Review: Darkest Hour (2017)

Oficialmente estamos en conteo regresivo para el premio gordo de la temporada de galardones; momento de las quinielas de ganadores (y de impertinentes) comienzan a aparecer. Damas y caballeros, se vienen los Premios de la Academia, los premios Oscar.

Oh, divino calvo dorado, cuantas interpretaciones magistrales habrás inspirado, cuantas obras habrás motivado, cuanto dinero habrán botado en pos de llevarte a casa y montarte en la repisa.

Hablando de esas grandes interpretaciones, entremos en materia, porque anoche vimos Darkest Hour, la más reciente de Joe Wright, en la que Gary Oldman encarna al mítico Primer Ministro del Reino Unido, Winston Churchill durante los primeros días de su gobierno, desde su nombramiento hasta el famoso discurso de “pelearemos en las playas…” tras el rescate de las fuerzas británicas en Dunkirk.

Cosa curiosa que este año hayan dos películas que transcurren, más o menos, durante el mismo momento, final de mayo del 40, pero en dos lugares distintos del mapa: mientras Dunkirk se desarrolla entre las costas de Inglaterra, el Canal de la Mancha y las playas de Francia; Darkest Hour sucede en Londres, donde las decisiones sobre esa evacuación y el futuro de la Segunda Guerra Mundial se tomaban. Estoy seguro que algún friki ya debe estar trabajando en un montaje conjunto de esas dos pelis.

A nivel de historia, pues no hay mucho que contar si usted conoce un poco sobre la Segunda Guerra Mundial. Lo dicho, el gran Gary Oldman se pone el traje y el maquillaje para encarnar a Winston Churchill en el 40, cuando comienza su gobierno.

La transformación de Oldman es notable (van a pelear duro ese premio a Mejor Maquillaje) pero deja espacio para que conviva el actor y el personaje. Se nota que es Oldman, no es una imitación, es una interpretación y eso es un punto a favor, en mi opinión. Sin duda que hay un gran mérito en poder imitar con precisión a un personaje histórico, pero creo que hay más carga dramática cuando el actor logra hacer suyo el papel, capturando la esencia del personaje e hilando el drama con la forma de expresar las emociones de quien interpretan.

Dedico más tiempo a comentar la actuación de Oldman porque sobre este eje se teje la película. Sí, hay unos secundarios y un antagonista, pero el conflicto bien podría ser Churchill y su labia contra el mundo (y no está lejos de ser cierto eso). Las famosas idiosincrasias de Churchill están ahí, el carácter, pero sobretodo su halo, su mito. La peícula exalta la mayor arma del señor Churchill, su capacidad de movilizar el lenguaje como un arma, como dijo alguna vez Edward Murrow, y con ella mover a un país, y mira si no al mundo.

Hay mérito en la forma que Wright logra fotografiar las dificultades en el camino, los momentos de duda. La cinematografía es simple pero efectiva, con un trabajo de encuadre y de movimiento de cámara que expresan con precisión la carga emotiva de los momentos más difíciles. Eso es hacer cine, eh. Lo mismo con el trabajo de sonido, y una banda sonora que aunque por momentos peca de resaltador, en otros sabe desaparecer para dar protagonismo al ambiente. Mira que tiene peso saber usar el silencio en una peli que gira sobre un hombre con la capacidad retórica de Churchill.

Sin embargo, casi cualquier atisbo de maestría en técnica y lenguaje queda casi en el olvido por la actuación de Oldman. Esta es la peli de cazar su Oscar, sin duda. Tiene el bingo de la búsqueda del premio: una transformación notable, un personaje histórico y un relato de “época” (porque, estemos claro, ya la Segunda Guerra Mundial cuenta como una “época”).

Seguramente lo ganará, aunque por ahí está Daniel Day Lewis con su canto de cisne en busca del récord (que no, que no lo hace por los premios, pero ese hombre hace un comercial de chicha y lo nominan). Y si a veces los Oscar son un premio a la perseverancia, mira que Oldman se lo merece.

Darkest Hour es una peli que vale la pena ver, la recomiendo. Funciona, es precisa, es efectiva. Solo por la interpretación vale la pena verla y, además, complementa el contexto de Dunkirk si usted ya vio la de Nolan.

