American Gods 1×05: Lemon Scented You

(Este review puede contener SPOILERS de la serie y el libro)

American Gods es una serie que ha logrado que su personaje principal haya pasado los últimos tres episodios abriendo una puerta, y aún así captura nuestro interés. Puede que sea justicia material en el cual se basa, o sencillamente a las imágenes que nos regala, y mira que en este episodio fueron unas cuantas, pero vamos por partes.

Entonces, la última vez que nos vimos, Shadow Moon abría la puerta de su motel y, finalmente, se encontraba con la sorpresa de ver a su difunta esposa sentada en la cama. Yo diría que esto es par para la cancha, considerando lo que el tipo ha visto hasta el momento, pero le doy el beneficio de aceptar que aún se pueda sorprender, después de todo, nos queda claro desde el principio que si hay una medida de orden en la vida de Shadow es gracias a su esposa.

De momento, fieles al libro.

Algo curioso de American Gods es que es un libro que salió en un mundo pre 9/11,  poco menos de tres meses antes para más seña. Sin tomar en cuenta ese evento, que mira que cambió bastante la historia, el mundo de 2001 es radicalmente diferente al de 2017; lo cual reviste de cierta ironía dado el foco de la serie en enfrentar la idea de lo “viejo” con lo “nuevo”. No es casual, por ejemplo, que a Technical Boy lo hayan cambiado de un gordito con acné taciturno a un frat-bro rubio con demasiada energía; incluso detalles pequeños como el cambio de pasaje de Shadow Moon en el primer episodio.

Si tu historia es basada en el contexto, y el contexto cambia, entonces debes actualizar tu historia aunque tu hilo conductor sea fundamentalmente el mismo. No es solo coherencia, es buena escritura.

Entramos entonces en territorio nuevo, escenas que los que han leído el libro no conocen porque no existen en este. Ambas secuencias involucran la deliciosa participación de Gillian Anderson, sin un gramo de desperdicio en ambas. La primera nos pone a Media (Anderson) personificada en avid Bowie con su look de Life on Mars regañando al Technical Boy por, bueno, por (irónicamente) hacer algo que no está en el libro, querer linchar a Shadow. Esto pone en movimiento una serie de eventos que tienen su clímax en una pequeña sala de interrogatorios.

La escena sirve para tres cosas: una nueva y gloriosa entrada de Media encarnando a Marilyn Monroe, la aparición de un pequeño y divertido dios arácnido, y la presentación del dios de la globalización, Mr. World, interpretado por un genial Crispin Glover. 

Donde el libro nos presenta un choque más directo desde el primer momento, la serie introduce una idea tan moderna como adecuada: el rebranding. La propuesta de Mr.World a Wednesday es simple: ¿por qué pelear cuando podemos colaborar? , ¿para que condenarte al olvido cuando podemos re-inventarte? . El sub-texto, creo, funciona en distintos niveles: habla sobre nuestra obsesión con el consumo constante de información, de polarización, de confrontación.

American Gods continua su ritmo reflexivo, más enfocado en desgranar cada momento que en avanzar una historia, en inyectar mensaje más que narrativa. Sin embargo, se agradece que después de tres episodios podamos ir más allá del señor Shadow abriendo. Sigue siendo una serie recomendable, aunque sea tan solo por ver de qué se va a disfrazar Gillian Anderson en el próximo episodio. Diosa, de verdad.

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American Gods 1×04: Git Gone

(Este review puede contener SPOILERS)

Cuando terminó el episodio anterior de American Gods, Shadow entraba en su habitación de motel para encontrarse a su (algo-así-como-viva y coleando) esposa Laura. Esto no debería ser mayor problema si no fuese por el hecho de que Laura muere en el episodio uno. Detalles.  Una semana después, cuando el episodio 04 de American Gods terminaba, Shadow entraba en su habitación para encontrarse con su esposa Laura.

Si hay algo que hemos destacado durante estas semanas de la serie es su paso deliberado, lento y casi literario, el tiempo que se toma para desgranar cada detalle del libro, de recrearse visualmente en cada elemento del rico universo que Neil Gaiman construyó en su novela. El más reciente episodio, Git Gone, dobla la apuesta en este apartado.

