Split o el otro señor Shyamalan.

Recuerdo pocas películas que hayan dado tanto que hablar como The Sixth Sense de M. Night Shyamalan. Diría que fue la película que abrió la nueva era del “no spoilers please”, dado su final –inesperado-, pero que realmente no tanto su uno le presta algo de atención a lo que te está contando el señor Manoj. En esos años, del 99 al 02, enlazó un trío de películas que no estuvieron nada mal: la mencionada Sixth Sense, Unbreakable y Signs.

De ahí en adelante el señor Shyamalan agarró de cachondeo eso de ponerle finales inesperados a todo y se convirtió casi en una parodia de si mismo, rematando con esa infamia llamada The Last Airbender y After Earth, la primera quizás la peor adaptación de una serie animada y la segunda quizás el peor film de los últimos veinte años. Eso es tocar fondo, y pegarte con el piso significa una cosa: rebotar.

Split. tras The Visit en 2015 y Wayward Pines para TV ese mismo año, es el retorno del mejor M. Night Shyamalan a la gran pantalla, y lo es en más de un sentido, así que vamos a ello.

SPOILERS AHEAD, que no digan que no aviso.

Split es la historia de de Kevin, interpretado por James McAvoy. Kevin es un tipo raro, tanto que un día secuestra a Casey (Anya Taylor-Joy), una estudiante de secundaria, y a dos de sus compañera de clase, Claire y Marcia. Eso son los primeros cinco minuto de la peli, no se da muchos rodeos y entra en ruedo. Esto es un thriller de un secuestrador y unas chicas que buscan como escapar.

De ahí en adelante se nos sale de las manos todo bastante rápido. Kevin sufre de desorden de identidad disociativa, que es fancy para “tiene personalidades múltiples”. ¿Cuán múltiples? No son pocas, eso se lo puedo decir, y es una señal del talento del señor McAvoy el poder interpretar a cada una de forma distintiva y sobretodo perturbadora.  No quiero adelantar demasiado de la historia porque sería arruinarle las película.

Pero es justo decir que es un thriller efectivo, minimalista donde importa y rico donde tiene que serlo. No hace demasiado aspavientos de efectos especiales ni falta que le hace, todo está en la interpretación, en un genial uso del espacio y del atrezzo como elementos de proyección; además de algunos apuntes de iluminación y encuadre bastante interesantes, hitchcockianos incluso; cosa reforzada además por esa costumbre del señor Shyamalan de insertarse en sus films.

Claro, tiene sus detalles más flojos, como un guion que a veces parece estar al borde de colapsar por el peso de sus mecanismos dramáticos, o cierta suspensión de la incredulidad que acompaña a este género en el que la gente al parecer se vuelve mágicamente estúpida. Pero cuando al final de la lista sumas más aciertos que fallos, puedes decir que tienes una buena película.

El golpe maestro es, sin duda, encontrar de nuevo la forma de meter lo del final inesperado, pero que esto no te joda todo el trabajo que hiciste durante casi dos horas. Un pequeño detalle que te dice que esta peli es parte de un universo común que el mismo Shyamalan inició hace más de una década y que ya tiene una tercera parte confirmada.

Si les gusta el thriller clásico, recomendada.

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