El extraño amigo doctor Strange.

Victoria y yo tenemos una debilidad por Benedict Cumberbatch. No una debilidad plan “hacerle brownies” como la de Eddie Redmayne, sino una de “vení a leernos así sea la lista de compras”, lo cual es una meta y chiste recurrente de nuestra relación. Yo además le sumo una predilección por Chiwetel Ejiofor desde que encarnó al villano de Serenity, la adaptación al cine de Firefly. Es un carajo que con el mismo tono que te recita a Neruda, te describe con precisión anatómica cómo te va a apuñalar en el pancreas.

Ya puestos a hablar de debilidades, Tilda Swinton y Rachel McAdams desde hace tiempo son dueñas de mi corazón por las mismas razones, y a esas si les hago brownies todos los días, o patacones o lo que me pidan. Pero creo que me estoy yendo del tema un pelo.

Quizás entonces veníamos algo predispuestos al estreno de Doctor Strange. Poniendo el reparto en un segundo plano, era complicado tenerle fe. Su director, Scott Derrickson, es conocido por El Exorcismo de Emily Rose, una peli que al menos a mí me pinta como normalita, y el remake del 2008 de The Day the Earth Stood Still,  clásico sci-fi de los de los 50. De nuevo, normalita tirando a maluca, aunque un acierto de casting el poner a Keanu como extraterrestre.

En sus implicaciones del ya bastante extenso Universo Cinematográfico Marvel, Doctor Strange se planta en un terreno algo peligroso: la magia. Uno de los ganchos del MCU desde su inicio es que vainas locas más, vainas locas menos, está de cierta forma anclado en una realidad  más cercana a la nuestra. Entrar y decir de repente que lo hizo un hechicero podía resultar en una infinidad de muletas y trampas narrativas.

Surge la pregunta, ¿la irá a cagar el amigo?

Pero  nada de eso. Un guion bastante decente pone los cimientos de una peli con una labor nada sencilla: introducir todo un nuevo aspecto de un universo conocido como el MCU. Para ellos nos pone en el punto de vista del señor doctor, quien tiene también que aprenderse todo este peo de la magia y tal. No es casual que el viaje del protagonista comience cuando la señora Swinton le dice: olvídate de todo lo que crees que sabes.

En sus casi dos horas de duración, Doctor Strange encuentra tiempo para:

  • Darnos un villano bastante competente encarnado por el gran Mads Mikkelsen, un señor que con su hermano, nacieron para hacer de malos encantadores.
  • Introducir el concepto de la magia al MCU, un aspecto del mundo del cómic que hasta ahora se había tratado bastante poco.
  • Presentar, desde lo bajito, a uno de los personajes más poderosos de Marvel. Es un acierto bajarlo de las alturas, no irse full Gary Stu desde el minuto 1.
  • Regalarnos de las mejores visuales en 3D que se han hecho hasta ahora dentro de esta serie de películas. Drogas duras.
  • Entretenernos. Esto es una peli cotufera de aventuras de alta factura. Y mira, a mí se me acabaron las cotufas antes del tercer acto.
  • Avanzar la gran trama del universo Marvel en un par de pinceladas que no les cuento, pero que seguro que pillan al verlo (si les interesa, claro=

Marvel no decepciona, o decepciona poco. Nos da ese cine divertido, escapista pero inteligente, frenético pero estructurado; cine que es tan necesario como el que denuncia los males o rompe paradigmas sobre cómo se puede narrar. Doctor Strange es otra muesca en el revolver, y ya van 14, aunque algunos no destaquen tanto. En un futuro seguramente se hablará del MCU como un modelo casi imposible de emular; una fórmula que contra todo pronóstico, sigue entreteniendo. Y bueno, al menos Victoria y yo esperamos estar ahí para ver como termina todo esto.

 

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