Review: Blade Runner 2049

Blade Runner es de mis películas favoritas, ever. Aunque soy bastante cauto con el tema de los rankings, vamos a ponerla que si en un top 5. No soy contemporáneo, la peli salió un par de años antes que yo naciera, pero cuando la vi en la tele fue de esos momentos que se te quedan en la memoria. Que después en la escuela me haya tocado escribir sobre la misma ayudó a reforzar su posición entre mis pelis importantes. Por eso cuando que tenían planeada una secuela, temí. Ojo, no soy alérgico a las secuelas de buenas a primeras, pero honestamente no pensaba que hubiese algo que retomar en esa historia. Era redonda, estaba bien dejar así.

Luego vi que la posta le tocaba llevarla a Dennis Villeneuve y pensé “ah bueno, sí, esto podría funcionar”. ¿Vieron Sicario, vieron Arrival? Vayan a verlas, que como diría mi profesor de cine, serán mejores personas después de hacerlo.

Pero entremos en materia.

Blade Runner 2049 como bien lo indica su título, y para que no queden dudas, retoma la historia 30 años después de la original. Los dos primeros planos son toda una declaración de intenciones,  montando dos imágenes que si bien hacen clara referencia a la película original, también contrastan. Bien pueden ser una alegoría del difícil trabajo que le tocó al señor Villeneuve: el de contar su propia historia en un universo sobre el que se ha escrito (y editado, gracias señor Scott) hasta el cansancio.

Blade Runner 2049 es un acierto, logrando expandir (en más de un sentido) un mundo que ya parecía sobrecogedor y, sin embargo, lograr hacerlo bajo sus propias reglas. Al igual que la primera, es una película muy pausada, que se toma su tiempo en hablar poco, ya que el diálogo es relativamente poco en relación al metraje; y en mostrar mucho.

Hay espacio para degustar. Hay decenas de plano para admirar, par evocar sensaciones. Villeneuve tiene mucho más recursos (monetarios y tecnológicos) que Ridley Scott y les saca provecho. Pero no es un tema de presupuesto, el talento y estilo de Villeneuve deja su huella. El mundo de la secuela se siente enorme, infinito y eso que todo sucede en más o menos dos estados del oeste americano. Se agradecen profundamente los guiños al retrofuturismo como se concibió en los ochenta, con sendos logos de Atari y PanAm haciendo rondas y una tecnología rotunda, pesada. Claro, no es lo mismo decir sci-fi hace 35 años que decirlo ahora, y eso se ve en la patina de la película, en su diseño de producción.

Temáticamente se mantiene en los mismos cauces, reiterando la reflexión sobre el significado de “estar vivo” y de “qué nos hace humanos”. Para esto no solo aprovecha los códigos visuales establecidos por el primer film, sino que los renueva y apuesta duro por los nuevos cauces. El agua, la luz, la madera, lo orgánico son elementos recurrentes y se nota, sobretodo en su contraste con el neón, lo metálico, lo artificial. Y bueno sí, también hay detalles de atrezzo que claramente conectan las dos historias, pero se sienten orgánicos, no tienen el ruido del fan service.

No es una peli sin fallos, claro. Siento que algunas secuencias se extienden más allá de lo necesario, hay algunos diálogos y ciertos acentos musicales que solo se limitan subrayar y “explicar”, dando la sensación de es una pausa en su carácter “cerebral” para ver si estamos entendiendo. Pero no lastra, la visión de Villenueve prela sobre la necesidad de hacer algo que sea perfectamente redondo, donde todo encaja. El misterio, las sombras, la ambigüedad, los límites, son importantes en esta película. Quizás un momento clave es un pequeño diálogo (clave, a mi parecer) donde se dice algo como que “no recordamos con la mente, sino con el corazón”. Creo que aplica también a como debemos entender algunas cosas que vemos, ya que hablan a algo más básico que la razón.

Las interpretaciones, por no dejarlo pasar, están bien. A destacar Gosling por cantidad de minutos sobre sus hombros, Ford por razones evidentes y Leto porque, bueno, tenía espacio para tontear un poco. Sí debo mencionar Ana de Armas transmite una inocencia e ingenuidad clave para su personaje, y que si Sylvia Hoeks me pide la billetera le doy hasta las llaves de casa, su frialdad y dureza se aprecian.