Todo lo que vemos sucede en el período de tiempo que abarca al momento que Laura conoce a Shadow, hasta la noche cuando se re-encuentran en una habitación de Motel. Nos presenta y desarrolla una historia que en el libro fractura en varios pasajes, y que en la serie solo se había mencionado.

Git Gone se centra en una idea: ¿Qué es estar verdaderamente vivo?
Los escritores lo hacen funcionar en distintos niveles; en una primera instancia hablan del deseo de Laura por hacer algo más, por trascender, por dejar a un lado su vida ordinaria. Eso nos explica los motivos detrás de decisiones como casarse con un ladrón de poca monta, montar una estafa que mandaría su esposo a la cárcel o, eventualmente, iniciar un affair en el que se le iría la vida.

Dentro de la faceta fantástica de la serie claramente es una alegoría a la nueva no-vida de Laura, al no estar muerta pero, de nuevo, no estar verdaderamente vivo. Claro, también nos sirve para ir dándole forma a algunos eventos hasta el momento inexplicables, como quién salva a Shadow de los “niños” del Technical Boy, o qué papel comienzan a jugar el señor Jacquel y el señor Ibis en toda esta historia.

Al mismo tiempo, nos presenta un hecho curioso: si en el episodio presenciamos la transición de una mujer creyente, en este vemos que pasa cuando alguien que no cree en nadie llega al otro lado. Es algo que refuerza una idea planteada por el Señor Wednesday en el capítulo anterior: la diferencia entre creer en algo y el absoluto olvido, entre la forma y la nada.

Está resaltado hasta en lo visual; el mundo de Laura está desprovisto de las imágenes fantásticas que hemos visto, es plano, es gris (literalmente), es solo en la presencia de Shadow y su no-vida cuando comenzamos a ver lo fantástico, que va desde una visión del más allá, hasta el fatality más espectacular de este lado de Mortal Kombat.

Podemos estar más o menos de acuerdo con el ritmo planteado enAmerican Gods, pero hay que reconocer que le hace justicia a los personajes el dedicarles el tiempo necesario para entenderlos. Puede que no hayamos avanzado demasiado en la trama principal esta semana, pero mira que sabemos ahora qué le vio Shadow a su esposa. Bueno, eso y que no hay que buscarle las malas pulgas a esta mujer y a su pie derecho.

De la majestad de la pantalla a Netflix and chill.

Llevaba rato queriendo escribir algo que no fuese un review. No porque no las disfrute, que sí lo hago, sino porque quería ejercitar otros músculos de la escritura, por eso de lo que no se usa, se atrofia. Por suerte ahí está el infalible twitter, que cuando no te está mostrando una chorrada que te salta las tapas de la arrechera, te muestra algo que te hace reflexionar, o te hace mear de la risa.

Recogí esta nota de un tweet de los amigos de fiebreseries, dice: Will Smith y Pedro Almodovar chocan en Cannes por Netflix. Mire usted, ¿será que el amigo príncipe de Bel-Air le cambió la clave del servicio a Pedro? ¿Quizás Pedro se molestó porque Will le usó la cuenta y le alteró el filtro de preferencias?

La noticia, difundida por distintos medios, entre ellos The Hollywood Reporter, aclara que el cruce de opiniones surge a raíz de la decisión de la organización del Festival de Cannes de no incluir películas estrenadas en servicios digitales para el próximo año. Para el pintoresco director de cine español: …la Palma de Oro no debería recibirla una película que no se vea en pantalla grande” -aunque matizó- “Esto no significa que no esté abierto o celebre las nuevas tecnologías y oportunidades, pero mientras viva, lucharé por la pantalla grande y su capacidad hipnótica en el espectador

En la otra esquina, Will Smith defendió la plataforma con una mezcla de pragmatismo y romanticismo. comentando como Netflix le dio la oportunidad a sus hijos de disfrutar películas que no pudieron ver en los teatros, y que de hecho: “(Netflix) ha expandido la comprensión global del cine de mis hijos“.

