Feud: The Other Woman (O no hay crimen sin víctima) – Review


La semana pasada comenzamos el experimento de ir analizando una serie episodio a episodio, algo a lo que no estoy demasiado acostumbrado pero, qué demonios, ¿por qué no?

Nos habíamos quedado en el comienzo del rodaje de What ever happened to Baby Jane? y en el frente unido que Crawford y Davis presentaban ante la columnista Hedda Hopper, un esfuerzo conjunto por mantener el control de la narrativa sobre su rivalidad: si no hay conflicto, no hay drama, no hay chisme que vender.

Por otro lado, si no hay drama, no hay cotilleo, y si no hay cotilleo no hay expectativa. O al menos eso razona Jack Warner quien encarga al director Robert Aldrich de sembrar la discordia entre las dos protagonistas, para “motivarlas”, o más bien para hacer que se vayan por sus respectivas gargantas… y sacar tajada.

Hace poco nos preguntamos qué dio origen a esta rivalidad. Victoria, con su deliciosa prosa, dedicó la última entrada de su blog a explicarlo, pasen y lean que vale los 5 minutos. En el segundo episodio de Feud, se explora otra pregunta, ¿qué mantuvo viva la rivalidad?

En muy pocas palabras: dinero.

En más palabras, por citar el primer intro de Crazy Ex-Girlfriend: la situación es un poco más matizada.

¿Tuvo que ver el dinero? Seguro, se llama INDUSTRIA del cine, hacer dinero es el objetivo final. Pero hay otro factor importante, incluso más importante: el ego. No solo el de Crawford, o el de Davis, sino también el de Warner y en cierta medida, el de Aldrich. Seguro, en el fondo todos quieren cobrar y mantener el estilo de vida y reconocimiento al que están acostumbrados, pero, ¿por qué hacerlo personal?

Para Crawford es un asunto de talento y reconocimiento, el que ella tiene y sobretodo el que envidia a Davis. Para Bette es un asunto de afecto, el que se ha quedado en el camino debido a su ambición y que Crawford pareciera acaparar. Para Aldrich es sobre la relevancia, es no ser otro director mediocre. Para Hopper es acerca del poder de hacer y deshacer estrellas.  Y para Warner, bueno, Warner es un patán, para él es solo acerca de ser el macho alfa, y cobrar al final de la tarde.

En este entramado de novela de la una, cada uno debe elegir su arma predilecta y claro, al final el arsenal se reduce a…la otra mujer. Crawford, Davis, o Hopper, da igual, El segundo episodio de Feud nos muestra la cara deshumanizante de los grandes estudios, para cada jugador la otra persona no es más que una herramienta, un medio para lograr sus fines. Dinero, afecto, poder, o simple mezquindad, es igual. The Other Woman plantea una idea simple, la rivalidad de Davis y Crawford no era un fin en si mismo, era solo un medio para garantizar un objetivo.

En su segundo episodio, Feud logra mantener hace un balance entre mostrarnos el trascámara de un mundo cuasi-legendario como es el viejo Hollywood, aunque ya en su ocaso claramente, y reflexionar sobre como ciertos vicios se mantienen hasta hoy. El balance de poder, la posición de la mujer y sobretodo, ese duelo entre edad y talento. Seguro, hoy se han hecho grandes avances, pero aún nos preguntamos por qué los hombres tienen sus años “George Clooney”, pero las mujeres no tienen sus años “Helen Mirren”, por decir una.

All in all, creo que Feud sigue logrando su objetivo, sigue apelando al placer morboso de explorar unos de los chismes más legendarios de Hollywood, pero al mismo tiempo recordando que ese placer no es gratuito y que siempre deja víctimas: esta, aquella o la otra mujer.

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