haya vivido cosas que lo hicieran cambiar. Creo que el tener que usar mucho tiempo para introducir un contexto de la historia afecto el desarrollo de sus viajes.

Por otro lado, hay elementos de guion que estan integrados de forma poco orgánica, o lo que me explicaba mi profe de guion: se ve la mano del guionista al ponerlos. Me incomoda que además esto se trate de explicar con eso de “es que hay que dejarlo claro para que la gente lo entienda”, subestimar a la audiencia es algo que siempre voy a criticar. Dicho eso, hay muchos puntos claves que están explicados en diálogos en lugar de sencillamente mostrarlos. Está lleno de escopetas de Chekhov que, además, tienen un cartelito explicando que son escopetas y se van a disparar en el tercer acto.

El veredicto, en su versión corta, es que vale la pena verla en el cine. No es lo mejor que ha hecho el MCU, pero sin duda que la considero dentro de la racha de pelis buenas. Es un espectaculo visual, hay buenos actores, hay buena acción, hay buena música. Cotufas y refresco y a pasar una buena tarde.

Review: Darkest Hour (2017)

Oficialmente estamos en conteo regresivo para el premio gordo de la temporada de galardones; momento de las quinielas de ganadores (y de impertinentes) comienzan a aparecer. Damas y caballeros, se vienen los Premios de la Academia, los premios Oscar.

Oh, divino calvo dorado, cuantas interpretaciones magistrales habrás inspirado, cuantas obras habrás motivado, cuanto dinero habrán botado en pos de llevarte a casa y montarte en la repisa.

Hablando de esas grandes interpretaciones, entremos en materia, porque anoche vimos Darkest Hour, la más reciente de Joe Wright, en la que Gary Oldman encarna al mítico Primer Ministro del Reino Unido, Winston Churchill durante los primeros días de su gobierno, desde su nombramiento hasta el famoso discurso de “pelearemos en las playas…” tras el rescate de las fuerzas británicas en Dunkirk.

Cosa curiosa que este año hayan dos películas que transcurren, más o menos, durante el mismo momento, final de mayo del 40, pero en dos lugares distintos del mapa: mientras Dunkirk se desarrolla entre las costas de Inglaterra, el Canal de la Mancha y las playas de Francia; Darkest Hour sucede en Londres, donde las decisiones sobre esa evacuación y el futuro de la Segunda Guerra Mundial se tomaban. Estoy seguro que algún friki ya debe estar trabajando en un montaje conjunto de esas dos pelis.

A nivel de historia, pues no hay mucho que contar si usted conoce un poco sobre la Segunda Guerra Mundial. Lo dicho, el gran Gary Oldman se pone el traje y el maquillaje para encarnar a Winston Churchill en el 40, cuando comienza su gobierno.

La transformación de Oldman es notable (van a pelear duro ese premio a Mejor Maquillaje) pero deja espacio para que conviva el actor y el personaje. Se nota que es Oldman, no es una imitación, es una interpretación y eso es un punto a favor, en mi opinión. Sin duda que hay un gran mérito en poder imitar con precisión a un personaje histórico, pero creo que hay más carga dramática cuando el actor logra hacer suyo el papel, capturando la esencia del personaje e hilando el drama con la forma de expresar las emociones de quien interpretan.

Dedico más tiempo a comentar la actuación de Oldman porque sobre este eje se teje la película. Sí, hay unos secundarios y un antagonista, pero el conflicto bien podría ser Churchill y su labia contra el mundo (y no está lejos de ser cierto eso). Las famosas idiosincrasias de Churchill están ahí, el carácter, pero sobretodo su halo, su mito. La peícula exalta la mayor arma del señor Churchill, su capacidad de movilizar el lenguaje como un arma, como dijo alguna vez Edward Murrow, y con ella mover a un país, y mira si no al mundo.

Hay mérito en la forma que Wright logra fotografiar las dificultades en el camino, los momentos de duda. La cinematografía es simple pero efectiva, con un trabajo de encuadre y de movimiento de cámara que expresan con precisión la carga emotiva de los momentos más difíciles. Eso es hacer cine, eh. Lo mismo con el trabajo de sonido, y una banda sonora que aunque por momentos peca de resaltador, en otros sabe desaparecer para dar protagonismo al ambiente. Mira que tiene peso saber usar el silencio en una peli que gira sobre un hombre con la capacidad retórica de Churchill.

