El Asesinato de Jesse James por el Cobarde Robert Ford o…

Hace un par de semanas les hablé de Logan, última salida al ruedo de Hugh Jackman como nuestro iracundo mutante favorito. En algún punto de la reseña les comenté algo sobre el género del western crepuscular o revisionista, esa vuelta de tuerca al mito del vaquero heroico que llegó una vez el género estaca tan agotado como viejas sus grandes figuras.

Hay un detalle importante para entender los wetserns: independientemente de la historia, en los grandes westerns hay un tema central que se lee desde dos perspectivas. Una visión es enfrentar la barbarie contra la civilización, es el espíritu del colono frente a la naturaleza despiadada, y bueno, frente a las civilizaciones que debes desplazar en el camino, aunque de esto último hablaremos en otro momento. La otra lectura es la libertad frente al imperio de la ley. Hay algo paradójico, sin duda, y de ese choque de visiones suelen emerger las mejores historias del género.

Tomando esa visión en consideración, es normal ver que hay una mezcla de héroes y villanos míticos en el legendario del viejo oeste: tenes a tu Pat Garret y a tu Billy The Kid, tienes a los hermanos Clanton y a Wyatt Earp con Doc Holliday, y claro tienes Jesse James y a Robert Ford.

El Asesinato de Jesse James por el Cobarde Robert Ford 

Ya va, necesito agarrar aire.

OK. Esta peli del 2007 fue el segundo documental de Andrew Dominik, que desde ese entonces estrenó Killing Them Softly y One More Time with Felling. En lo que a cast se refiere, tiene un notable desde el cartel: Brad Pitt, Casey Affleck, Sam Shepard, Jeremy Renner. Sam Rockwell…

Sin entrar en demasiado detalle, solo diré que cada interpretación pudo valer un premio, comenzando con Pitt y Affleck, y añadiendo a un subestimado Sam Rockwell, que la rompe en esta peli.

Por si les quedaba alguna duda luego de leer el título, es un film que relata los últimos meses de vida del legendario bandido del oeste Jesse James (Pitt) y su muerte a manos de su compañero Robert Ford (Affleck). Va desde que Ford se une a la banda de los James hasta ese 3 de abril, en plena Semana Santa, cuando Robert le dispara cobardemente por la espalda a Jesse. Claramente, si hablamos una peli que nos cuenta el final desde el título, la sustancia del asunto debe estar en el viaje que separa el minuto uno del clímax.

Una fotografía fue lo que me quedó.

Dominik utiliza algunos recursos interesantes para contarnos la historia. Y cuando digo contarnos, lo digo literalmente. Hay algo apropiado en centrar la conducción de la historia en torno a la narrativa oral, refuerza esa idea de que estamos viendo algo que es más que la realidad, algo que juega a la rayuela entre lo fáctico y lo mítico. No suelo ser fan de los voiceovers, suele ser una solución que tapa carencias en lugar de reforzar ideas. En este caso, creo que apunta más a o le segundo.

Otra herramienta que trabaja la idea de la leyenda, es la fotografía. El etalonaje está cuidado, con atmósferas desaturadas y dominantes grises y sepias. Es una película a color, pero es casi como ver una foto vieja, con su viñetado y sus aberraciones en los bordes. No es casual que cada personaje cierre su historia con una instantánea, en el caso de James con una que recrea esa que vendieron después de su muerte, en el caso de Ford una creada artificialmente parando la cámara en seco, una que el director le regala a Ford, que murió en la infamia de haber sido el hombre que mató a Jesse James.

Cálmate para que goces.

Al igual que otras pelis del género como Unforgiven, esta es una que se toma su tiempo en contarnos la historia. En el caso dela Clint Eastwood hay algo apropiado en el hecho de que los personaje son viejos ya, se toman su tiempo, les sobra un huevo todo lo romántico que se dice sobre los pistoleros: son unos cabrones que buscan redención en la paz, y lo saben.

En esta peli esa idea se lleva por otro camino. Cuando Ford se une a la banda de los James, la patota de pistoleros va de salida, de hecho, el único golpe que vemos en pantalla es el último asalto que harían. Los que quedan no están precisamente pasándola bien: entre los que dicen no más, los que mueren y los que deciden pasar al bando de “la ley”, Jesse James es un hombre que de a poco se va quedando muy solo.

Solo y paranoico. La ley se acerca, la civilización te acosa, la libertad se esfuma y cada vez eres más tu discreto alias que ese legendario bandido que hacía lo que le salía de la bandolera. La película se toma el tiempo de retratar en paralelo el descenso de James y la desilusión de Ford, llevando al único desenlace posible: si no podemos ser compañeros, seremos enemigos; si no voy a ser famoso por disparar a tu lado, sere infame por disparar contra ti.

El epílogo no se guarda nada, de la fama inicial entre los curiosos citadinos  a ser ese patético hombrecillo que asesinó el romance y el mito del oeste; hasta el final, su destino ligados al de Jesse James, cualquier reclamo de fama vinculado a su leyenda.  Charley, pudriéndose de culpa y tuberculosis le pone punto y final a todo con una bala de su revolver. Robert, asesinado por un desquiciado que terminaría siendo “el hombre que mató al hombre que mató a Jesse James”.

Al final de Liberty Valance, western crepuscular por excelencia, dicen algo que va así: cuando en el oeste la leyenda se hace hecho, imprime la leyenda. Entiendes entonces porque sin importar cuan humano seas, cual real hayas sido, sin importar que tan justa haya sido tu proceder, si matas por la espalda a Jesse James siempre vas a ser el Cobarde Robert Ford.

 

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