El Truco de la Memoria: Del Mundo de los Niños, al infinito y más allá.

Cuando era pequeño decía que iba a ser astronauta.

Cuando crecí me di cuenta que era difícil, así que decidí ser vaquero espacial.

La idea seguramente vino de leer una y otra vez el tomo 4 de “El Mundo de los Niños”, una enciclopedia editada por Salvat, de aquella época de libros de papel, que “heredé” de mi hermana. Por cierto, las comillas son por si ella está leyendo esto, ella entiende.

Ese libro, y los otros tomos, fueron la primera mirada que tuve al mundo más allá de mi ciudad, de hecho, fueron la primera mirada que tuve más allá del cielo nocturno que a veces se poblaba de unas pocas estrellas que le hacían compañía a la luna, porque la contaminación lumínica que. Gracias a ese más o menos breve tomo que leía una y otra vez aprendí que los planetas son Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Jupiter, Saturno, Urano, Neptuno y, en ese momento, Plutón. La enorme distancia que separa a la Tierra de Plutón dio, como bono, origen a la frase que le dedicaba a mis padres: los quiero de aquí a Plutón. Vainas de muchacho. (Para el registro, sí, los quiero que jode.)

Era bastante probable que si en algún momento en el colegio comenzaba mi respuesta con “Leí en un libro…”, me refería a alguno de estos, fuese para hablar de las plantas, de los animales, de los Grandes Lagos o de cómo se hace el helado.

El caso es que de todos esos tomos, del primero sobre poesía a el último sobre anatomía (el 15 era más bien para los padres), el que seguramente leí en más ocasiones fue el número 4. Porque quería ser astronauta, porque sigo queriendo ser vaquero espacial.

Si les cuento todo esto es porque ayer leí que murió John Glenn, uno de los primeros astronautas, y el primer americano en alcanzar órbita a bordo del Freedom 7. John Herschel Glenn Jr , junto a a Malcolm Scott Carpenter, L. Gordon Cooper Jr., Gus Grissom, Wally Shirra, Alan Shepard Jr.y Deke Slayton conformaron el primer grupo de astronautas de la NASA. Son los míticos Mercury Seven, el Grupo de Astronautas 1, los Original Seven. Fueron presentados en 1959, hace 57 años.

Hoy estamos acostumbrados a ver a Elon Musk hablar de iniciativas privadas para llegar a Marte, pero en 1959 el juego tenía reglas muy distintas. Recordemos, Yuri Gagarin voló en 1961. Los único seres vivos que habían salido al espacio en 1959 eran moscas, ardillas, monos y perros, y no a todos les había ido demasiado bien. De hecho, apenas unas semanas después sería la primera vez que un par de monos, Able y Baker, regresarían con vida de su vuelo sub-orbital. No sería hasta el año siguiente cuando los soviéticos lograron que el Sputnik 5 regresara de su vuelo orbital con todos los pasajeros vivos. Lista de pasajeros que se leía como un zoológico de contacto, con 40 ratones, 2 ratas, 1 conejo, unos frascos con moscas y “comandados” por dos perritas, Belka y Strelka.

Podrán imaginar cómo era ver a un puñado de tipos que dijeron “sí vale, vamos” a la idea de sentarse encima de un misil lleno de combustible que usaría una masiva explosión para mandarlos a un lugar que apenas conocíamos y del que no habíamos logrado devolver a nadie con vida. Right stuff indeed.

Hoy podemos mirar el cielo de noche y ver la Estación Espacial Internacional, podemos hablar sobre colonizar Marte no como un sueño sino como una cuestión de tiempo, podemos aterrizar en asteroides y enamorarnos de pequeñas sondas que duermen en paz a la sombra de una enorme roca en el espacio. Todo eso gracias a una larguísima lista de mujeres y hombres que pusieron su inteligencia, tiempo y esfuerzo a servicio de un proyecto que seguramente en 1959 sonaba una perdida de dinero, más aún considerando que cohete en ese momento era algo que venía volando del otro lado del mundo a acabar con la civilización.

Esa lista incluye a hombres como John Glenn, que como otros tanto astronautas no solo ponían su pericia e inteligencia a prueba, también ponián su vida en juego. No son pocos los que han pagado ese enorme precio, desde el accidente aéreo de Theodore Freeman, hasta la tripulación del Columbia. Siempre cierto aquello de “per aspera ad astra”, o dicho en coloquial: duro es el camino que lleva a las estrellas.

John Glenn es el último miembro de los Siete Originales en despedirse. Vainas curiosas, escribir hoy sobre él mientras leo que Kirk Douglas cumple cien años, ambos leyendas en sus respectivos mundos; Douglas en el que nos hace soñar y Glenn en el que hace de esos sueños una realidad.

Buen viaje de regreso a las estrellas, señor Glenn, dele saludos a la pandilla de Mercurio de nuestra parte.

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