Sin embargo, casi cualquier atisbo de maestría en técnica y lenguaje queda casi en el olvido por la actuación de Oldman. Esta es la peli de cazar su Oscar, sin duda. Tiene el bingo de la búsqueda del premio: una transformación notable, un personaje histórico y un relato de “época” (porque, estemos claro, ya la Segunda Guerra Mundial cuenta como una “época”).

Seguramente lo ganará, aunque por ahí está Daniel Day Lewis con su canto de cisne en busca del récord (que no, que no lo hace por los premios, pero ese hombre hace un comercial de chicha y lo nominan). Y si a veces los Oscar son un premio a la perseverancia, mira que Oldman se lo merece.

Darkest Hour es una peli que vale la pena ver, la recomiendo. Funciona, es precisa, es efectiva. Solo por la interpretación vale la pena verla y, además, complementa el contexto de Dunkirk si usted ya vio la de Nolan.

Review: Coco (2017)

Primero que nada discúrpenme (así, con rotacismo) por no haber subido el review antes, yo sé que los dos que leen el blog lo estaban esperando desde hace unos días cuando lo comenté en Twitter. Cosas del laburo.

Suficiente excusa y vamos a ello, Coco, de Pixar.

Desde que vimos el trailer el año pasado, ya teníamos ganas de ver esta película. Por cosas del mercado, que asumo que tienen que ver con los doblajes y esas pajas locas, Coco apenas llegó a Argentina la semana pasada, a pesar de que se estrenó en noviembre en los Estados Unidos (y en octubre en México).

Ese segundo detalle fue el puntapié de la expectativa, ya que un par de personas que sigo en tuiter y cuyo capacidad crítica respeto les pasó aquello de que se les “hizo el culo pepsi cola” cuando la vieron. Además, no es un detalle menor que Coco se haya convertido en la película más taquillera de México de todos los tiempos.

El otro comentario general, y hablamos de gente que va desde México a Vietnam, es que íbamos a llorar. Y ya, es Pixar con Disney, además viene con el sello de autoría de Lee Unkrich que con Toy Story 3 y antes con Monsters Inc. y Finding Nemo había dejado claro que la emotividad es parte de su estilo.

Esto, lo que viene puede ser SPOILER, así que pendientes.

Coco es una historia sencilla, directa. Miguel quiere ser músico y su familia no lo deja, y ahí está la peripecia. Coco gira en torno a su viaje, en busca de reconciliar su pasión con su amor por la familia. Dicho así suena algo súper dramático, pero precisamente la virtud de un buen relato es capaz de contarte muchas cosas, en distintos estratos, con un barniz de película familiar, título que es más que apropiado para Coco.

Si tiene algún “problema” la historia es que precisamente está tan precisamente estructurada que los giros se pueden predecir casi desde el primer acto. Cosa que no necesariamente es mala, ya que el valor de la peli no está en la revelación del giro final, de hecho, tiene una función más bien práctica en relación al desarrollo de los personajes y sus viajes, que al final es donde está la carne de esta obra.

Como animación, sería necio criticar algo. Pixar es Pixar y lo demás es cuento, es el estándar de calidad en cuanto a largometrajes animados se refiere, solo comparable con los trabajos de Gibli. El diseño de producción animado de Coco es sublime, una obra maestra, una celebración de detalle y colorido que rinde honores a la mitología en torno a la festividad del Día de Muertos. Es casi imposible no salir enamorado de esta celebración después de ver la película, y es una señal de la justicia que hace a la cultura mexicana.

La música es precisa, es funcional, es casi una pieza de atrezzo más. Coco no es un musical, es una película con música que no es lo mismo. Las canciones no avanzan la trama en el sentido literal, sino que revelan la trama. “Remember Me” no es solo el tema principal sino también un leit motiff durante la película, uno que se va transformando no solo en forma sino en significado hasta revelar su verdadero sentido. Eso es hacer buen cine.

Ajá, ¿pero es buena?

Hombre, y tanto que sí.

Coco podría ser considerada la mejor película de Pixar, al nivel de obras maestras como Los Increíbles, Up o Wall-E. Coco es una carta de amor a México, a la familia (y si me apuran, a la familia latina), a la vida y a la muerte, no como una tragedia, sino como una celebración de las personas a las que queremos, a su recuerdo.