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Review: Coco (2017)

Primero que nada discúrpenme (así, con rotacismo) por no haber subido el review antes, yo sé que los dos que leen el blog lo estaban esperando desde hace unos días cuando lo comenté en Twitter. Cosas del laburo.

Suficiente excusa y vamos a ello, Coco, de Pixar.

Desde que vimos el trailer el año pasado, ya teníamos ganas de ver esta película. Por cosas del mercado, que asumo que tienen que ver con los doblajes y esas pajas locas, Coco apenas llegó a Argentina la semana pasada, a pesar de que se estrenó en noviembre en los Estados Unidos (y en octubre en México).

Ese segundo detalle fue el puntapié de la expectativa, ya que un par de personas que sigo en tuiter y cuyo capacidad crítica respeto les pasó aquello de que se les “hizo el culo pepsi cola” cuando la vieron. Además, no es un detalle menor que Coco se haya convertido en la película más taquillera de México de todos los tiempos.

El otro comentario general, y hablamos de gente que va desde México a Vietnam, es que íbamos a llorar. Y ya, es Pixar con Disney, además viene con el sello de autoría de Lee Unkrich que con Toy Story 3 y antes con Monsters Inc. y Finding Nemo había dejado claro que la emotividad es parte de su estilo.

Esto, lo que viene puede ser SPOILER, así que pendientes.

Coco es una historia sencilla, directa. Miguel quiere ser músico y su familia no lo deja, y ahí está la peripecia. Coco gira en torno a su viaje, en busca de reconciliar su pasión con su amor por la familia. Dicho así suena algo súper dramático, pero precisamente la virtud de un buen relato es capaz de contarte muchas cosas, en distintos estratos, con un barniz de película familiar, título que es más que apropiado para Coco.

Si tiene algún “problema” la historia es que precisamente está tan precisamente estructurada que los giros se pueden predecir casi desde el primer acto. Cosa que no necesariamente es mala, ya que el valor de la peli no está en la revelación del giro final, de hecho, tiene una función más bien práctica en relación al desarrollo de los personajes y sus viajes, que al final es donde está la carne de esta obra.

Como animación, sería necio criticar algo. Pixar es Pixar y lo demás es cuento, es el estándar de calidad en cuanto a largometrajes animados se refiere, solo comparable con los trabajos de Gibli. El diseño de producción animado de Coco es sublime, una obra maestra, una celebración de detalle y colorido que rinde honores a la mitología en torno a la festividad del Día de Muertos. Es casi imposible no salir enamorado de esta celebración después de ver la película, y es una señal de la justicia que hace a la cultura mexicana.

La música es precisa, es funcional, es casi una pieza de atrezzo más. Coco no es un musical, es una película con música que no es lo mismo. Las canciones no avanzan la trama en el sentido literal, sino que revelan la trama. “Remember Me” no es solo el tema principal sino también un leit motiff durante la película, uno que se va transformando no solo en forma sino en significado hasta revelar su verdadero sentido. Eso es hacer buen cine.

Ajá, ¿pero es buena?

Hombre, y tanto que sí.

Coco podría ser considerada la mejor película de Pixar, al nivel de obras maestras como Los Increíbles, Up o Wall-E. Coco es una carta de amor a México, a la familia (y si me apuran, a la familia latina), a la vida y a la muerte, no como una tragedia, sino como una celebración de las personas a las que queremos, a su recuerdo.

Es un film que funciona en muchos niveles; como las grandes historias tiene la virtud de contarte algo pero hablarte de un montón de cosas más en el proceso: de amor, de perdón, de respeto, de valor, de lealtad, de fidelidad. Y lo hace sin necesidad de florituras innecesarias; lo hace en un lenguaje tan sencillo que desde el más pequeño hasta los más viejos de casa lo entienden.

Va a ganar Mejor Película Animada, seguro, y si me apuran deberían nominarla a Mejor Película, punto.

Tan seguro como que sí, vas a llorar al verla.

 

Review: The Last Jedi (2018)

Llevo fácil media hora escribiendo y borrando párrafos de este review, tratando de dar con las palabras justas para expresar lo que quiero decir; cosa que seguramente no sería un problema si yo fuese un mejor escritor.