Ahora, la pregunta clave ¿Es mejor que la primera?

Es su propia película, y es muy grande (en muchos niveles). Villeneuve logra encajar su peli dentro de ese limitado panteón de “buenas secuelas” y eso tiene mérito. Me gustó, la recomiendo y le pongo la fichita en los premios técnicos al final del año, por lo menos.

A mí me sigue gustando más la primera, pero eso es el corazón hablando sobre recuerdo seguramente.

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Review: IT (2017)

Me acabo de dar cuenta que llevo como dos meses que no escribo en este blog. La verdad es que no sabría explicar por qué, ya que sigo sintiendo la necesidad de escribir, sigo viendo películas y series, y sigo teniendo ese muy necio impulso de contarles lo que pienso sobre las mismas. Ah bueno, y estoy trabajando.

Yeah, baby! Sí, desde finales de junio, comienzos de julio estoy full time y es algo que, naturalmente, mejoró mi vida en un 300%. Puesto que de a poco (soy lento, eh) ya me voy haciendo una rutina diaria y he aprendido a organizar mejor mi tiempo, pues logro encajar el volver a decir mis tonterías audiovisuales por acá. Gracias por su paciencia, solitario lector (que lo debe haber, seguro que sí). Pero entremos en materia.

El domingo fuimos a ver IT, la segunda adaptación de la novela del mismo nombre de Stephen King, protagonizada por Bill Skarsgard (no sé hacer el anillo sobre la A) en el papel del (muy) acojonante Pennywise, el payaso bailarín, rol que ya Tim Curry hizo famoso en la primer adaptación por allá en el año 90.

La nueva versión, dirigida por el argentino Andrés Muschetti…¡aguante Argentina, carajo! …esto…sorry.

Pero eso, esta versión dirigida por el porteño adapta los sucesos de la novela a un contexto “moderno”, mientras que el libro y la mini-serie desarrollan su primer capítulo en los cincuenta, este mueve el calendario hasta el 89, lo que daría una segunda mitad en 2016. Funciona en otro nivel mucho más divertido, y es que los adultos que vieron la mini-serie del 90 y las nuevas películas en 2017 encuentran una conexión muchísimo más cercana. Los tiempos funcionan de forma impecable.

La película no levanta página por página la novela, sino que extrae el esqueleto de la misma: es una historia de crecimiento, de transición de la niñez a la adultez, de enfrentar los miedos. Como dijo mi amigo Christian Nava, es The Goonies en esteroides, es Persona 4 sin súper poderes. Algo que aplaudo de la película es que, si bien Pennywise es la encarnación del terror, los miedos de cada personaje son más reales: padres controladores, obsesivos, incluso directamente psicópatas.

La historia en IT funciona por esto, porque mira que si me dices que todo va de un payaso asesino, te miro con preocupación. El Club de los Perdedores, el verano idílico, el pueblo tranquilo, el pacto de amistad y de complicidad (sin la infame orgía, gracias) sirven como símil con el crecimiento, con dejar la infancia atrás y encontrar las personas que te acompañarán a hacer frente a lo que te espera en la vida. Yo sé que la mayoría de ustedes disfrutan el libro y la película porque se acuerdan que también fueron esos nenes que se prometieron no dejarse vencer por el mundo. Y bueno, porque el payaso asesino mola, hay que decirlo.

El departamento de arte hizo un gran trabajo en la caracterización de Pennywise, y Bill Skarsgard un mejor aún con su interpretación. El reparto de niños actores se complementa, ha buena química, yo me creo que son colegas y creo que esto es clave ya que después de todo, es una historia que gira en torno al crecimiento de los personajes.

Pero esto va de terror, ¿o no? Sí, y tiene momentos efectivos, aunque progresivamente van perdiendo efecto debido al abuso del sobresalto; y de un score que subraya cada secuencia aterradora, restándole potencia. Está bien tener un score, pero está mejor saber aprovecharlo. En mi opinión, hubiera sido mejor aprovechar las capaz de sonidos de voces, gritos y susurros que están detrás de la música para generar tensión, que subrayando con una partitura que me dice “ok, aquí te toca asustarte”. Como diría un colega de la escuela, no me trates como imbécil.