Es un film que funciona en muchos niveles; como las grandes historias tiene la virtud de contarte algo pero hablarte de un montón de cosas más en el proceso: de amor, de perdón, de respeto, de valor, de lealtad, de fidelidad. Y lo hace sin necesidad de florituras innecesarias; lo hace en un lenguaje tan sencillo que desde el más pequeño hasta los más viejos de casa lo entienden.

Va a ganar Mejor Película Animada, seguro, y si me apuran deberían nominarla a Mejor Película, punto.

Tan seguro como que sí, vas a llorar al verla.

 

Review: The Last Jedi (2018)

Llevo fácil media hora escribiendo y borrando párrafos de este review, tratando de dar con las palabras justas para expresar lo que quiero decir; cosa que seguramente no sería un problema si yo fuese un mejor escritor.

Vamos, que paré de escribir y tres días después sigo sin estar demasiado seguro de lo que quiero decir sobre esta película. Voy dando saltos de un lugar a otro en las redes y me encuentro con comentarios más enfrentados que una final entre Argentina y Brasil. O la odian con pasión o la defienden con devoción, ambas posiciones saturadas de cierto tufo de condescendencia. Y claro, las terceras vías, como suele ser el caso, más solas que la una.

Supongo que entonces lo coherente sería hacer un poco como el viejo camaleón que está un rato con el gobierno y otro con la oposición. Vamos entonces al asunto, esto es lo que pienso sobre The Last Jedi.

(Y ojito, que podrían haber SPOILERS)

De un lado, la luz…

The Last Jedi no es una película terrible.

Es una peli ambiciosa, masiva, con unos valores de producción extraordinarios, cosa perfectamente natural considerando lo inversión de recursos que ha puesto la casa del ratón a la saga.

Al igual que en The Force Awakens, los creadores se han enfocado en expandirel universo de Star Wars y no regresar a los lugares familiares. Nuevos personajes, nuevos rincones de la Galaxia, nuevas criaturas, nuevos vehículos. La producción de TLJ es masiva, desde las batallas hasta las coreografías, algunas extraordinarias que seguro merecen una segunda visita para disfrutarlas.

The Last Jedi, busca establecer la identidad para la nueva saga; una idiosincrasia que la distinga de las precuelas y de la saga original. La galaxia del joven Anakin Skywalker era plástica, barroca, saturada de florituras. La saga original tenía una patina de decadencia, de opresión, las historias más personales, más contenidas. Pero, las secuelas, ¿qué son? The Last Jedi, busca establecer eso, juntando un poco de lo viejo y un poco de lo nuevo con el objetivo de crear algo diferente.

Llamemos a eso nuevo “ser atrevida”. A Johnson no le tiembla en pulso de llevar a la Resistencia al PMM (lo que mi profesor de guión llamaba el Punto Máximo de Mierda), y luego volverlos a golpear.

En su forma más básica, The Last Jedi es una persecución; en eso se centra la peripecia: superar los obstáculos que hay en el camino entre el Punto A y el Punto B. Y vaya que si hay obstáculos (y desvíos). Hay valor en que un director no dude en reducir  bando con el que debes empatizar a su mínima expresión, Johnson castiga a sus personajes, los hace trabajar. Aunque si somos 100% justos, esto ya lo habían hecho en Rogue One. La diferencia radica es que matar a todo el mundo en esa era una necesidad; mientras que en TLJ es una decisión.

Algo a destacar, aunque no estrictamente cinematográfico, es ver como el universo de Star Wars se hace más diverso. La puesta por personajes femeninos fuertes se dobla en esta entrega con la presencia de Laura Dern y Kelly Marie Tran. Sin duda es una declaración de intenciones, una que va a la mano con que el cine es el reflejo de su época. Era algo que ya se había notado en Rogue One y en series animadas como Rebels (que la recomiendo, ampliamente), y que se agradece en los grandes lanzamientos.

Finalmente, por no dejarlo pasar porque la verdad me pareció la mejor escena de la película, hay algo visual muy poderoso en el momento que Rey se enfrenta al espejo, más cuando uno conoce un poco el canon de Star Wars y entiende que, de una u otra forma, Rey está viviendo una a una las pruebas que la convertiran en una Jedi. De hecho, la fractura del sable de Anakin no es solo un símbolo de la ruptura de la nueva saga con el pasado, sino también un reto para Rey, porque como todo “friki” de Star Wars sabe, una de las pruebas de un caballero Jedi es construir su propio sable que, en cierta forma, simboliza su camino por la Fuerza.

