Lion o Madre mía, con el Google Earth

Hay algunas historias que te cuentan y te cuesta creerlas. Son demasiado perfectas, las piezas encajan con tal naturalidad que no puedes sino sentir que alguien las acomodó a posta. Son de esas que terminas diciendo -vértale, chico, parece de película-. Y a veces lo son. Tal es el caso de Lion, el primer largometraje del australiano Garth Davis, potragonizado por Dev Patel, Nicole Kidman y el debut del pequeño y extraordinario Sunny Pawar, conocido a posterior por hacer que todo el mundo dijera AWWWWW durante los Golden Globes.

La mejor cuña de Google.

La peli va de esto (esto, ¿SPOILERS?)

Si me lo cuenta cualquier otra persona que no sea el señor Google, no me lo creo. Pero sí chico,  es verdad, se los prometo, se los prometo por este puñado de cruces que no pueden ver porque esto no es un vídeo y ya estoy hablando solo…

Pero volviendo al tema. La historia de Saroo es sencillamente extraordinaria, más que digna de películas, reportajes, especiales y cuanta narración se pueda hacer al respecto. Primero por lo evidente, la épica del regreso a casa haciendo uso de una tecnología relativamente  nueva  con una dedicación que parece salida de las obsesiones numéricas de John Nash en A Beautiful Mind. La persistencia, la fe y el amor que mantiene a Saroo por un lado, y a su madre por el otro llegan directo una fibra muy básica, a menos que seas de esa gente sin alma que usa sapos para fastidiar gente. Y segundo, porque loco, es su mamá, sus hermanos, o sea, ve la película, the feelz…all of them…ya vengo.

A vuelo de pájaro…

Confieso que analizar esta peli en un primer visionado me costó, bastante. No porque fuesen casi medianoche, que sí, pero porque desde el minuto uno es un asalto a las emociones que raya en la pornografía sentimental. La primera parte de la película, enfocada en la infancia de Saroo (Pawar), te jode la fe en la humanidad, así de claro. Me cuesta imaginar alguien que pueda pasar por más dificultades que las que pasa Saroo de niño, y sin embargo, la peli te deja claro que más bien es él quien zafa en ese mundo. Vamos, que cuando ves en epílogo que al año se pierden 80.000 niños en la India, algo en tu interior se tiene que mover.

Aún así creo que Davis hace un trabajo notable en lograr retratar una durísima realidad con una tonalidad casi inocente, muy asociada al punto de vista del pequeño Saroo, quien hasta en los momentos más difíciles se aferra a la fe de ver de nuevo a su mamá y su hermano. Es una dirección valiente y sensible al mismo tiempo: Davis no esconde la cámara, al contrario, la pone en movimiento junto a Saroo y nos transmite la sensación de viaje casi perpetuo que el personaje experimenta durante casi toda su infancia. Hay mucho de necesidad narrativa, pero en una historia de búsqueda, la cámara y el personaje no pueden quedarse quietos, y el espectador tampoco.

Lo que es la tecnología.

La segunda parte de la película nos muestra a un Saroo adulto a punto de comenzar sus estudios, con una vida tranquila de primer mundo. Pero esto es cayendo y corriendo, nada más comenzar, Saroo se enfrenta a su primer problema: es un coco. Para los que no lo sabe, y hasta ayer yo era uno, ser un coco significa que eres marrón por fuera y blanco por dentro. Ahí les dejo eso. Y gracias Victoria por esta perla de sabiduría.

La búsqueda de Saroo es doble, hay un componente tangible: su pueblo, su madre, su hermano, el camino de vuelta al hogar. Pero hay otra búsqueda que va por dentro: su identidad. Saroo es australiano, pero es indio. Saroo tiene una madre que lo ama y a la que él adora en Australia, y una en la India. Saroo tiene un hermano en Australia, y tiene un hermano en India. Es estar partido con piezas regadas por el mundo, con lo caro que están los pasajes.

Entra la tecnología. Alguien le habla de Google Earth y le sugiere un método para encontrar su pueblo. Dos noches después, Saroo está pegado al monitor e iniciando una búsqueda que le costaría unas cuantas horas de sueño. La imagen de satélite a vuelo de pájaro y el scroll pasan a ser parte de la cinematografía. Suena raro leerlo, pero cuando la vean me van a entender. Es la continuación del tema de la búsqueda y del camino que comenté antes; por lo que me parece justo reconocer el trabajo del DP Greig Fraser, por este y otros recursos visuales notables (atento a los puntos de fuga).

Todo el que tiene una madre…

Todo lo que les conté está muy bien, pero la película no sería redonda sin la labor de Nicole Kidman como Sue Brierley (la mamá australiana) y Priyanka Bose como Kamla Munshi (la mamá india). Ambas interpretaciones notables, no solo por su emotividad, sino por ese…no sé, calor humano, que hace que sus personajes no solo se sientan como madres reales, sino como humanos reales.

Yo no sé ustedes, pero cuando terminó la película yo tenía ganas de llamar a mi mamá. Y ajá, normal, el clímax de la película es un ataque inmisericorde a los sentimientos, y jode porque uno sabe que imágenes más, imágenes menos, ese fue el final del camino de Saroo. Camino, de nuevo esa palabra.

Al final siempre es eso, el camino, a casa, a quién eres.

Recomendada, eso sí, lleven la caja de pañuelitos.

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