Dicho eso, hay algunos detalles que vale mencionar. A nivel de fotografía, los planos cerrados y los fondos densos crean una sensación opresiva, casi claustrofóbica, que potencia la sensación de persecución, de cacería de Pennywise sobre los perdedores. Pero de nuevo, la pieza suele resolverse a través del score y el sobresalto.

A pesar de esto, creo que IT es una adaptación que está por encima de la media en lo que a novelas de Stephen King se refiere. ¿Es la obra maestra que muchos comentan? no lo creo, pero sin duda no es una peli mediocre, funciona, entretiene. Y bueno, si la gente a mi alrededor en el cine es algo más que una muestra anecdótica, sí, también da miedo.

SpiderMan: Homecoming o cuando te guían las hormonas.

Llevaba tiempo sin actualizar el blog, por lo que si usted es de los pocos fieles lectores (que los hay, digo yo), le pido disculpas. Sin embargo, todo sea por una buena causa, ya que desde hace unas semanas estoy laburando de nuevo full time, algo que ha mejorado mi humor y mi calidad de vida notablemente.

Eso significa que el presupuesto de películas de a poco se va recuperando, y esta semana pudimos escaparnos para ver SpiderMan:Homecoming, una nueva entrada en el muy extenso Marvel Cinematic Universe, y el primer largometraje de este personaje “reconquistado” por Marvel con la venia de Sony, propietario de los derechos del arácnido desde hace unos años ya.

Desde su aparición en Civil War, lo de Spiderman pintaba bastante bien. Por un lado el casting de Tom Holland fue un golazo de Marvel/Sony, como lo fue incluir a Robert Downey Jr como Iron Man, y poner al gran Michael Keaton en un traje con alas de nuevo. Le sumamos a la grandiosa y eterna Marisa Tomei haciendo de una, digamos, moderna tía May y algunos secundarios muy bien elegidos, plan Jon Favreau o Zendaya.

Dicho eso, sí, las actuaciones están a punto, Holland es el primer Spiderman adolescente creíble, me como que es un chavón que va al cole, es medio nerd y se le cae la baba por la morena capitana del equipo de debate. Downey Jr, bueno, el señor es Tony Stark encarnado, poco que agregar. Y Michael Keaton, bueno, Keaton es una delicia, siempre es un placer ver a este hombre actuar, me confieso fan de sus películas y de su registro.

A nivel de historia, es algo así como un punto medio entre comedia adolescente de John Hughes y un clásico pochoclero de Marvel. Hay un trabajo de guión inteligente que sabe dividir el drama hormonal con las aventuras de un personaje heroico pero cercano como Spiderman. Debo agregar, antes que se me olvide, que doy gracias eternas por no tener que ver de nuevo al tío Ben morir. En eso aciertan los autores, se van directo al meollo del asunto, ya nosotros sabemos de donde salió y quién es este panita, vamos a la atracción principal.

Lo mejor de Homecoming viene en el título. Es, fundamentalmente, una película de adolescentes antes que una de héroes. Cosa apropiada, ya que en eso está la esencia misma de Spiderman, esa avatar del lector joven con todo el potencial en sus manos para hacer el bien o ser un cabrón. Lo hace además con una precisión notable, con un reparto diverso y multi-étnico. Hay chicos, chicas, latinos, blancos, asiáticos… es un microcosmo representativo de la inquietud millennial sobre la tolerancia y la inclusión. Todo con una asombrosa normalidad, ningún personaje se define por su raza o su género, viven todo con una tranquilizante normalidad.

Funciona, es una película entretenida, no decae, la acción es buena, el desarrollo de los personajes es adecuado e incluso se adornan con algunos giros y guiños que no se pasan de rosca. No es una peli profunda y cinematográficamente puede que no abra nuevos caminos, pero tampoco es la intención de un exitaso de verano. Es cine efectivo, entretenido, que vale su precio de entrada. Vine por un show y eso me llevé.

La película además hace justicia a un par de detalles que me parecen dignos de mencionar. Por un lado, le vuelve dar tiempo a Happy Hogan (Jon Favreau), un personaje que me parece encarna la ligereza de las pelis de Marvel en contraste con, digamos, la paleta gris sempiterna y falta de humor en el (casi todo) el universo DC. Por otro lado, introduce un elemento que puede parecer un chiste, pero que a mi parecer le suma otra capa de idiosincrasia al MCU, el Damage Control. ¿Quién limpia los desastres que deja toda esta gente en cada película? Pues estos señores. Es una tontería casi, pero darle espacio y saber aprovechar este elemento enriquece a la franquicia.

