Passengers o el espacio (desperdiciado)

Entre una cosa y otra, había dejado pasar ver la última de Chris Pratt en el espacio. No, esa no, la otra. Pero como en estos días de internet inestable y pocas cosas que hacer, decidimos darle una oportunidad, entender por qué le vamos a pagar doble dígitos al señor Pratt y a la señorita Lawrence.

Passengers es el quinto largometraje de Morten Tyldum,   y su segunda producción “grande” tras The Imitation Game en 2014. Como les dije antes, los protagonistas son Chris Pratt y Jeniffer Lawrence, acompañados de Michael Sheen y Lawrence Fishburne. Y ya. Bueno, hay que si un par más que hacen de computadoras y algún cameo, pero personajes, esos, lo justos.

Passengers es de esas películas paradójicamente minimalistas. Es decir, son cuatro personajes, en una película de +100 millones de piedrólares. Descontando los salarios de los protagonistas, que son como un tercio, siguen siendo unas cuantas decenas de millones para rodar y post-producir. Y mira, se nota, la dirección de arte es una delicia en lo que a diseño se refiere.

Ah, la historia, ya, a eso vamos. Pues la premisa es relativamente sencilla: Jim (Pratt) es un tipo que va en una nave colonial a otro planeta en otra estrella. Por un accidente, se despierta antes de tiempo, unos 90 años antes de tiempo. 90 años perdido en un centro comercial son muchos años; sobretodo si tu única compañía es un bartender mecánico (Sheen). Al borde del abismo, Jim decide despertar a Aurora, una atractiva y divertida escritora; condenándola a su mismo destino, es decir, vivir y morir en el viaje.

Después de eso son como 80 minutos de Síndrome de Estocolmo mezclado con película de desastre enmascarado en una especie de retorcido romance. Si apagamos la conciencia, funciona en cierto nivel, la película sin duda es entretenida, resultona que le dicen.

Pero…

Este tipo de películas de pocos personaje suelen tener dos pilares: el primero es la química y la fuerza de las interacciones entre los personajes. Eso te lo tiene de cierta forma; Pratt y Lawrence tienen chispa y eso no se puede negar. Demonios, si me voy a quedar atrapado en una isla por 90 años, tanto mejor que sea con estos dos.

El segundo es la utilización del espacio, y no me refiero al de las estrellas. Mejor paro ahí con el chiste porque se nos puede salir de las manos esto. A ver, de esas cosas que el cine aprendió y amplificó del teatro, el uso del espacio es una bastante importante. Pensamos que la escenografía es solo un lugar donde el director de arte y su equipo se lucen, y sí, hay algo de eso. Pero el espacio, como todo elemento, debería ser una herramienta más de comunicación, de expresión.

En el caso de Passengers hay algunos detalles puntuales; un bar aquí, un árbol allá. Pero para todos los millones que se dejaron en crear este inmensa, maravillosa y detallada nave, se me hace poco el protagonismo que le dan su espacio. Sí, esto es una historia de los dos personajes, pero toda su peripecia se construye en torno al espacio que habitan, es lo que detona la historia y lo que determina las circunstancias de su progresión.

¿Funciona la película? Sin duda, es efectiva, te comes la historia al ritmo de las palomitas, te comes el romance y te comes la angustia; pero la sensación de subestimar tus propios recursos está ahí; después de todo, no solo fue en el sueldo de tus estrellas en las que te dejaste buena parte del presupuesto.

Passengers es una película que cumple su función pero que no creo que trascienda más allá de su época en taquilla, no la veo entrando a ninguna lista de imprescindibles, quizás la del domingueo, plan “buena y ya”.

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