Vamos, que paré de escribir y tres días después sigo sin estar demasiado seguro de lo que quiero decir sobre esta película. Voy dando saltos de un lugar a otro en las redes y me encuentro con comentarios más enfrentados que una final entre Argentina y Brasil. O la odian con pasión o la defienden con devoción, ambas posiciones saturadas de cierto tufo de condescendencia. Y claro, las terceras vías, como suele ser el caso, más solas que la una.

Supongo que entonces lo coherente sería hacer un poco como el viejo camaleón que está un rato con el gobierno y otro con la oposición. Vamos entonces al asunto, esto es lo que pienso sobre The Last Jedi.

(Y ojito, que podrían haber SPOILERS)

De un lado, la luz…

The Last Jedi no es una película terrible.

Es una peli ambiciosa, masiva, con unos valores de producción extraordinarios, cosa perfectamente natural considerando lo inversión de recursos que ha puesto la casa del ratón a la saga.

Al igual que en The Force Awakens, los creadores se han enfocado en expandirel universo de Star Wars y no regresar a los lugares familiares. Nuevos personajes, nuevos rincones de la Galaxia, nuevas criaturas, nuevos vehículos. La producción de TLJ es masiva, desde las batallas hasta las coreografías, algunas extraordinarias que seguro merecen una segunda visita para disfrutarlas.

The Last Jedi, busca establecer la identidad para la nueva saga; una idiosincrasia que la distinga de las precuelas y de la saga original. La galaxia del joven Anakin Skywalker era plástica, barroca, saturada de florituras. La saga original tenía una patina de decadencia, de opresión, las historias más personales, más contenidas. Pero, las secuelas, ¿qué son? The Last Jedi, busca establecer eso, juntando un poco de lo viejo y un poco de lo nuevo con el objetivo de crear algo diferente.

Llamemos a eso nuevo “ser atrevida”. A Johnson no le tiembla en pulso de llevar a la Resistencia al PMM (lo que mi profesor de guión llamaba el Punto Máximo de Mierda), y luego volverlos a golpear.

En su forma más básica, The Last Jedi es una persecución; en eso se centra la peripecia: superar los obstáculos que hay en el camino entre el Punto A y el Punto B. Y vaya que si hay obstáculos (y desvíos). Hay valor en que un director no dude en reducir  bando con el que debes empatizar a su mínima expresión, Johnson castiga a sus personajes, los hace trabajar. Aunque si somos 100% justos, esto ya lo habían hecho en Rogue One. La diferencia radica es que matar a todo el mundo en esa era una necesidad; mientras que en TLJ es una decisión.

Algo a destacar, aunque no estrictamente cinematográfico, es ver como el universo de Star Wars se hace más diverso. La puesta por personajes femeninos fuertes se dobla en esta entrega con la presencia de Laura Dern y Kelly Marie Tran. Sin duda es una declaración de intenciones, una que va a la mano con que el cine es el reflejo de su época. Era algo que ya se había notado en Rogue One y en series animadas como Rebels (que la recomiendo, ampliamente), y que se agradece en los grandes lanzamientos.

Finalmente, por no dejarlo pasar porque la verdad me pareció la mejor escena de la película, hay algo visual muy poderoso en el momento que Rey se enfrenta al espejo, más cuando uno conoce un poco el canon de Star Wars y entiende que, de una u otra forma, Rey está viviendo una a una las pruebas que la convertiran en una Jedi. De hecho, la fractura del sable de Anakin no es solo un símbolo de la ruptura de la nueva saga con el pasado, sino también un reto para Rey, porque como todo “friki” de Star Wars sabe, una de las pruebas de un caballero Jedi es construir su propio sable que, en cierta forma, simboliza su camino por la Fuerza.

Y del otro lado…Oscuro.

Puede que yo esté un poco saturado de cine de aventura y del género fantástico (porque Star Wars es fantasía antes que ciencia ficción), pero mientras veía la película si bien por momentos me enganchaba, por otros no podía sentir que había algo que no estaba funcionando, podía escuchar el crujir de los engranajes, por usar un símil.