Recomiendo Spiderman: Homecoming, es un regreso triunfal de un personaje que hacía falta en este universo Marvel. Y no se olvide de las cotufas.

American Gods 1×07: Come To Jesus (Review)

Esto de la constancia, ah, llegar a otro final de temporada. Gracias, gracias.

Esperaba bastante del primer final de temporada de American Gods y no me voy decepcionado; ni un poquito. Pero vamos por partes, como dice nuestro amigo Jack. Como suele ser el caso, el episodio inicia con una historia, pero esta vez no es el señor Ibis quien lleva la batuta, sino un personaje que vimos por allá por el segundo episodio, el señor Nancy, encarnación de Anansi, interpretado genialmente por Orlando Jones.

Otro giro, ya no es una historia de un personaje desconocido o de un personaje perpendicular a la historia, sino que finalmente conocemos el origen y la llama que mueve a Bilquis, también conocida como la reina de Sheba. El señor Nancy se recrea en detalles sobre la historia de esta diosa y nos deja clara dos cosas: el poder natural de una mujer es una cosa de temer; y que la adaptación es la clave de la supervivencia.

Por un lado, el tinte social del relato está claro y pega en la diana del zeitgeist de nuestra época. Por el otro, profundiza en un concepto que fue introducido algunos episodios atrás y que es el eje sobre el cual se construye el camino divergente de esta adaptación con relación al texto original.

En el libro, que sucede en 2000-2001, el conflicto es mucho más directo, más binario: son los dioses viejos contra los nuevos, la fe contra el pragmatismo, la tradición contra el artificio. En el libro funciona, en buena medida por ser una buena historia y en otra gran mesura porque Neil Gaiman es un buen narrador.

Pero la serie es otra cosa, desde lo más básico: se desarrolla en 2016-2017.  El mundo de hoy es muy distinto al de hace 15 años, es casi irreconocible en comparación. Y lo es precisamente por los elementos que se oponen a los dioses viejos y a la tradición, es decir: la modernidad, la globalización, los medios, la tecnología…

Si el mundo es otro, el conflicto debe ser otro. Y eso está perfectamente capturado en esta idea de que los nuevos dioses no quieren destruir a los viejos; quieren aprovecharse de ellos, quieren hacerle re-branding, quieren comercializarlos, etiquetarlos y convertirlos en un elemento más de su inmensa maquinaria.

Pero de vuelta al episodio.

Shadow y Wednesday se acercan a Kentucky durante un domingo de pascua y van a dar al hogar de Ostara, la diosa de la primavera, cuyo nombre da origen a la palabra Easter (Pascua, en inglés). Primero, que grande es Kristin Chenoweth, eso es muy importante. Segundo, que secuencia tan divertida y demencial. Porque claro, si es domingo de resurrección, es domingo de celebrar al amigo Jesús. A todos los amigos Jesús.

Me parece genial esta forma de dejar explicita la idea de que sí, los dioses toman tantas formas como personas que pueden imaginarlos de forma distinta. Que joda ver a un Jesús latino, a un Jesús blanco, a un Jesús asiático y al mítico Black Jesus, acompañados claro de su señora madre, la Virgen. Vamos, que si la serie fuese en mi tierra, podrían hacer una fiesta con solo advocaciones de Virgen.

Pero como los escritores no desperdician ni una escena, a lo divertido se suma lo reflexivo, y la presencia de Jesús sirve para darle una vuelta de tuerca más a esa frase que Wednesday ha usado ya varias veces y que repite en este capítulo: ver es creer. ¿O creer es ver? No importa lo que haya visto Shadow, al parecer no es suficiente. Puede ver a su esposa zombie, puede ver a un irlandés conjurar monedas de oro de la nada. Puede incluso hacer nevar con pensarlo, pero hace falta dar el paso, creer y saber.

