El truco de la memoria: jamón, queso y amor de madre.

Cuando comencé el blog no tenía muy claro sobre qué quería escribir.

Tenía claro que quería escribir algo, lo que fuese, pero no tenía ningún tema en particular en mente. Luego a medida que fui escribiendo la bio y toda esa paja loca, fue surgiendo el tema de Venezuela, la nostalgia y el recuerdo. Supongo que es lo natural, considerando que el recuerdo y la memoria son temas que me obsesionan. Diría que viene de la mano (aunque no necesariamente) con todo el peo de emigrar y que tu casa sea un recuerdo, en más de un sentido.

Por una vaina u otra, o porque tengo un doctorado en desvariar, de momento las entradas han sido sobre temas varios de Venezuela. Es difícil resistir la tentación, después de todo, Venezuela es una fuente inagotable de temas sobre los que desvariar. Solo es cuestión de abrir el periód… bueno, de cargar la página de noticias y leer algún titular al azar. Lo más probable es que te de tema, da igual que sea leve o bastante deprimente.

Vamos a tratar de cambiar eso.

JamónYQueso

Hoy fui a comprar pizza. Tenía antojo, como solemos tener al menos una vez de la semana (fitness be damned.)

Mientras me preparaban la mía (con morrones y jamón), me quedé mirando el menú. La más barata, la de queso, seguida por la siempre fiel jamón y queso hasta llegar a la de palmitos; qué les puedo decir, esta gente es rara con sus pizzas.

No pude sino pensar en la cantidad de veces que, ante la duda, me fui por default a la pizza de jamón y queso. Nunca lo había pensado demasiado: ante diferentes opciones, sin gustarme particularemente el jamón y teniendo dinero para otra ¿Por qué la de jamón y queso?

Sería inútil tratar de recordar la primera vez que comí pizza. Ahora, tengo claro que la de jamón y queso tiene bastante números en la rifa sido la primera variedad que probé. De hecho, jamón y queso… y de La Argentina, en Maracaibo. Y no cualquiera, la de la 13-A entre 5 de julio y Dr. Portillo, al lado de Ferredomus, donde hoy día hay una librería Aeropuerto. Es más, me la juego, una pizza de jamón de la Argentina de 5 de julio y un helado de mantecado.

Puedo tirar más del hilo: una pizza de la Argentina, un helado, comprado por mi mamá en la tarde porque tenía consulta en el IVSS de Bella Vista. Venía en una caja de cartón blanco, fino, engrapada. Si la pedías para comer en el local te la servían en plato, no en tabla. De un lado la pizzería, del otro la heladería, en el medio los baños y el poster de la albiceleste campeonas del 86 y uno de Diego Armando Maradona. Las sillas y mesas en una sola pieza, de madera y estructura de hierro, los techos bajos y el viejo aire acondicionado que parecía no dar más de si. Y claro, la pizza de jamón y queso.

Para mi hay algo familiar sobre la pizza de jamón y queso, algo sencillo, humilde pero sentido. Hay algo de amor de madre, de “me acordé que tenía que llevar comida y te traje la pizza, la que te gusta (aunque no hayas probada más)”
Igual te la comes, y das las gracias porque te la trajo mamá aunque está cansada y con calor de tener que manejar el dichoso malibú que se le jode el aire día sí y día no. La de jamón y queso, es pues, lo que en inglés se llama el “afterthought”, es decir, pude traer de queso, pero le di un toque especial con el jamón, pude venir sin comida a la casa, pero traje una pizza.

Es una pizza con sabor a infancia, cuando no te atrevías a entrarle a las cebollas o al chorizo español. Es un refugio, es seguro, es la que “seguramente le gusta a todos”, así que por lo tanto es consenso, es ausencia de conflicto, es tranquilidad. Y miren que es difícil conseguir alguien que le guste la pizza como a ti, por eso, la de jamón y queso es como la Suiza de las pizzas, neutral y donde todos sienten que es seguro invertir el dinero. Es la pizza de los días tranquilos, de cuando salías con tus amigos a ver películas y comer pizza y de hecho veías películas y comías pizza, con refresco, claro.

Ahora, tanta cotidianidad termina convirtiendola en algo común, vulgar, repetitivo y monótono. Es a veces el “que más coño” de las comidas, el “esto es lo que hay”, o a veces el “hasta aquí da la cobija” porque francamente, no hay dinero para más. ¿Somos así de ingratos? Te pude traer de queso, te pude traer pan y mantequilla, de hecho, te pudiste ir a dormir con hambre, pero te traje la de queso, con jamón, con amor.

¿Cómo no puede ser tu favorita, al menos sentimentalmente? Es una pizza con sabor a recuerdos, a anécdotas. Podrán venir más grandes, con más ingredientes y con un precio que te daría vértigo pagar, de no ser porque ya eres adulto y tienes trabajo; pero ahí siempre arriba en el menú entre las opciones más baratas estará la de jamón y queso.

O no se, capaz una pizza es una pizza y el del restaurante se está tardando demasiado en darme la mía.

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