Igual que follar por la paz

“Por lo menos fue el único que construyó país”

F, 25 años – Tomado de Facebook

Uno esperaría que una frase así fuera una referencia a un gran gestor, un verdadero servidor público, o al menos alguien que desde su parcela haya contribuído a eso que llaman “hacer país”. En este caso la persona se refiere a Marcos Pérez Jiménez, infame caudillo y magnicida, además de último presidente de la era pre-democracia en Venezuela.

Para el que lee desde otra parte que no sea el terruño, lo que hace que naturalmente no esté familiarizado con nuestra historia, me permito un breve inciso informativo, no jodo mucho, en serio.

Pérez Jiménez fue presidente de 1952 a 1958. Llegó al poder con una carambola bien curiosa: participa de un derrocamiento al gobierno de Rómulo Gallegos en el 48, en el 50 ayuda a cargarse a Delgado Chalbaud y en el 52 le roba las elecciones al candidato de URD, Jóvito Villalba.

Durante su etapa hay, efectivamente, un boom de infraestructura en el país lleno de obras emblemáticas; todo ello acompañado de esas bonitas tradiciones que suelen acompañar a la bota atrincherada en el poder, léase supresión de partidos políticos, persecución a la disidencia, ausencia de separación o balance de poderes, sesgo electoral y un clima de miedo gracias a la política de terrorismo de estado, encarnado en este caso en el infame Pedro Estrada y la Seguridad Nacional.

Creo que sería llover sobre mojado el enumerar las razones por las que alabar a un hijo de puta con todas sus letras, es idiota. Me enfoco más en lo que, a mi parecer, es el problema de fondo en este razonamiento rompebolas. Por un lado tenemos el hecho que ni uno de los que cantan las glorias del general tuvieron que vivirlas; aunque seguramente le hacen un flaco favor a la memoria de algún familiar que sí. Pero yo iría un paso más allá.

La idea de “al menos construyó cosas” se fundamente en un razonamiento muy básico: estabamos mal pero al menos había algo que me beneficiaba. ¿Ustedes ven a donde va esto? Tal como yo lo veo, es en esencia lo mismo que piensa un afecto al gobierno actual. Sí, que estamos jodidos pero al menos a mí me tiran algo; que el pez gordo se moje lo que quiera, siempre y cuando nos salpique. Más a fondo aún, es “poco importa que maten a los demás, porque al final yo asintiendo y haciendo silencio, gano”

Usando una sola palabra, es egoismo. Porque de pana, hay que ser jodidamente egoista para justificar la muerte de toda libertad, y de un coñazo de gente, en el nombre de “construir”. Si ese es el precio de una carretera o de un hospital, mira, mejor seguimos licitando. ¿Y dónde dejamos la pereza mental? ¿Dónde queda la miopía histórica? Yo entiendo que para quien solo conoce la bota roja, las dictaduras “ilustradas” de abolengo sean la ciencia ficción donde proyectan sus ilusiones; pero macho, nada cuesta leer ¿Por qué ser tan rácano? En mejores lienzos podemos proyectar nuestros anhelos.

Dicen por ahí que muchos añoran aquel tiempo en el que “éramos felices y no lo sabíamos”. Pero pa’ eso primero tuvo que haber felicidad para disfrutar, y años para vivirla, y mira, ni lo uno ni lo otro.

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