Y mira, después de ese cierre, el amigo Shadow vaya que cree. En una confrontación que es apenas la primera bala de una guerra que lleva toda la temporada gestándose, Wednesday finalmente se revela como es, con todos sus nombres, sus intenciones y su poder: Odín. Debo confesar, con una sonrisa, que me llenó de cierto placer verlo decir algo que yo ya había comentado en el review anterior: el pacto de los hombres y los dioses es sencillo, tú me das, yo te doy. Tú rezas, yo hago.

Queda el escenario preparado para una segunda temporada donde esperamos más relatos, más dioses, más disfraces para Gillian Anderson y especialmente, más de los planes del señor Wen…perdón, Odín. Yo, al menos, tengo fe que será un éxito.

Gran capítulo, recomendado.

American Gods 1×07: A Prayer for Mad Sweeney.

(Este review puede contener SPOILERS)

Uno de los personajes más interesantes dentro de American Gods es el señor Ibis. Como personificación del dios del conocimiento Thot, el señor Ibis es la persona ideal para guiarnos por el universo en el que se desarrolla la serie. ¿Saben esas pequeñas historias antes de cada episodio que parecen que no tienen que ver nada con la trama? Bueno, esas son la labor de Ibis, quien no solo nos presenta este mundo, sino a sus protagonistas.

El episodio de esta semana gira casi en su totalidad en torno a una de estas historias, y nos cuenta más sobre nuestro duende iracundo favorito: Mad Sweeney.

Para contarnos más sobre él, viajamos de la mano de del señor Ibis a la Inglaterra del siglo XVIII y conocemos a Essie, una chica que desde pequeña aprendió a creer en todas las historias de duendes y hadas que su abuela le contaba; con todos los pequeños rituales que esto conlleva. A través de la travesía de Essie, que la lleva de un lado del océano a otro, seguimos descubriendo los elementos más importantes dentro de la mitología de la serie, pero en esta ocasión no nos limitamos a ver el poder de la fe sobre los dioses, sino que además vemos el otro lado de la ecuación, qué efecto tienen los dioses sobre la gente.

Un detalle importante a nivel de producción es hacer que Essie también sea interpretada por Emily Browning (Laura), ya que hace mucho más clara la intención de los creadores de trazar un paralelo entre el relato de Essie y la historia de Laura, ambas vinculadas además por la presencia de Sweeney. También funciona como una excusa perfecta para dar más tiempo a las interacciones entre Browning y Pablo Schrieber, una verdadera delicia que, como ya mencioné en otros reviews, le da ese toque de “ligereza” a una serie tan densa en información.

Pero de vuelta al relato de la semana, si bien hasta ahora tenemos claro que los dioses esperan fe y devoción de los humanos para mantenerse fuerte, ¿qué esperan las personas de los dioses? Si el relato de Essie sirve de algo es para mostrar que los dioses en este mundo puede ser tan benévolos como cabrones, un día te bañan en buena fortuna y al otro estás en un barco camino a las Américas a cumplir tu pena de transportación. Queda claro: los dioses necesitan a los humanos tanto como los humanos a los dioses. Es una relación de mutuo beneficio, aunque no podemos evitar preguntarnos, ¿quién usa a quién?.

Este cruce de influencias le da más fuerza a la revelación final del episodio: que Sweeney y Wednesday jugaron un papel activo en la muerte de Laura. Ya no solo se trata de benevolencia a cambio de oraciones, sino de acciones directas para cambiar el destino de las personas y, especialmente, de Shadow Moon. ¿Qué lo hace especial? ¿Por qué Wednesday puso en movimiento todo esto? ¿Qué papel juega en la guerra que está por venir?

Considerando que el próximo es el último episodio de la temporada, lo lógico sería esperar encontrar algunas pistas para responder esta preguntas. Pero si hay algo que ha dejado claro esta serie es que no se rige por el ritmo narrativo típico de una serie de TV, quién sabe, a lo mejor y el final tan solo nos deja más preguntas aún.

American Gods 1×06: A Murder of Gods

(Este review puede contener SPOILERS)

Esto empieza a tomar velocidad, empezamos a entrar en territorio nuevo, de eso que los que han leído el libro no pueden hacer ese jueguito de poner la cámara para grabar la cara de tonto que le queda a los que no cuando llega el momento de la sorpresa. Y eso es bueno, soy partidario de la democratización de la cara de tonto. Como bueno es que la serie por su formato extenso se tome el tiempo de prestarle más atención a personajes que en el libro no se le da demasiado peso más allá del utilitario.

