El Truco de la Memoria: Fanfarria para un momento (extra) ordinario.

Hace un par de días estuve en una master class de cine que mi profesor de la escuela de cine vino a dictar en Buenos Aires. La afortunada coincidencia es gracias al estreno de su más reciente film (término que uso un tanto liberalmente) y que por cosas que pasan, fue en el BAFICI.

La clase se llama “La historia del cine en cinco secuencias, una sombra y un travelling”, y la verdad, es harto interesante. Es, en esencia, una pequeña muestra del recorrido que se hace en la escuela  durante los tres años de diplomado, pero versión express. Se habla de todo un poco, de encuadre, de movimientos de cámara, de luz, de montaje y de sonido. Por algún motivo que aún no tengo claro (porque no lo tocó en clases) me acordé del apartado del leit motiff. Si les tengo que explicar qué es eso, quizás están en el sitio equivocado, asumiré que todos tenemos claros el concepto, y si no, bueno, Google it.

Es curioso, porque no hay cosa más artificial que el soundtrack de una película. A menos que ustedes tengan a un tipo que los sigue con un par de cornetas pegadas a un iPod, nadie tiene un soundtrack en su vida. Pero de todas formas nos la apañamos para hacerlo. Tenemos “la canción que me recuerda a X” o “la canción que me recuerda cuando estaba en X”, tenemos la “canción de levantarnos” y la “canción de celebrar”. Con mayor o menor acierto encontramos la forma de imitar al arte y ponerle un hilo musical al día a día, y especialmente a los momentos y personas especiales.

Pero hay veces que las cosas pasan y no tenemos una canción preparada. Tranquilos, les pasa a los mejores. Entonces tenemos que tirar de lo que tengamos cerca, a mano.

A mí me pasa algo de lo más divertido, y es que no tengo un leit motiff para las cosas alegres, sino para los momentos malos.

Para mí, este es el tema de las malas noticias. Tengo recuerdo claro de la primera vez que la escuché de forma conciente, además. Estaba en el cuarto de mi madre viendo televisión. Pasaban el Chavo del 8 (creo) y entonces, de forma abrupta, cortó la transmisión y apareció la animación del extra informtivo del noticiero, fondo negro con letras azules y un globo girando. Alguien, que prefiero no nombrar, entro corriendo al cuerto preguntando que había pasado. La noticia era que se había muerto Amador Bendayan, mítico animador venezolano.

En retrospectiva era una noticia relativamente benigna, es decir, fue chimbo que se muriera Amado Bendayán, pero tampoco se trataba de una explosión con saldos de heridos estratosféricos, bombardeos o resultados de elecciones; todos eventos que recibieron el tratamiento de extra musicalizado. De hecho, las probabilidades dicen que si eres venezolano de 25 años en adelante, es bastante probable que al igual que yo, a ti la fanfarria de Venevisión te cause una absurda ansiedad.

Nunca he tenido claro si esta era la intención del compositor, pero es lo que hay.

Pero volviendo al tema, ese momento de extra con la fanfarria es de los recuerdos más viejos que tengo,  pasó en el 89 y yo tenía cinco años. Con el tiempo se hizo cada vez menos común, principalmente porque llegó al cable y no había mucha necesidad de consumir televisión nacional. Vainas de la vida, recuerdo también una de las últimas veces que lo escuché: cuando Chávez ganó sus primeras elecciones presidenciales. Cosas que te brinda la retrospectiva, en el momento solo sentí que era una mala noticia porque estaba acompañada por el tema. Quién lo diría, que el día que todo se fue a la mierda no solo tendría fecha precisa sino además tema musical.

Hoy ya las malas noticias no tienen musical, aunque bien nos vendría que sí, a la mierda la aprehensión retardada. La fanfarria sigue ahí, anunciando cuando algo se va al más lejano de los carajos, más allá del quinto. Lo que no me queda claro del todo es si cada vez la escuchamos menos porque casi nadie ve el canal, o porque las malas noticias se han hecho tan cotidianas que no merecen un extra y un tratamiendo de cine.

Suerte que tenemos youtube, y mira, de verdad los invito a hacer el experimento. La próxima vez que tengan una noticia que dar, precedan el texto con el vídeo que puse arriba. Ya verán como de inmediato les preguntan si algo malo paso, 9/10, garantizado. Luego vienen y me cuentan, eso claro si aún quieren ser mis amigos después de enseñarles a despertar traumas de infancia a sus treintañeros preferidos.

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