Si bien no justifico el odio visceral que he leído en línea ni me apunto esos reviews que salen desde la tripa, sí creo que hubo cosas (algunas claves) que no funcionaron bien. Vayamos a ellas:

  • Por mucho que quieran romper con el pasado, The Last Jedi es repasar Empire Strikes Back de la misma forma que The Force Awakens fue un recorrer A New Hope. La premisa básica es la misma, los rebeldes huyen de un sitio a otro mientras que en otro sitio la protagonista se entrena para luego tomar la decisión impulsiva de redimir al big boss. Hasta la invitación a “ven, mandemos en la galaxia juntos” está ahí.
  • Cuando uno ve Star Wars se acepta que habrá cierto nivel de “ciencia mala”. Pero creo que en TLJ se pasan de medida. Desde la idea risible de atacar una nave enorme por un solo lado (recuerden, en el espacio no hay arriba o abajo,  lean Ender’s Games o vean The Expanse para aprender más), hasta la idea de que una nave en movimiento se detiene por quedarse sin combustible. Eso por tocar un par, las cuotas de suspensión de la incredulidad que exige TLJ superan el nivel de una audiencia que, curtida, exige un poco más de esfuerzo por parte de los creadores.
  • Los personajes toman decisiones que, al menos, son cuestionables:
    • Poe Dameron bombardea una nave capital desde una sola dirección en un espacio tridimensional donde las direcciones no importan. Lo hace conociendo las consecuencias.
    • La Vice-Almirante Holdo nunca explica sus planes completos, causando motines, muertes innecesarias y una trama que pudieron ahorrarse,
    • Finn y Rose estacionan mal, detonando más sucesos innecesarios.
    • Maz Kanata explica un montón de cosas en lugar de decir un nombre: “hey, busquen a fulano, dicen que van de mi parte.”
    • Hux desperdicia constantemente los recursos a su disposición. Si los rebeldes no tienen combustible, ¿por que sencillamente no saltas en frente de ellos?
    • Pero creo que la ofensa mayor es: si Holdo sabe que lanzar una nave a la velocidad de la luz contra una flota sirve como ariete, ¿por qué no hace eso con la primera fragata que sabe que va a perder?
  • En su obsesión por “cortar con el pasado” Rian Johnson toma decisiones cuestionables en cuanto al desarrollo de sus personajes: echar por tierra el desarrollo de Luke en la saga original, convertir a Leia en súper-Leia sin explicación o necesidad, repartir poderes como galletas, convertir  a Poe en un patán, confirmar que Phasma se lleva el “Premio Bobba Fett” al personaje más sub-utilizado de la serie, reducir a Snoke a un McGuffin, ignorar buena parte de los set-ups de la película anterior o reducirlos a arenques rojos…

The Last Jedi entra en ese trágico terreno de ser una película de “sí, pero…”. Es decir, cuando te encuentras a alguien que la ama y le cuestionas los fallos te responde “sí, pero…”. Y cuando encuentras a alguien que la odia le preguntas si se divirtió y te dice “sí, pero…”. Al final, recuerdas más la discusión que la película y eso, por si mismo, es el meollo del asunto. Las prefiero cuando terminas con una sonrisa (o un nudo en la tripa) y no con una duda.

Ayer conversando con Christian (que tiene historia nueva) di con el símil ideal. The Last Jedi es como un edificio de lujo al que se le ven las tuberías, los cables y que además tiene una gotera que eventualmente arruinará las paredes. El lujo está ahí, los materiales, el diseño, las piezas, pero se pudo armar mejor, con mejores decisiones.

Y sí, escribir cine no es sencillo (pero que tampoco es curar el cáncer, eh), cada decisión es un efecto mariposa. Ante cada problema que le planteas al personaje, hay X soluciones que generan otros problemas, y así hasta llegar a la resolución final. ¿Hay solo una correcta? No, pero sin duda que hay algunas más orgánicas que otras. Ahí está el problema que yo encuentro en TLJ, se construye sobre una cascada de soluciones poco orgánicas que desencadenan una historia donde se siente más la mano del guionista que las consecuencias naturales de las acciones de los personajes.

 

¿La recomiendo? Es masiva, es épica, es Star Wars, todas merecen al menos una visita a la sala de cine. Pero, si como a mí, te incomodan las goteras en el techo, mejor trae un paraguas de paciencia.