Continuando en esos viajes a lo largo del tiempo y de América, este episodio arranca presentando algo que en el texto original es apenas una mención, y es que en un mundo donde la fe crea dioses…¿Dónde carajos está Jesús? Pues Jesús, como el WiFi, está en todos lados y aún se sabe un par de trucos, especialmente el no dejarnos del todo claro de qué “lado del río” está. Buen set-up.

Pero de vuelta a la trama central, finalmente la serie se enfrenta a una división en el camino y nos muestra dos historias paralelas: por un lado Shadow y el señor Wednesday continúan en su campaña de reclutamiento, y por otro Laura abre cancha al territorio no literario al juntarse con Salim y Mad Sweeny, creando una divertidísima dinámica de grupo exclusiva de la serie y deliciosa para los espectadores.

Pero vamos por partes. El viaje de Wednesday y Shadow sirve para presentar a un nuevo personaje, Vulcano (Hefesto), el dios de la forja, armero del Olimpo. Lo interesante de este encuentro, más allá de darle material a los amigos de Man at Arms Reforged, es presentarnos el resultado de aquel re-branding que nos planteamos en el episodio anterior. Donde Wednesday no quiere ser un satélite, Vulcano no tiene ningún problema en convertir la forja en una fábrica de municiones, en transformar balas en oraciones. Es especialmente apropiado, considerando los tintes políticos de la tenencia de armas en los Estados Unidos.

El encuentro deja una cosa clara y es que la fue mueve montañas, o las detona, pero hace milagros, eso queda claro. Y hablando de fe, ya comienza a ser notable las referencias al tema del sacrificio, presente desde el primer momento en la figura del árbol y la horca, un sistema que funciona a dos bandas, tanto por el color de piel de Shadow como por la naturaleza de Wednesday. Es de especial servicio al desarrollo del segundo como personaje, dejando ver un lado más cabrón si se quiere (y si es posible imaginarlo), incluso, más vengativo, siendo más explicito en sus intenciones y en sus capacidades.

Hablando de propósitos, la historia de Laura, Salim y Wednesday le inyecta a la serie un round de ligereza que me parece necesario. Seguro, está muy bien todo el diálogo sobre la fe, el propósito, la modernidad vs la tradición; pero también es bueno dejar ver que eso sucede en un mundo donde la gente es aún capaz de reírse, de putearse o sencillamente de fumarse un cigarro y beberse un trago. Esto está perfectamente escenificado durante la conversación a tres partes, donde Sweeney comparte sabiduría camuflada en unas crudas (pero harto divertidas) metáforas sobre el sexo anal y el amor entre hombres.

Debo decir que agradezco estas rupturas de ritmo y tono; y la habilidad que requiere saber alternar los tiempos en una historia que fundamentalmente es dramática y cerebral. Siempre me ha parecido un problema en estas series o películas con ausencia de color y exceso de grises (es contigo DC); esa idea de vivir en un mundo sin humor, huraño e, irónicamente, desconectado de cualquier realidad. Que sí, que lo crudo es real, pero la gente ríe hasta en la horca.

Un buen episodio, pivotal, que pone en marcha dos objetivos en dos historias y que no deja de seguir construyendo un mundo cada vez más rico. Recomendado.

Wonder Woman o la heroína que merecemos.

(Este review puede contener SPOILERS de la película)

Debo admitir que pocas películas, sin importar el género cinematográfico, me han causado tanta curiosidad como Wonder Woman.  La última vez que alguien puso a una chica de protagonista en una película de cómics terminamos con  Electra y Cat Woman, y creo que no es necesario hablar del demonio en esta casa del señor.

Era otra época, sin duda, una época donde eso del film de cómic no dejaba de ser un producto de nicho, una apuesta no muy segura en un público conocido por ser excesivamente celoso con las franquicias que consume. Todo eso cambió cuando llegó el señor Christopher Nolan en 2005 plantó la bandera con Batman Begins, para que unos años después Jon Favreau diera el puntapié inicial al MCU con Iron Man. 

