Moana o esto no es una película de princesas.

Cuando Victoria y yo leímos que habrían dos películas animadas de Disney para el 2016 lo aplaudimos, ya que fue justo de ver Zootopia que fue una joya. Después leímos que iba a incluir música de Lin Manuel Miranda, y entonces ahí si perdimos el culo. En caso que ustedes sean de esa gente que voluntariamente se priva de las grandes cosas que tiene el mundo para ofrecer, Lin Manuel Miranda es así como el recordatorio que no has hecho nada interesante con tu vida. Necesitaría un artículo entero para hablar sobre su obra, así que solo diré que le peguen un toque al amigo Google.

You are welcome.

Flash forward a enero de 2017 y ahí estamos Victoria y yo sentados en el Cinemark de Palermo a las 12:40 AM en una de las dos funciones de Moana en idioma original. Cosas de las malas costumbres latinas de exhibir las películas animadas solamente dobladas. De nuevo, tema para otro post entero.

Pero a lo que venimos.

Ella es Moana, de Motunui.

Moana es el séptimo largometraje de la legendaria dupla de John Musker y Ron Clements, directores de buena parte de tu infancia. ¿Cómo así? Si has escuchado de La Sirenita, Aladdin, o Hércules, entonces has escuchado de estos señores. También hicieron El Planeta del Tesoro que es una de las películas animadas de Disney más criminalmente subestimadas. Puedes ir a verla ahora y luego seguimos hablando.

You are welcome.

Volviendo al tema, Moana es un curioso acercamiento al road movie. Es la historia de Moana (Auli’i Cravalho) y su búsqueda del semi-dios y héroe legendario Maui (Dwayne Johnson aka La Roca). El cast lo redondean las voces de Temuera Morrison (Jango Fett en Star Wars), Jemaine Clement de Flight of the Conchords y Nicole Scherzinger de las Pussycat Dolls. También está por ahí Alan Tudyk en uno de sus papeles más curiosos y divertidos, que tiene huevos porque es Alan Tudyk.

La historia va más o menos así:. Moana debe encontrar al semi-dios Maui y ayudarlo a devolver una mítica reliquia a la diosa Te Fiti, y así salvar al mundo de la devatación y oscuridad. Es una épica en el sentido más clásico de la palabra,  solo que este no mama del ideario occidental sino de los mitos compartidos del Pacífico Sur. Es algo que se agradece, ver otras historias y otros mitos servir de inspiración para grandes largomerajes animados, es reconocer la gran riqueza de historias que conviven en el mundo.

Conocer el camino.

A mi manera de ver las cosas, una road movie se construye usualmente sobre dos pilares: el camino y los personajes. Es aquello de que no importa el destino sino el viaje. En el caso de Moana el camino es retrato fantástico del Océano y las civilizaciones que lo convirtieron en su mundo. Los personajes, Moana y Maui, son el complemento perfecto el uno del otro. Encontrar el balance ideal entre dos personajes sin caer en trampas como hacer una Mary Sue (o un Gary Stu) o escribir un panfleto sin sutileza es un reto para los guionistas. Afortunadamente Jared Bush vuelve a darle al clavo tras Zootopia.

Disney ha hecho un esfuerzo consciente de  alejarse de los estereotipos de las princesas que solían protagonizar sus largometrajes. Moana se siente como la evolución de ese proceso: la protagonista no es blanca, no tiene un cuerpo de modelo anoréxica y no tiene novio.  Su viaje encarna una idea de feminismo positivo, una protagonista fuerte pero que necesita crecer también. Ese crecimiento viene a través de compartir el camino con Maui. Maui a primera vista es un simple fortachón vanidoso, pero a través de Moana también entiende y descubre que él también tiene espacio para el crecimiento. Hay un balance: hombre y mujer, juventud y madurez, experiencia e inocencia, divino y mundano.

El mejor cumplido que puedo hacerle a una película es decir que sirve como modelo para enseñar cómo algo se hace correctamente, y Moana se lo merece: si alguna vez quieren enseñar una clase sobre escribir grandes personajes, usen esta película.

Shiny!

La animación en Moana es rica y detallada, colorida, utópica; de verdad sientes que estás viendo un paraíso terrenal. El Oceano en Moana es más que un fondo, es un personaje (literalmente, lo es). Debe ser complicado dotar de personalidad a algo como el agua, pero lo logran (be water, my friend!). Pero quizás el golpe de genio es la forma en la que integran la animación tradicional en esta celebración de las posibilidades del CGI. Hay secuencias verdaderamente inolvidables, como la que acompaña al soliloquio musical de Maui, o esa suerte de homenaje a David Bowie con estética de The Nightmare Before Christmas que es el número musical Shiny.

Esto nos lleva a lo que nos trajo: la música. Cuando traes a un tipo que está a un Oscar de completar el EGOT, las expectativas son altas. Por suerte, Lin Manuel no decepciona. Los números musicales de Moana son pegajosos e inolvidables. Hay una coherencia temática en todas reflejada en pequeños leitmotifs en las líricas y en algunas frases musicales que refuerzan la expresividad de la banda sonora, no solo su carácter decorativo. Puntos extras además para Dwayne Johnson que se roba el show con la mejor canción de la película. Me lo agradecerán una vez la escuchen.

You are welcome.

Cuán lejos irán…

Disney vive su tercera era de oro, algo que se dice fácil, pero que habría que poner en perspectiva. Desde 2010 con Tangled hasta Moana han creado un acierto tras otro, gracias en buena medida al camino labrado por Pixar.

Seguro, siguen haciendo películas animadas familiares, pero han tenido la capacidad de reinventarse y abrir el abánico de posibilidades en cuanto a la historias que desean contar. También es buen saber que son capaces de adaptar sus historias al zeitgeist de nuestros tiempos, uno en el que es necesario darle espacio a todos.  Es un testamento a la habilidad de sus artistas el poder dotar de capaz de significado a relatos que en su presentación pueden parecer simplemente divertimentos para los nenes de casa.

Por si no queda claro, les recomiendo Moana, es una película divertida, una delicia visual y sonora de bella manufactura. Si pueden verla en idioma original, háganlo, no solo por La Roca, perdón, Dwayne Johnson, sino por Auli’i Cravalho y, si eres fanático de Hamilton o In the Heigths, por el cameo musical de Benn…erm, de George Washingt…erm, de Christopher Jackson (Rise up!).

You are welcome.

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