Review: “Thor: Ragnarok” (2017)

Thor: Ragnarok es de esas películas que uno no sabe que quiere ver hasta que te tiran dos trailers y te emocionan, sobretodo cuando arranca “Immigrant Song” de Led Zeppelin a toda mecha, te sueltan guiños a Planet Hulk y ves a Cate Blanchett en plan dominatix vinkinga.

Y a ver, no es que las dos primeras de Thor hayan sido malas, pero tampoco estaban pa’ echar cohetes. La primera de Kenneth Branagh está bien, se notaba que lo de Marvel estaba tomando forma todavía, pero es una peli cotufera. La segunda fue más bien normalita, dominguera que le dicen. Pasada de fuelle en lo dramático, si se quiere.

Mientras las primeras eran más King Lear, Thor Ragnarok es más Big Trouble in Little China, más en en la vena de la acción/comedia ochentosa. Abandona y, de hecho, se burla de todo el drama de las anteriores, lo hace pedazos y nos pone algo en pantalla que, a falta de un mapache que habla y un árbol inteligente, pudo ser la tercera de Guardians of the Galaxy. De hecho, diría que es hasta mejor que la segunda de esa serie particular.

Pero volviendo al tema de Ragnarok, es curioso que una peli que gira sobre uno de los momentos más confusos de las pelis de Marvel, aquella visión en Age of Ultron sacada de debajo de la maga, haya resultado en uno de los films más divertidos de toda la serie. Esa es la palabra clave, divertido. Ragnarok es una peli divetidísima. El humor es bueno (faltaría más. estando Taika Waititi al mando), la acción es épica, no decae en los 130 minutos de duración.

Visualmente es espectacular, de lo mejor que ha puesto MCU en pantalla, con algunos flashes notables en la acción en 3D. Y la música… bueno, la música es otro nivel. Buscarte a Mark Mothersbaugh de Devo para que te haga un score de una peli que no desencajaría en la cartelera durante la era Reagan es un golpe de genio. Es posiblemente uno de los scores más llamativos y bien integrados en el universo Marvel.

¿Es una peli innovadora? no, pero tampoco pretende serlo. Es un doblar la apuesta en esta vuelta de tuerca de Marvel en torno a su universo, pasar un tanto de lo rimbombante y lo innecesariamente épico y apuntar a lo entretenido, a lo ligero, a darle vida a los personajes más allá del delineado moral del cómic. Y ojo, no es que se vuelve una peli de Tarantino, siguen siendo héroes, pero unos con más chispa.

Es refrescante poder ver a Chris Hemsworth soltarse un poco del Thor bobalicón, o hacer del Loki de Tom Hiddleston algo más que un villano que es malo porque sí, no hablemos ya de ver a Mark Ruffalo poder hacer algo nuevo con su gigante verde. Si a eso le sumamos a Jeff Goldblum siendo…bueno, Jeff Goldblum y a Cate Blanchett ser la jodida diosa que ya sabemos que es, pues redondeas el conjuntico a la perfección.

O bueno, casi, lo usual en estas pelis, sobran escenas y diálogos, esa mala maña de tener que explicar todo, de decirlo todo en lugar de dejar que sea la imagen al que nos diga qué está pasando. Cosas que parecen más puesta por la producción que elegidas por el director. De todas formas, creo que es de reconocer el valor de Waititi en dinamitar el registro en esta saga y ponerlo patas arribas. Es subversivo (en más de un sentido) y es necesario en un un universo cinemático que acelera su agotamiento.

Thor Ragnarok brilla, y es algo que se agradece en este género que cuando parece que ya está por caducar, vuelve a tirarnos una curva que lo refresca y le extiende la vida media. Como comedia, funciona muy bien, y como peli de acción también. Una peli divertida y recomendada, vayan a verla.

 

Review: Blade Runner 2049

Blade Runner es de mis películas favoritas, ever. Aunque soy bastante cauto con el tema de los rankings, vamos a ponerla que si en un top 5. No soy contemporáneo, la peli salió un par de años antes que yo naciera, pero cuando la vi en la tele fue de esos momentos que se te quedan en la memoria. Que después en la escuela me haya tocado escribir sobre la misma ayudó a reforzar su posición entre mis pelis importantes. Por eso cuando que tenían planeada una secuela, temí. Ojo, no soy alérgico a las secuelas de buenas a primeras, pero honestamente no pensaba que hubiese algo que retomar en esa historia. Era redonda, estaba bien dejar así.

