Thirteen Reasons Why o cuánto ha cambiado esto…ish


Creo que la última serie de adolescentes, y probablemente la única, a la que le presté atención fue Dawson’s Creek, por allá por el 98, que se dice rápido pero son casi ya veinte años atrás. De la serie recuerdo varios comentarios, los más comunes sin duda eran. primero, que ningún adolescente hablaba así. Segundo, que soberanas pendejadas por las que se preocupan los jóvenes. Y tercero, que Dawson sí era huevón.

Debo estar de acuerdo con al menos dos de las aseveraciones previas. En efecto, no creo que ningún adolescente hablase de la forma tan rebuscada como la hacían los protagonistas de esa serie. Y, efectivamente, Dawson era muy huevón, Dios lo bendiga.

Ahora, sobre si los jóvenes se preocupan por pendejadas, no lo sé.

Hay temas y hay temas, una cosa es el acercamiento naive de los noventas a la angustia adolescentes con sus adicciones a las píldoras de cafeína y sus tratamientos oblicuos a ciertas realidades, y otra cosa es lo que de hecho sucede. Sin irse muy lejos del 98, al año siguiente fue lo de Columbine. Sería necio y completamente insensible negar que ahí pasaba algo, sin importar cuál oblicuos u obtusos queramos ser al momento de hablar al respecto.

Y esto, ¿de qué va?

Thirteen Reasons Why es una serie basada en el libro del mismo título de Jay Asher. Distribuida por Netflix y producida, entre muchas personas, por Selena Gómez y Tom McCarthy, director de Spotlight, quien además se sienta en la silla del capitán en un par de episodios. El reparto, joven en su mayoría, está comandado por Dylan Minette y Katherine Langford en los papeles protagonistas.

Cierto es que sería injusto reducirlo a una historia de dos, es un trabajo de conjunto en el que debo destacar a Christian Navarro en su papel de Tony, todo estilo, todo presencia, y Miles Heizer como Alex Standall, con una inquietante sensibilidad . En lo que adultos se refiere, la lista incluye a Kate Walsh (Grey’s Anatomy), Steven Weber (Wings), Mark Pellegrino (Lost), Keiko Ageno (Gilmore Girls) y a su majestad el Rey Jorge III el I, también conocido como Brian d’Arcy James. Un reparto con una difícil labor, pero con un resultado brillante.

El argumento de Thirteen Reasons Why va más o menos así: Hannah Baker se suicidó. Unos días después, Clay Baker, su amigo y enamorado, recibe un paquete con cassettes hechos por Hannah en los que explica las 13 razones por las cuales murió. Cada razón corresponde a una persona que tuvo algún impacto en su vida. La serie se desarrolla a través de los ojos de Clay y la voz de Hannah, a medida que él escucha las cintas y recorre y visita los espacios descritos, buscando descifrar por qué ella murió.

Las cosas son las que son.

Es delicado tocar el tema del suicidio, más cuándo hablamos de adolescentes. Navegar entre la reflexión y la explotación es un ejercicio similar a una barra de equilibrio, un movimiento en falso y estás en el suelo. Thirteen Reasons Why lo hace con el peso en el tobillo de ser una serie cuya premisa gira en torno a esto, de hecho, el elemento narrativo que dispara y mueve la trama es una nota de suicidio.

El tratamiento de la serie, apropiadamente, es un balance entre lo compasivo y lo crudo. No se reduce a una moralina donde hay algunos muy buenos y otros muy malos, hay un esfuerzo claro en darle vida y sustancia a cada personaje, a sus motivos y sus razones de ser. Pero ojo, no por eso es una serie que busca justificar un comportamiento; una cosa es entender por qué sucede algo y otra muy diferente es condonar que suceda.

Una de las virtudes de la serie es que rompe con el paradigma de suavizar los golpes que predomina en las series para adolescentes. Aquí las cosas pasan, y suceden delante de la cámara, da igual que sea bullying, violación o suicidio. No nos perdona como audiencia, nos acusa, nos pone en el medio de la acción y nos dice que esto pasa, que lo estás viendo, que no es un “le paso a la amiga de una amiga”, es “esto pasó, eres testigo y tienes una responsabilidad”. Es hacer realidad aquello de que posicionar la cámara es una decisión moral.

Las cosas también son como las cuentan.

Hay dos cosas que me gustaría destacar de la narrativa de la serie. El primero va de estructura; la serie se cuenta con dos puntos de vista, el de Clay como protagonista y avatar del espectador, y el de Hannah como motor del drama que mueve la historia. Es lo que les pasa a ellos pero también es cómo ellos reaccionan a ello; de hecho, es casi una cadena de causalidades: a Hannah le pasan muchas cosas, y ella actúa en consecuencia.  Eso termina siendo algo que afecta a Clay, quien decide explorar las cosas que le pasaron a Hannah, y entonces él actuar en consecuencia. El resultado es una historia compacta a pesar de contar con, al menos, trece elementos que influyen en la trama.

Lo segundo es más sutil pero importante. Siendo una serie que mezcla recuerdos y presente, es importante saber distinguir los dos momentos, sobretodo cuando, literalmente, se superponen. Para esto los creadores usan dos atmósferas fotográficas distintas, a nivel de luz y color. Creo que es más evidente cuando las transición es en momento superpuestos, pero está ahí, y creo que es un detalle importante, ya que refuerza esta idea de confrontación: de ideas, de personajes, de puntos de vistas.

Ahora, técnica e interpretación aparte, es inevitable concluir sin hablar del núcleo ético de la serie.

Thirteen Reasons Why sin duda es una denuncia, fundamentalmente de esa terrible idea que aún permanece hoy que dice que si te paso algo malo, es porque de alguna forma te lo buscaste.

Si te roban, no es porque el ladrón robe, es porque tu estabas en el lugar donde el ladrón roba.

Si te golpean, no es porque alguien decide golpearte, es porque seguramente hiciste algo que merecía un golpe.

Si divulgan algo que dijiste en privado, no es culpa de quien traiciona tu confianza, es tuya por confiar en esa persona.

¿Ya sabemos a dónde va esto?

Afortunadamente, en ultísima instancia, es una serie que llama a la empatía. Llama a entender, a ponerte, literalmente, en la posición de la víctima. Es una serie que luego de medio día de invitarte a mirar, te invita a actuar. Y a veces, si el final es alguna indicación, puede ser algo tan sencillo como decir hola, vamos a hablar. Pero hay que hacerlo, no basta solo con mirar.

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