The People v. O.J. Simpson o cómo (no) cambian las cosas.

Desde que vimos los Emmy el año pasado, a Victoria y a mí nos picó la curiosidad con esto de American Crime Story: The People v. O.J. Simpson. Primero porque nos llamó la atención que se vendiera como un “spin-off” de la exitosa American Horror Story de Ryan Murphy, una serie de terror con brochazos de eso que los americanos llaman “campy”, y que nosotros bien podríamos llamar ridículo, o al menos afectado.

De entrada pinta bien el asunto. Por un lado tienes una de las historias más archi-conocidas de la década de los noventa y por otro tienes un reparto que apuntaba a arrasar con las premiaciones, y lo hizo. El combo tenía buen aspecto, por lo que nos aferramos a la esperanza de que Netflix la subiera eventualmente. Hace unos pocos días la apuesta pagó sus dividendo y nos sentamos a ver la serie. He aquí mis 0,02 c.

Con ustedes, el mundo, 24/7 y en vivo.

Si ustedes nacieron en los noventa, seguramente no se acuerden de lo que fue el circo mediático en torno al juicio del señor Orenthal James Simpson, también conocido como OJ, o The Juice. Para alguien como yo que vivía de juegos de béisbol y series de vaqueros espaciales, se hacía incomprensible la atención que el mundo, porque mira que hasta en Venezuela hacían eco de la historia, le prestaba al juicio del señor Jugo. Para mí era el actor cómico en las películas de The Naked Gun que pasaban en la tele, ¿por qué tanto ruido? Para entender hay que rebobinar el VHS un pelo e irse hasta el año 91.

El primer trimestre de 1991 nos dio el final de la Guerra del Golfo Pérsico (Episodio I). Fue una guerra a lo menos curiosa. Por un lado fue la primera guerra de, digamos, la posmodernidad. Fue la primera guerra de las bombas inteligentes, de los bombarderos invisibles y de los obuses de uranio empobrecido. También fue la primera guerra en vivo, la de la incursión explosiva de CNN en el campo de las noticias en directo. Cobertura 24 horas, bombas en tiempo real y el show de las trazadoras que escupía la artillería anti-aérea iraquí al estilo Nintendo. Miren que yo solo tenía 7 años y poco interés en lo que pasaba en el mundo, pero palabras como Kuwait, Irak, Pérsico y Tormenta del Desierto se me quedaron grabadas, junto a los chistes de como CAP pronunciaba George Bush o las imitaciones de Saddam Hussein.

Llegamos a marzo y el mundo, particularmente los estadounidenses, están pasando el ratón mediático tras el triunfo de la coalición. Es entonces cuando en un lugar de California, de cuyo nombre soy incapaz de acordarme, un grupo de policías se hacen infames al propinarle una brutal paliza a Rodney King. Como bien demostró la guerra, todo lo televisable será televisado. El vídeo de George Holliday se propagó como piojos en un salón de primer grado, dando testimonio de lo ocurrido y creando la primera instancia de “vídeo viral”.

FF al VHS y estamos en 1992, un jurado exime a los oficiales de su responsabilidad en la paliza y Los Angeles arde… en vivo, por supuesto. Los Disturbios de Los Ángeles del 92 reafirman que todo lo televisable será televisado. También sirven como recordatorio que a pesar de la 13era enmienda, a pesar de las leyes sobre derechos civiles de los sesenta, a pesar del fin de la segregación y las leyes de Jim Crow, algo estaba podrido en la convivencia racial de los Estados Unidos.

A sacarle el jugo.

Llegamos al 17 de junio de 1994. Si eras fanático de los deportes, era bastante probable que estuvieses pegado al televisor por una u otra razón. Si te gustaba el basket, estabas viendo la final entre  los Knicks y los Rockets. Si lo tuyo es el béisbol, estabas viendo a Ken Griffey Jr. botar un jonrón más. Si eras más del golf, estabas viendo al gran Arnold Palmer jugar su último U.S. Open. Y si eres el resto del mundo, estabas viendo la apertura del Mundial de Fútbol.

Ahora, interrumpimos nuestra programación habitual para un reporte en vivo.

Nueve helicópteros y un pelotón de patrullas perseguían a O.J. por las autopistas de Los Angeles mientras el mundo se preguntaba por qué carajo estaban cortando su programa predilecto para ver una Bronco blanca pasear a 50mph en un carril de 90. Bienvenidos a los noventa, tenemos cotufas, Coca-Cola y transmisiones en vivo: siéntese y póngase cómodo. Pocas cosas se me ocurren que capturaran más el zeitgeist mediático que todo lo relacionado a OJ. Y es importante entender esto, porque es imposible mirar algo como The People v. O.J. Simpson sin ponerlo en perspectiva. Muchos piensan que es el grunge y la generación MTV lo que definió los noventa. Yo difiero, para mí fue el juicio de OJ, y a eso vamos.

Entonces, la serie.

Algo importante para entender porque es relevante una serie de algo que fue cubierto hasta el cansancio, y luego dos veces más, es ser capaces de navegar la frontera entre la realidad y la ficción. The Real World pudo salir en el 92, pero el primer gran Reality Show de los noventa fue el juicio de este señor. Al igual que en la famosa serie de MTV, separar al personaje de la persona era un trabajo que requería dedicación. Teníamos dos opciones, o nos tragábamos que esta gente era la caricatura que nos transmitían los medios, con su sesgo natural, o nos lanzábamos a buscar quiénes eran de verdad este reparto de personas(jes).

Te veo…pero, ¿te veo?