Y del otro lado…Oscuro.

Puede que yo esté un poco saturado de cine de aventura y del género fantástico (porque Star Wars es fantasía antes que ciencia ficción), pero mientras veía la película si bien por momentos me enganchaba, por otros no podía sentir que había algo que no estaba funcionando, podía escuchar el crujir de los engranajes, por usar un símil.

Si bien no justifico el odio visceral que he leído en línea ni me apunto esos reviews que salen desde la tripa, sí creo que hubo cosas (algunas claves) que no funcionaron bien. Vayamos a ellas:

  • Por mucho que quieran romper con el pasado, The Last Jedi es repasar Empire Strikes Back de la misma forma que The Force Awakens fue un recorrer A New Hope. La premisa básica es la misma, los rebeldes huyen de un sitio a otro mientras que en otro sitio la protagonista se entrena para luego tomar la decisión impulsiva de redimir al big boss. Hasta la invitación a “ven, mandemos en la galaxia juntos” está ahí.
  • Cuando uno ve Star Wars se acepta que habrá cierto nivel de “ciencia mala”. Pero creo que en TLJ se pasan de medida. Desde la idea risible de atacar una nave enorme por un solo lado (recuerden, en el espacio no hay arriba o abajo,  lean Ender’s Games o vean The Expanse para aprender más), hasta la idea de que una nave en movimiento se detiene por quedarse sin combustible. Eso por tocar un par, las cuotas de suspensión de la incredulidad que exige TLJ superan el nivel de una audiencia que, curtida, exige un poco más de esfuerzo por parte de los creadores.
  • Los personajes toman decisiones que, al menos, son cuestionables:
    • Poe Dameron bombardea una nave capital desde una sola dirección en un espacio tridimensional donde las direcciones no importan. Lo hace conociendo las consecuencias.
    • La Vice-Almirante Holdo nunca explica sus planes completos, causando motines, muertes innecesarias y una trama que pudieron ahorrarse,
    • Finn y Rose estacionan mal, detonando más sucesos innecesarios.
    • Maz Kanata explica un montón de cosas en lugar de decir un nombre: “hey, busquen a fulano, dicen que van de mi parte.”
    • Hux desperdicia constantemente los recursos a su disposición. Si los rebeldes no tienen combustible, ¿por que sencillamente no saltas en frente de ellos?
    • Pero creo que la ofensa mayor es: si Holdo sabe que lanzar una nave a la velocidad de la luz contra una flota sirve como ariete, ¿por qué no hace eso con la primera fragata que sabe que va a perder?
  • En su obsesión por “cortar con el pasado” Rian Johnson toma decisiones cuestionables en cuanto al desarrollo de sus personajes: echar por tierra el desarrollo de Luke en la saga original, convertir a Leia en súper-Leia sin explicación o necesidad, repartir poderes como galletas, convertir  a Poe en un patán, confirmar que Phasma se lleva el “Premio Bobba Fett” al personaje más sub-utilizado de la serie, reducir a Snoke a un McGuffin, ignorar buena parte de los set-ups de la película anterior o reducirlos a arenques rojos…

The Last Jedi entra en ese trágico terreno de ser una película de “sí, pero…”. Es decir, cuando te encuentras a alguien que la ama y le cuestionas los fallos te responde “sí, pero…”. Y cuando encuentras a alguien que la odia le preguntas si se divirtió y te dice “sí, pero…”. Al final, recuerdas más la discusión que la película y eso, por si mismo, es el meollo del asunto. Las prefiero cuando terminas con una sonrisa (o un nudo en la tripa) y no con una duda.

Ayer conversando con Christian (que tiene historia nueva) di con el símil ideal. The Last Jedi es como un edificio de lujo al que se le ven las tuberías, los cables y que además tiene una gotera que eventualmente arruinará las paredes. El lujo está ahí, los materiales, el diseño, las piezas, pero se pudo armar mejor, con mejores decisiones.