En esta esquina, la entropía…

Yo me imagino que cuando el invento de Gutenberg comenzó a hacerse popular, habría toda una cofradía de monjes y copistas indignados que defendían a capa y espada las virtudes del libro copiado a mano, exaltando la belleza y majestad de las imágenes pintadas y el texto cuidadosamente iluminado.

Siempre hay resistencia al cambio, el cine no es la excepción. De hecho, el mismo cine pasó por su etapa de ser considerado un simple espectáculo de barraca, un divertimento de cinco centavos, antes de ser considerado el Séptimo Arte, con sus mayúsculas bien ganadas. No hablemos ya de los traumas que debió generar en los grande productores la muerte del Sistema de Estudios y la entrada al ruedo de cadenas de distribución independientes o productores pequeños, que no solo cambió el modelo de negocio sino quienes podían acceder al mismo.

¿Les suena familiar?

Todo cambio exige un período de adaptación, un tiempo en el que las viejas estructuras o bien se acomodan al nuevo paradigma o directamente colapsan por su incapacidad de evolucionar.  El Borde del Caos que diría Ian Malcolm en El Mundo Perdido de Michael Crichton, ese concepto que seguramente es más complicado de lo que puedo explicar, pero que en el libro sirve para ilustrar la idea de que para mantener el balance no hay que ser ni muy quedado ni muy lanzado, hay que ser adaptable. Sí, les dije que seguramente debe ser más complejo.

Estamos queriendo más y más…

Si hay un segmento que ha explotado en la última década es el de los canales de distribución de contenidos; desde contenidos chicos como pueden ser las historias en IG o Snapchat, hasta grandes bloques de contenidos como los que encontramos en servicios de streaming como Amazon Prime, Hulu o el mencionadoNetflix.

Sería necio, miope, el negar las virtudes del streaming, la oportunidad que brindan de consumir el contenido que queremos, cuando queremos, donde queremos. Precisamente lo que argumenta Will Smith, poder ver películas que somos muy jóvenes para haber disfrutado en taquilla, o que simplemente no pudimos ver por falta de tiempo. No entremos ya en la multiplicación de oportunidades para los creadores, el tener nuevas formas de producir y distribuir sus obras. Les puedo decir que hay al menos dos piezas que ganaron el Oscar que pude ver y compartir gracias a Netflix.

¿La pantalla de TV resta potencia a la imagen? Bueno, según que pantalla tengas, los Smith no creo que tengan ese problema en su casa. Pero por ser estrictos, sí, está claro que no es lo mismo disfrutar una joya como Gravity de Alfonso Cuarón (y la gloriosa fotografía de Emmanuel Lubezki) en el cine, que verla en tu casa. Hay espectáculos que están hechos para disfrutar en un formato, y es el que es.

Ahora, algo que Almodovar y los defensores del celuloide sobre pantalla gigante deben reconocer, es que con el tiempo no solo cambia la tecnología, sino los hábitos de consumo. No hay que viajar al pasado para encontrar a personas que se ven superadas por el hecho que alguien vea un show en Snapchat, o un canal en Youtube dedicado a jugar videojuegos, o a abrir paquetes. Vamos, que a veces solo hay que mirar al espejo para encontrarlos. Que además puedas disfrutarlos mientras esperas el bus es un plus.

El camino con menos resistencia

Todo cambia, está en la física, nada permanece. Con el paso del tiempo se me hacen más difícil de entender estas posiciones puristas, estas cofradías del clavo ardiendo que se aferran a ciertos dogmas cuestionables, como que una película se TIENE QUE disfrutar en una sala de cine.

El cine es, en esencia, comunicación. De mensajes, de ideas o de sensaciones, pero comunicación al fin al cabo. Para comunicarse hace falta un canal y, bendita tecnología, cada vez son más o más los que tenemos (el uso que le demos, ojo, es responsabilidad propia, no del canal).  El negarse a reconocerlos o directamente menospreciarlos es ofrecer resistencia a un caudal que, francamente, veo indetenible.

Netflix, Hulu, Prime, Youtube Red seguirán, evolucionarán, pero desaparecer, lo dudo. Hoy será sin el reconocimiento de los que otorgan la Palma de Oro, mañana quizás no les hará falta o dejará de importar; al final, como dice Ian Malcolm pero en Parque Jurásico, la naturaleza encontrará su camino.