Luego vi que la posta le tocaba llevarla a Dennis Villeneuve y pensé “ah bueno, sí, esto podría funcionar”. ¿Vieron Sicario, vieron Arrival? Vayan a verlas, que como diría mi profesor de cine, serán mejores personas después de hacerlo.

Pero entremos en materia.

Blade Runner 2049 como bien lo indica su título, y para que no queden dudas, retoma la historia 30 años después de la original. Los dos primeros planos son toda una declaración de intenciones,  montando dos imágenes que si bien hacen clara referencia a la película original, también contrastan. Bien pueden ser una alegoría del difícil trabajo que le tocó al señor Villeneuve: el de contar su propia historia en un universo sobre el que se ha escrito (y editado, gracias señor Scott) hasta el cansancio.

Blade Runner 2049 es un acierto, logrando expandir (en más de un sentido) un mundo que ya parecía sobrecogedor y, sin embargo, lograr hacerlo bajo sus propias reglas. Al igual que la primera, es una película muy pausada, que se toma su tiempo en hablar poco, ya que el diálogo es relativamente poco en relación al metraje; y en mostrar mucho.

Hay espacio para degustar. Hay decenas de plano para admirar, par evocar sensaciones. Villeneuve tiene mucho más recursos (monetarios y tecnológicos) que Ridley Scott y les saca provecho. Pero no es un tema de presupuesto, el talento y estilo de Villeneuve deja su huella. El mundo de la secuela se siente enorme, infinito y eso que todo sucede en más o menos dos estados del oeste americano. Se agradecen profundamente los guiños al retrofuturismo como se concibió en los ochenta, con sendos logos de Atari y PanAm haciendo rondas y una tecnología rotunda, pesada. Claro, no es lo mismo decir sci-fi hace 35 años que decirlo ahora, y eso se ve en la patina de la película, en su diseño de producción.

Temáticamente se mantiene en los mismos cauces, reiterando la reflexión sobre el significado de “estar vivo” y de “qué nos hace humanos”. Para esto no solo aprovecha los códigos visuales establecidos por el primer film, sino que los renueva y apuesta duro por los nuevos cauces. El agua, la luz, la madera, lo orgánico son elementos recurrentes y se nota, sobretodo en su contraste con el neón, lo metálico, lo artificial. Y bueno sí, también hay detalles de atrezzo que claramente conectan las dos historias, pero se sienten orgánicos, no tienen el ruido del fan service.

No es una peli sin fallos, claro. Siento que algunas secuencias se extienden más allá de lo necesario, hay algunos diálogos y ciertos acentos musicales que solo se limitan subrayar y “explicar”, dando la sensación de es una pausa en su carácter “cerebral” para ver si estamos entendiendo. Pero no lastra, la visión de Villenueve prela sobre la necesidad de hacer algo que sea perfectamente redondo, donde todo encaja. El misterio, las sombras, la ambigüedad, los límites, son importantes en esta película. Quizás un momento clave es un pequeño diálogo (clave, a mi parecer) donde se dice algo como que “no recordamos con la mente, sino con el corazón”. Creo que aplica también a como debemos entender algunas cosas que vemos, ya que hablan a algo más básico que la razón.

Las interpretaciones, por no dejarlo pasar, están bien. A destacar Gosling por cantidad de minutos sobre sus hombros, Ford por razones evidentes y Leto porque, bueno, tenía espacio para tontear un poco. Sí debo mencionar Ana de Armas transmite una inocencia e ingenuidad clave para su personaje, y que si Sylvia Hoeks me pide la billetera le doy hasta las llaves de casa, su frialdad y dureza se aprecian.

Ahora, la pregunta clave ¿Es mejor que la primera?

Es su propia película, y es muy grande (en muchos niveles). Villeneuve logra encajar su peli dentro de ese limitado panteón de “buenas secuelas” y eso tiene mérito. Me gustó, la recomiendo y le pongo la fichita en los premios técnicos al final del año, por lo menos.

A mí me sigue gustando más la primera, pero eso es el corazón hablando sobre recuerdo seguramente.