Le damos Fast Foward hasta el 2017 y es apenas ahora cuando tenemos la primera película con una heroína como protagonista dentro de los universos cinematográficos de las grandes (DC y Marvel). Seguro, Jessica Jones la rompió en Netflix, pero todavía seguíamos sin un largometraje en clave femenina. Llega entonces la señora Patty Jenkins y no solo declara los juegos abiertos para todos, sino que además lo hace con la que es sin duda la heroína más icónica del mundo: Wonder Woman.

Entonces, ¿qué resultado trajo los más de 70 años de espera para la gran pantalla?

Vamos a ello.

Wonder Woman es una peli que antes del primer minuto tiene como 100 facturas que pagar. Hemos visto X veces el origen de Batman o de Superman, pero dudo que alguien fuera de la fanaticada sepa cuál es el origen de la Mujer Maravilla. A eso hay que sumarle un reparto de aliados y villanos que, de nuevo, nadie conoce demasiado. Por eso, irremediablemente, Wonder Woman es un relato de origen, una presentación del personaje en la vena de The First Avenger.

Para responder eso de “¿por qué eres así?”, Jenkins nos transporta a la Primera Guerra Mundial, lo que hace que Wonder Woman no solo sea una peli de cómics y un relato de origen, sino una película de guerra. Hay que tomar eso en su justa medida, no hablamos de Saving Private Ryan o The Hurt Locker, no se trata de hacer un retrato crudo del conflicto, sino de establecer un contexto fácil de entender: un mundo roto y en guerra, con una nueva forma destructiva de pelear y con un nivel de destrucción casi apocalíptico, es la Gran Guerra, es la Guerra para terminar todas las Guerras.

El film esencialmente describe la transformación de Diana: de ser una amazona que habita un paraíso terrenal aislado de todo mal, a ser Wonder Woman, una protectora de la humanidad. El catalizador de este proceso es Steve Trevor (Chris Pine), un soldado americano con un pragmático sentido del deber y de lo correcto. Lo correcto en este contexto es bastante sencillo de dilucidar, es una peli bastante dual, paz o guerra, vida o muerte, odio o amor.

En buena medida, la película se erige sobre dos elementos: unas secuencias de acción francamente espectaculares, 100% cotuferas y con una fusión de fuerza y gracia que quita el aliento. El otro es la gran interpretación de Gal Gadot y su química con el reparto, especialmente con Pine. Gadot asume el personaje, su mezcla de fuerza y belleza hace que te tragues sin rechistar que estás en la presencia de una semidiosa.

En general, su relación con Pine funciona, aunque admito que en algunos momentos me pareció un tanto forzada, pero entiendo la necesidad. Steve es el ancla de Diana con la humanidad a un nivel personal; sí, es fácil entender lo que es bueno y lo que es malo en medio de la guerra, pero Steve es quien personifica esa dualidad, esa capacidad humana de hacer cosas tanto buenas como terribles.

El clímax de la película se construye sobre una discusión casi filosófica, y un tanto trillada la verdad sea dicha, pero de nuevo, un grano de sal con todo, nenes. No quiero revelar los giros del tercer acto, pero debo decir que funciona, se siente orgánico aunque todo el conflicto sea bastante simplón.

¿Es un film extraordinario? En lo que a DC se refiere, sí. Con todo y que es una película con una lista de deberes inmensa, logra entramarlos todos en las poco más de dos horas de duración. Es entretenida, tiene grandes secuencias de acción y tiene personajes que van más allá del papel del cual nacieron. No, no es Shakespeare, no, no es la Nueva Ola, pero tampoco pretende serlo.

¿Qué pretende ser?

Pretende lograr un  interesante ejercicio de malabarismo: ser una gran película de aventuras con una mujer a la cabeza sin que sea necesario definir al personaje exclusivamente por su condición de mujer. Diana es fuerte, es inteligente, es leal, es mujer, pero también  es humana, se enamora, tiene amigos, baila. Es un personaje con el que puedes empatizar, que puedes admirar; que es lo que mínimo que se le puede pedir a la película, no solo por las millones de mujeres que lo estaban esperando, sino por también los millones de hombres que verán que sí, que también te puedes identificar con una héroe mujer.

¿Es Wonder Woman la película perfecta? No, no les. Pero sí es la película que necesitábamos, todos.

Recomendada, harto entretenida.