El otro lado del viento o a la enésima es la vencida.

Dice un adagio del cine que una película se hace tres veces: cuando se escribe, cuando se rueda y cuando se edita. Es algo fácil de entender por lo simple y por lo cierto, rara vez una película terminará siendo lo mismo en el montaje final que lo que fue en el papel del guion. Es como cuando tu cocinas un plato, una cosa es la receta, otra cosa es cocinar y una distinta cuando el sabor final.

Hay películas famosas, casi míticas, por lo complicado de su creación: múltiples versiones del guion, rodajes largos, caros y accidentados, montajes conflictivos que terminan enfrentando a directores, editores, productores y seguramente hasta al que le hace mantenimiento a la moviola. Y ojo, es algo más viejo que comer sentado, desde Greed de von Stroheim con su montaje original de 8 horas reducido a 2 y media, a los siete montajes de Blade Runner.

De esas películas conflictivas no se me ocurre una más legendaria que The Other Side of the Wind  de Orson Welles. Sí, ese Orson Welles, el de Citizen Kane, The Magnificent Ambersons y Touch of Evil, ese magnifico bastardo que bien puede considerarse el talento más grande de la historia, ese señor de voz cautivadora, encanto inagotable y que para colmo de honores, le presta su nombre a nuestro gato.

De aquellos negativos, estos relatos.

Para hablar de esta película hay que irse a los años setenta, que fue cuando se comenzó a hacer. Unos años setenta en los que el sistema de estudios y eso que hoy llamamos el Hollywood Clásico eran ya un recuerdo, aunque no tan lejano. El principio de los setentas fue como la resaca de la contracultura. A la ebullición de los hippies, el verano francés y la primavera de Praga le siguió una transición que terminó en las dictaduras del cono sor, la llegada de Thatcher, Reagan, la crisis del petróleo y, horror, la fiebre del disco.

A nivel cinematográfico, los sesentas y setentas fueron los años de la hegemonía de las nuevas olas, desde la nouvelle vague francesa al nuevo Hollywood, dejando cuerpos regados en Brasil, Alemania, Italia y pare usted de contar. En medio de todo esto, el señor Welles, una bestia del mundo clásico, pero…no del todo. Prácticamente todas las películas de Welles estuvieron marcadas por controversias, fuesen profesionales o personales.  Sin haber conocido al señor, pero viendo sus entrevistas y sus películas, intuyo que es aquello que siempre pasa cuando el talento y el negocio chocan con toda la fuerza conjurada por los egos de cada parte. Por eso me hace ruido decir que Welles es del Hollywood Clásico, porque creo que ni él se sentía cómodo ahí.

Comienza entonces el rodaje de The Other Side of the Wind…hasta 1976.

Y mira que dieron de si esos seis años. En ese período Welles rodó al menos 10 horas de material, utilizó negativo a color y en blanco y negro, rodó en 8mm, 16 mm, 35 mm y hasta foto fija. Sobre lo que pasó, mira, una y mil cosas, pero quizás lo más importante fue la estafa perpetrada por el intermediario español entre los productores de origen iraní (*esto será importante luego) y Welles, lo cual dejó la producción mermada de fondos, sumado a una cuenta de impuestos que obligó al amigo Orson a hacer dinero extra para pagar los deberes tributarios.

Finalmente en enero del 76 termina la fotografía principal y solo queda la post-po.

Qué comiencen los juegos.

Si ustedes pensaban que los seis años de rodaje fragmentado eran lo que hacían legendaria a la producción de esta película, lamento informarles que aquello apenas era el trailer de lo que estaba por venir, un teaser para una disputa que ya va para cuarenta años y contando.

¿Se acuerdan que puse un asterisco al lado de iraní y que dije que eso iba a ser importante luego? Bueno, lo que no les dije es que el mesenas en cuestión es un señor llamado Mehdi Bushehri, aunque también lo conocen como el cuñado del Shah de Irán. Imagino que no les tengo explicar como eso último constituyó un ligero inconveniente en el 79, también llamado en los libros de historia la Revolución Islámica de Irán.

Entonces, tenemos un señor al que un productor español estafó, que además ahora está del lado equivocado de una revolución que pone patas arribas al medio oriente y que, naturalmente, está necesitado de cash. A eso hay que sumarle un detalle que afectó a Welles en el 85: morirse. Y como el overkill existe, en el 86 se muere su esposa y heredera, dejando el asunto de la herencia a su  hija Beatrice, quien no tiene la mejor relación del mundo con Oja Kodar, amante de Welles y heredera de sus proyectos inacabados. Pero claro, Beatrice respetaría la última voluntad de su padre, una que estipulaba además que nadie debía diputar lo heredado por Kodar.

Mira, si la gente fuese razonable no estaríamos en este y otros tantos enredos de mayor calado y relevancia para este desastre que llamamos actualidad.ç

¿Y ahora?

La historia de las disputas legales sobre la propiedad de los negativos de The Other Side of the Wind ha sido larga, lenta y dolorosa. Ha involucrado a más gente que la audiencia de un concierto de los Stones en Argentina y probablemente ha costado mucho más dinero que el que se invirtió en la misma película.

La posibilidad de salvar el proyecto ha incluido a la cadena Showtime, un pitch a directores como Spielberg, Lucas e Eastwood, una campaña de crowdfunding de indiegogo, por solo nombrar algunas de las instancias por las que ha transitado. Todas han tenido el mismo resultado: la peli sigue sin terminarse, mucho menos estrenarse. En el proceso, naturalmente, aumentando su status mítico.

Y entonces…llega Netflix.

Esa nota de The Hollywood Reporter es de ayer, por cierto. Si hay alguien con el dinero, la disposición y la audiencia para un proyecto de nicho, es Netflix. Los negativos ya están en Los Angeles y el trabajo ha comenzado, confirmado por Frank Marshall, productor, y por Peter Bogdanovich, forofo extraordinario y uno de los protagonistas de la película.

La espera llega a su fin, llegará a su fin. Por favor, terminen la jodida película.

¿Será una película de Welles? a estas alturas, es difícil afirmarlo. ¿Se acuerdan lo de que dije al principio sobre las pelis hechas tres veces? Bueno, quizás sea buen momento de recapitular:

  • Tuvo cuatro guiones, de los cuales no se sabe cuál se uso, si acaso alguno ya que Welles afirmó que la mayoría se improvisó.
  • Tuvo un rodaje seis años no consecutivos, con localizaciones, decorados y exteriores de una sola secuencia usados con años de diferencia. Con todo, le falta una escena, un voiceover que no se escribió pero que se sabe que debía ir al comienzo, y además, el score.
  • El director murió hace 32 años.
  • Hay 10 horas de material para editar algo como una hora de film, y ese material incluye al menos cuatro soportes distintos.

Con todo eso y sus cuarenta años de deambular por el desierto, The Other Side of the Wind es lo más cercano que vamos a tener al canto de cisne de un hombre que moldeo a su gusto, y para el pesar de muchos, la historia del cine. No sé ustedes, pero yo no había estado tan emocionado y fascinado por una película en mucho tiempo. Aunque sea de Netflix, espero que tenga un release en cine, pero si no, da igual, cuando la suban voy a fundir ese botón de play más rápido de lo que un director dice ¡Corte!

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s