Review: IT (2017)

Me acabo de dar cuenta que llevo como dos meses que no escribo en este blog. La verdad es que no sabría explicar por qué, ya que sigo sintiendo la necesidad de escribir, sigo viendo películas y series, y sigo teniendo ese muy necio impulso de contarles lo que pienso sobre las mismas. Ah bueno, y estoy trabajando.

Yeah, baby! Sí, desde finales de junio, comienzos de julio estoy full time y es algo que, naturalmente, mejoró mi vida en un 300%. Puesto que de a poco (soy lento, eh) ya me voy haciendo una rutina diaria y he aprendido a organizar mejor mi tiempo, pues logro encajar el volver a decir mis tonterías audiovisuales por acá. Gracias por su paciencia, solitario lector (que lo debe haber, seguro que sí). Pero entremos en materia.

El domingo fuimos a ver IT, la segunda adaptación de la novela del mismo nombre de Stephen King, protagonizada por Bill Skarsgard (no sé hacer el anillo sobre la A) en el papel del (muy) acojonante Pennywise, el payaso bailarín, rol que ya Tim Curry hizo famoso en la primer adaptación por allá en el año 90.

La nueva versión, dirigida por el argentino Andrés Muschetti…¡aguante Argentina, carajo! …esto…sorry.

Pero eso, esta versión dirigida por el porteño adapta los sucesos de la novela a un contexto “moderno”, mientras que el libro y la mini-serie desarrollan su primer capítulo en los cincuenta, este mueve el calendario hasta el 89, lo que daría una segunda mitad en 2016. Funciona en otro nivel mucho más divertido, y es que los adultos que vieron la mini-serie del 90 y las nuevas películas en 2017 encuentran una conexión muchísimo más cercana. Los tiempos funcionan de forma impecable.

La película no levanta página por página la novela, sino que extrae el esqueleto de la misma: es una historia de crecimiento, de transición de la niñez a la adultez, de enfrentar los miedos. Como dijo mi amigo Christian Nava, es The Goonies en esteroides, es Persona 4 sin súper poderes. Algo que aplaudo de la película es que, si bien Pennywise es la encarnación del terror, los miedos de cada personaje son más reales: padres controladores, obsesivos, incluso directamente psicópatas.

La historia en IT funciona por esto, porque mira que si me dices que todo va de un payaso asesino, te miro con preocupación. El Club de los Perdedores, el verano idílico, el pueblo tranquilo, el pacto de amistad y de complicidad (sin la infame orgía, gracias) sirven como símil con el crecimiento, con dejar la infancia atrás y encontrar las personas que te acompañarán a hacer frente a lo que te espera en la vida. Yo sé que la mayoría de ustedes disfrutan el libro y la película porque se acuerdan que también fueron esos nenes que se prometieron no dejarse vencer por el mundo. Y bueno, porque el payaso asesino mola, hay que decirlo.

El departamento de arte hizo un gran trabajo en la caracterización de Pennywise, y Bill Skarsgard un mejor aún con su interpretación. El reparto de niños actores se complementa, ha buena química, yo me creo que son colegas y creo que esto es clave ya que después de todo, es una historia que gira en torno al crecimiento de los personajes.

Pero esto va de terror, ¿o no? Sí, y tiene momentos efectivos, aunque progresivamente van perdiendo efecto debido al abuso del sobresalto; y de un score que subraya cada secuencia aterradora, restándole potencia. Está bien tener un score, pero está mejor saber aprovecharlo. En mi opinión, hubiera sido mejor aprovechar las capaz de sonidos de voces, gritos y susurros que están detrás de la música para generar tensión, que subrayando con una partitura que me dice “ok, aquí te toca asustarte”. Como diría un colega de la escuela, no me trates como imbécil.

Dicho eso, hay algunos detalles que vale mencionar. A nivel de fotografía, los planos cerrados y los fondos densos crean una sensación opresiva, casi claustrofóbica, que potencia la sensación de persecución, de cacería de Pennywise sobre los perdedores. Pero de nuevo, la pieza suele resolverse a través del score y el sobresalto.