Y sí, escribir cine no es sencillo (pero que tampoco es curar el cáncer, eh), cada decisión es un efecto mariposa. Ante cada problema que le planteas al personaje, hay X soluciones que generan otros problemas, y así hasta llegar a la resolución final. ¿Hay solo una correcta? No, pero sin duda que hay algunas más orgánicas que otras. Ahí está el problema que yo encuentro en TLJ, se construye sobre una cascada de soluciones poco orgánicas que desencadenan una historia donde se siente más la mano del guionista que las consecuencias naturales de las acciones de los personajes.

 

¿La recomiendo? Es masiva, es épica, es Star Wars, todas merecen al menos una visita a la sala de cine. Pero, si como a mí, te incomodan las goteras en el techo, mejor trae un paraguas de paciencia.

Review: “Thor: Ragnarok” (2017)

Thor: Ragnarok es de esas películas que uno no sabe que quiere ver hasta que te tiran dos trailers y te emocionan, sobretodo cuando arranca “Immigrant Song” de Led Zeppelin a toda mecha, te sueltan guiños a Planet Hulk y ves a Cate Blanchett en plan dominatix vinkinga.

Y a ver, no es que las dos primeras de Thor hayan sido malas, pero tampoco estaban pa’ echar cohetes. La primera de Kenneth Branagh está bien, se notaba que lo de Marvel estaba tomando forma todavía, pero es una peli cotufera. La segunda fue más bien normalita, dominguera que le dicen. Pasada de fuelle en lo dramático, si se quiere.

Mientras las primeras eran más King Lear, Thor Ragnarok es más Big Trouble in Little China, más en en la vena de la acción/comedia ochentosa. Abandona y, de hecho, se burla de todo el drama de las anteriores, lo hace pedazos y nos pone algo en pantalla que, a falta de un mapache que habla y un árbol inteligente, pudo ser la tercera de Guardians of the Galaxy. De hecho, diría que es hasta mejor que la segunda de esa serie particular.

Pero volviendo al tema de Ragnarok, es curioso que una peli que gira sobre uno de los momentos más confusos de las pelis de Marvel, aquella visión en Age of Ultron sacada de debajo de la maga, haya resultado en uno de los films más divertidos de toda la serie. Esa es la palabra clave, divertido. Ragnarok es una peli divetidísima. El humor es bueno (faltaría más. estando Taika Waititi al mando), la acción es épica, no decae en los 130 minutos de duración.

Visualmente es espectacular, de lo mejor que ha puesto MCU en pantalla, con algunos flashes notables en la acción en 3D. Y la música… bueno, la música es otro nivel. Buscarte a Mark Mothersbaugh de Devo para que te haga un score de una peli que no desencajaría en la cartelera durante la era Reagan es un golpe de genio. Es posiblemente uno de los scores más llamativos y bien integrados en el universo Marvel.

¿Es una peli innovadora? no, pero tampoco pretende serlo. Es un doblar la apuesta en esta vuelta de tuerca de Marvel en torno a su universo, pasar un tanto de lo rimbombante y lo innecesariamente épico y apuntar a lo entretenido, a lo ligero, a darle vida a los personajes más allá del delineado moral del cómic. Y ojo, no es que se vuelve una peli de Tarantino, siguen siendo héroes, pero unos con más chispa.

Es refrescante poder ver a Chris Hemsworth soltarse un poco del Thor bobalicón, o hacer del Loki de Tom Hiddleston algo más que un villano que es malo porque sí, no hablemos ya de ver a Mark Ruffalo poder hacer algo nuevo con su gigante verde. Si a eso le sumamos a Jeff Goldblum siendo…bueno, Jeff Goldblum y a Cate Blanchett ser la jodida diosa que ya sabemos que es, pues redondeas el conjuntico a la perfección.

O bueno, casi, lo usual en estas pelis, sobran escenas y diálogos, esa mala maña de tener que explicar todo, de decirlo todo en lugar de dejar que sea la imagen al que nos diga qué está pasando. Cosas que parecen más puesta por la producción que elegidas por el director. De todas formas, creo que es de reconocer el valor de Waititi en dinamitar el registro en esta saga y ponerlo patas arribas. Es subversivo (en más de un sentido) y es necesario en un un universo cinemático que acelera su agotamiento.

Thor Ragnarok brilla, y es algo que se agradece en este género que cuando parece que ya está por caducar, vuelve a tirarnos una curva que lo refresca y le extiende la vida media. Como comedia, funciona muy bien, y como peli de acción también. Una peli divertida y recomendada, vayan a verla.