La gran virtud de esta serie, más allá de un gran trabajo de producción y recreación histórica, es ser capaz de mostrarnos un lado nuevo de algo que hemos visto por todos los lados imaginables. Cada episodio gira en torno a un elemento ya mítico del juicio, las declaraciones, los testigos, el infame y parodiado episodio del guante. Pero más allá de contarnos lo que pasó, nos cuenta a quienes lo vivieron. No es un typo, va a posta, nos cuenta una historia y nos cuenta a las personas.

Nos cuenta de Marcia Clark, interpretada por una genial Sarah Paulson, la fiscal del caso de la que nos hemos cansado de hacer chistes sobre su incompetencia, su vestuario o su peinado. Nos cuenta sobre Christopher Darden (Sterling K. Brown), el fiscal cuestionado y acusado de ser un Uncle Tom, que es lo segundo peor que le puedes decir a un afroamericano. Nos cuenta sobre Johnnie Cochran y sus grandilocuentes aliteraciones, sobre Robert Shapiro y su astucia política proporcional a su frágil ego, sobre Robert Kardashian y su sorprendente e irónica capacidad de cuestionar desde el sentido común todo lo que sucede en torno al caso. Y claro, nos habla sobre OJ. Si hay algo en lo que, quizás, peca la serie es en olvidarse, de nuevo, de las víctimas y sus familias, salvo algunas apariciones puntuales pero poderosas del padre de Ron Goldman.

The People v. O.J. Simpson es un proyecto ambicioso en su escala, y me parece una elección acertada el que se haya decidido en resolverlo como una serie de 10 episodios. No se me ocurre otra forma de hacer justicia, no pun intended, a una historia que se ha mirado por tantos ojos y que se ha desmenuzado hasta los detalles necios. Tiene una gran realización, cuidadosa en los detalles y precisa en sus caracterizaciones, ganándose la aclamación no solo de la crítica sino de los involucrados, salvando algunas excepciones. Solo por su escala vale la pena, o si eres fan de las series de abogados, tanto más. Pero hay algo más que me parece justo destacar.

Correr para estar en el mismo sitio.

Le dice la Reina Roja a Alicia que hace falta correr todo lo que pueda para mantenerse en el mismo sitio. Los biólogos evolutivos han hecho maravillas con esta frase, la han convertido en una metáfora de algunos conceptos bastante interesantes que les recomiendo ojear, aunque solo fuese por curiosidad. En términos muy simples (muy, muy simples), significa que un ambiente competitivo, uno debe evolucionar y adaptarse constantemente tan solo para mantener el status quo.

Usemos un ejemplo sencillo. Cuando tu equipo gana un campeonato, imaginarías que todo está bien, que no hace falta hacer cambios. Pero al año siguiente los demás equipos se fichan, despiden, ajustan sus tácticas para acometer las tuyas. Si tú no vuelves a darle una vuelta a la tuerca, seguramente te van a ganar. Debes ser capaz de evolucionar más que tus rivales solo para mantener el status quo, es decir, tu campeonato.

Ajá, pero, ¿a qué viene todo esto?

The People v. O.J. Simpson es un retrato de una realidad veinte años atrás en el calendario. Mira si ha habido cambios desde ese entonces. Bote pronto: las redes sociales, las redes de datos inalámbricas, los teléfonos inteligentes, el streaming en vivo, la radio satelital, la ultra alta definición, los drones…

¿Realmente hemos cambiado tanto?

Todo lo televisable será televisado es ahora todo lo compartible será compartido; al aumento de nuestro apetito por la información inmediata y detallada se ha respondido con el aumento de canales de comunicación. Como una burbuja que pareciera ser imposible de reventar, el aumento de la demanda informativa siempre se ha respondido con la siguiente tecnología, la nueva cobertura de cada segundo: el mundo es nuestro reality show y sí, todo será comunicado.

Hay un par de momentos de la serie que pudiesen parecer menores, guiños de fan service, pero que al menos a mí me parece que capturan muchísimos de los temas sobre nuestro apetito para estas cosas. Como mencioné, Robert Kardashian es un personaje importante de la serie. Si les suena el nombre es exactamente por lo que están pensando. Y sí, Kris Jenner y las nenas Kardashian (y Rob) son personajes  en sus versiones mini.

(SPOILERS… kinda)

El primer momento es cuando OJ sufre el colapso nervioso que desencadena la “persecución” de la autopista. Abatido y derrotado, se encierra en una habitación de la casa de Robert, con un revólver en la sien, preparado para el punto y final. Kardashian, su amigo y compadre, le ruega, le implora que no lo haga. Apela a su amistad, al amor que aún le profesa el público, y finalmente, apela a su decencia al pedirle que no lo haga en ese sitio, en el cuarto de Kimmy. Sí, esa Kim.

Un episodio más tarde, Robert sale con sus hijas a celebrar el día del padre, un día después de la persecución.  Llegan a un restaurante lleno, pide tiempo de espera y, sorpresa, no hay espera, hay una mesa para él y su familia. Da igual que hayan dicho su nombre y apellido mal, close enough que le dicen. Ahora es “alguien”, ahora es el señor que salió en la tele, el colega del preso más famoso de los Estados Unidos, del héroe de la comunidad afroamericana, del mito, de The Juice. No hace falta que él sea solo un amigo, la fama se pega, es como un virus.

¿Y lo mejor de todo? Sus hijas lo notan, lo comentan. Sí, el esposo de mami es famoso porque ganó las Olimpíadas, pero ahora papi es famoso y eso es guay, nos dan mesas y lumpias. ¿Por qué es famoso? Da igual, por ser famoso.

FF al VHS y aquí estamos, 2017.

Tanto adelantar para llegar al mismo punto de la película. Qué cosas.

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One thought on “The People v. O.J. Simpson o cómo (no) cambian las cosas.

  1. Pingback: Feud: Pilot (O abróchense los cinturones, va a ser una serie movida) | La Esquina de Casa

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