A pesar de esto, creo que IT es una adaptación que está por encima de la media en lo que a novelas de Stephen King se refiere. ¿Es la obra maestra que muchos comentan? no lo creo, pero sin duda no es una peli mediocre, funciona, entretiene. Y bueno, si la gente a mi alrededor en el cine es algo más que una muestra anecdótica, sí, también da miedo.

SpiderMan: Homecoming o cuando te guían las hormonas.

Llevaba tiempo sin actualizar el blog, por lo que si usted es de los pocos fieles lectores (que los hay, digo yo), le pido disculpas. Sin embargo, todo sea por una buena causa, ya que desde hace unas semanas estoy laburando de nuevo full time, algo que ha mejorado mi humor y mi calidad de vida notablemente.

Eso significa que el presupuesto de películas de a poco se va recuperando, y esta semana pudimos escaparnos para ver SpiderMan:Homecoming, una nueva entrada en el muy extenso Marvel Cinematic Universe, y el primer largometraje de este personaje “reconquistado” por Marvel con la venia de Sony, propietario de los derechos del arácnido desde hace unos años ya.

Desde su aparición en Civil War, lo de Spiderman pintaba bastante bien. Por un lado el casting de Tom Holland fue un golazo de Marvel/Sony, como lo fue incluir a Robert Downey Jr como Iron Man, y poner al gran Michael Keaton en un traje con alas de nuevo. Le sumamos a la grandiosa y eterna Marisa Tomei haciendo de una, digamos, moderna tía May y algunos secundarios muy bien elegidos, plan Jon Favreau o Zendaya.

Dicho eso, sí, las actuaciones están a punto, Holland es el primer Spiderman adolescente creíble, me como que es un chavón que va al cole, es medio nerd y se le cae la baba por la morena capitana del equipo de debate. Downey Jr, bueno, el señor es Tony Stark encarnado, poco que agregar. Y Michael Keaton, bueno, Keaton es una delicia, siempre es un placer ver a este hombre actuar, me confieso fan de sus películas y de su registro.

A nivel de historia, es algo así como un punto medio entre comedia adolescente de John Hughes y un clásico pochoclero de Marvel. Hay un trabajo de guión inteligente que sabe dividir el drama hormonal con las aventuras de un personaje heroico pero cercano como Spiderman. Debo agregar, antes que se me olvide, que doy gracias eternas por no tener que ver de nuevo al tío Ben morir. En eso aciertan los autores, se van directo al meollo del asunto, ya nosotros sabemos de donde salió y quién es este panita, vamos a la atracción principal.

Lo mejor de Homecoming viene en el título. Es, fundamentalmente, una película de adolescentes antes que una de héroes. Cosa apropiada, ya que en eso está la esencia misma de Spiderman, esa avatar del lector joven con todo el potencial en sus manos para hacer el bien o ser un cabrón. Lo hace además con una precisión notable, con un reparto diverso y multi-étnico. Hay chicos, chicas, latinos, blancos, asiáticos… es un microcosmo representativo de la inquietud millennial sobre la tolerancia y la inclusión. Todo con una asombrosa normalidad, ningún personaje se define por su raza o su género, viven todo con una tranquilizante normalidad.

Funciona, es una película entretenida, no decae, la acción es buena, el desarrollo de los personajes es adecuado e incluso se adornan con algunos giros y guiños que no se pasan de rosca. No es una peli profunda y cinematográficamente puede que no abra nuevos caminos, pero tampoco es la intención de un exitaso de verano. Es cine efectivo, entretenido, que vale su precio de entrada. Vine por un show y eso me llevé.

La película además hace justicia a un par de detalles que me parecen dignos de mencionar. Por un lado, le vuelve dar tiempo a Happy Hogan (Jon Favreau), un personaje que me parece encarna la ligereza de las pelis de Marvel en contraste con, digamos, la paleta gris sempiterna y falta de humor en el (casi todo) el universo DC. Por otro lado, introduce un elemento que puede parecer un chiste, pero que a mi parecer le suma otra capa de idiosincrasia al MCU, el Damage Control. ¿Quién limpia los desastres que deja toda esta gente en cada película? Pues estos señores. Es una tontería casi, pero darle espacio y saber aprovechar este elemento enriquece a la franquicia.

Recomiendo Spiderman: Homecoming, es un regreso triunfal de un personaje que hacía falta en este universo Marvel. Y no se olvide de las cotufas.