Dónde esta(ba)mos

“La vida continuará como siempre, es decir, mal”

El burro Benjamín - "Rebelión en la Granja" de George Orwell

Hoy es 5 de marzo de 2015 ¡Que rápido pasa el tiempo! Y pensar que hace  730 días era 5 de marzo de 2013.

Y tú ¿Dónde estabas ese día? ¿En que lugar del mundo estabas cuando llegó el climax del segundo acto?

Sí, del segundo acto, porque esta historia continua, aunque bien se pudieron ahorrar algún giro a la trama, etendible, cuando tus protagonistas están dibujados con el orto. Pero divago, pecado, volvamos a lo nuestro.

El tópico del día, ¿Dónde estabas tu el día que lo anunciaron? Yo estaba sentado en la oficina de la agencia donde trabajaba, con Unión Radio en un oído y Spotify en el otro, con una pestaña del Tweetdeck atenta a la noticia del día. Cosas de la modernidad, sería la diarrea de tweets la que me daría la pista, unos segundos antes que la sintonía que precede a las cadenas me diera la confirmación.

La reacción fue algo tipo: aquí pasó lo que sabíamos que iba a pasar  así que sopena de que se prenda un peo ¡Todos pa’ casa!

Ahora, una pausa.

Sigamos y demos un pelo de contexto, que eso ayuda. Cuando se fue el señor este:

– El dolar estaba en 23,15 Bsf (Fuente)

– El salario mínimo eran 2047 Bsf (Fuente)

– La canasta básica familiar costaba 11.588 Bsf (Fuente)

– Según el Índice Big Mac de The Economist, hacían falta 9,08 $ para comprar un big mac (Fuente)

En 2015 tenemos que:

– El dolar está en unos 176 Bsf* (Fuente)

– El salario mínimo se ubica en 5622 Bsf (Fuente)

– La canasta básica familiar cuesta 30.176 BsF (Fuente)

– Según el Índice Big Mac de The Economist, hacen falta 2,53$ para comprar un big mac (Fuente)

(*Cambio oficial tasa SIMADI. En el mercado libre, el dólar se ubica a esta hora a 264 BsF por dólar)

Todo esto sin tomar en cuenta otras minucias como las interminables colas para comprar alimentos que han dado origen a funestas profesiones, un desabastecimiento propio de una zona de guerra, una inseguridad desbordada que suma más víctimas que algunos conflictos armados, víctimas que incluyen niños de 14 años asesinados por la policía.

Hace dos años quedaban tres expresidentes vivos, uno de ellos electo. Hoy solo queda uno (Octavio Lepage, presidente por 16 días en 1993, técnicamente el último presidente adeco). Hace dos años había una tasa de cambio, hoy hay tres. Hace dos años era relativamente complicado comprar un pasaje, hoy es casi imposible. Hace dos años yo y buena parte de mis amigos estábamos en Venezuela, hoy estamos regados por el mundo. Ya vamos captando la idea ¿No?

Si no quedó claro, vuelvan a leer la cita alla arriba; en resumen: hace dos años estabamos mal, hoy estamos peor.

Hace dos años se acuñó el eufemismo “siembra” para no decir “muerte”, implicando que si alguien muere pero su legado florece, en verdad nunca ha muerto. Se supone que las ideas sobreviven a sus autores (o sus regurgitadores)  y que su espíritu creador perdura. No hay más remedio que hacer la pregunta ¿Cuál es el legado?

Si necesitan una pista, solo den click a alguno de los links que hay arriba, o hagan una simple búsqueda en google, o sigan a un ciudadano promedio en Twitter, no hace falta que sea vocero de un partido, o activista político, de hecho, lo cotidiano favorece la objetividad en este caso. Seguro que econtrarán más pistas ahí.

Ah, que me preguntan a mi, vale.

Para mí no hay legado, son tus papás.

Si existe, sobrevive en la retórica violenta y mitómana de los que sobreviven al susodicho. Subsiste en el odio de clases, en la división social, en el enfrentamiento que borda en explosión entre venezolanos, ese que ya no se limita a “ustedes y nosotros”. El legado agoniza en los refugiados venezolanos regados por todo el mundo. Sí, refugiados, porque cuando huyes temiendo por tu vida, eres un refugiado, yo no necesito un papel firmado por la ONU, la OEA o su puta madre para saber que me fui porque no quiero que me maten.

Si es que hay algún legado, está en los gusanos que pudren sus huesos al mismo ritmo que se pudre el país.

Pero me gustaría pensar que de la misma que la Tierra nos sobrevivirá a los humanos, o que un árbol sobrevive a sus hojas muertas; también Venezuela sobrevivirá, de una u otra forma, a quienes la descomponen de a poco.

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