 

American Gods 1×03: Head Full of Snow

Si hay algo que debo reconocer luego de tres episodios de American Gods, es la fidelidad con el libro. Seguro, hay algunas secuencias movidas de lugar aquí y allá, pero de momento es una serie escrupulosamente fiel, incluso al punto de afectar su propio ritmo por una cadencia más, digamos literaria. Eso fue notable en el episodio anterior, y en buena medida, se siente en este. Sin embargo, mientras que en el capítulo dos sentíamos que no pasaba casi nada, aquí fue lo contrario, sentí que metieron más de lo que es posible en un solo episodio.

Por cierto, SPOILERS.

En Head Full of Snow conviven dos narrativas, la trama principal del Shadow Moon (Ricky Whittle) y el señor Wednesdey (Ian McShane); y los relatos que podríamos llamar “Somewhere in America”, que profundizan en el riquísimo universo de la serie. En ese apartado, la serie nos presenta a dos personajes: el primero es el señor Jacquel (Chris Obi), la personificación del dios egipcio Anubis, quien se encarga de juzgar a las almas de los recién fallecidos y guiarlos por el inframundo. El segundo es un Jinn (Mousa Kraish), es decir, un Genio como el de la historia de Aladino. Ambas secuencias son poderosas visualmente, especialmente la segunda, con una marcada diferencia de tono al resto de la serie; estableciendo una clara separación entre el mundo “real” y el mundo “divino”, por usar una palabra.

De vuelta a nuestra historia principal, luego de perder la cabeza por el juego, literalmente, Shadow conoce a la tercera de las hermanas Zorya (Erika Kaar), que a cambio de un beso le regala la luna. Sí, acaban de leer eso. Sí, es exactamente lo que sucede. Quizás lo maravilloso de  una serie como American Gods es esa capacidad de traducir las páginas de Neil Gaiman a algo visual, a algo que navega las aguas entre lo fantástico y lo real. Es apropiado, ya que a medida que Shadow se adentra en este mundo con nosotros, es así como se siente, como si las barreras entre lo real y lo imaginable son casi invisibles.

Ese bien podría ser el tema central de este episodio, el cómo Shadow Moon se da cuenta que, efectivamente, ya no está en Kansas. Esta idea de dualidad, de un mundo detrás de un mundo funciona en distintos niveles, desde lo más mundano como en las estafas que se monta Wednesday para sacar pasajes, comida o dinero; hasta en lo fantástico con los sueños extraordinariamente vívidos que tiene Shadow.

Cada nueva etapa del viaje con este viejo embaucador le revela a Shadow que las cosas no son como las imaginaba; o irónicamente, que de hecho las cosas que imaginaba son. Cosas como que una diosa eslava te baje la luna, como que un “duende” saque monedas de oro del aire, como pensar en que va a nevar y que de hecho nieve, o como que un día llegas a dormir y te encuentras a la última persona que imaginabas sentada en la cama.

El tercer episodio de American Gods le sube una marcha a la historia y nos deja claro algo: en este mundo la fe no solo mueve montañas, a veces las crea de la nada. Y eso está bien, porque a donde va Shadow, va a necesitar toda la ayuda que pueda imaginar.

Get Out o lo que esconde la imagen.

Llevaba tiempo que no veía un buen thriller en el cine. De hecho, llevaba tiempo que no veía un thriller en el cine, punto. En los últimos años la inversión de ir al cine estaba asociada al espectáculo, al cine cotufero de súper heroes y los conflictos bélicos en una galaxia muy, muy lejana. Pero a las entradas regaladas, no se le mira el diente. A menos que sea algo como, no sé, Hollywood Chihuahua 4.

Get Out es el debut en la silla de director del señor Jordan Peele, el de Key & Peele. Las reseñas, muy buenas, y los scores de IMDB, Metacritic y Rotten Tomatoes sugerían el título de peliculón, cosa notable si hablamos de un primer largometraje. Eso, y que me lo vendan como una mezcla de thriller con comedia, punto medio entre Guess Who’s Coming to Dinner? y Stepford Wives ya eran suficiente para ir con expectativas al cine.

La peli, bueno, va exactamente de eso. El amigo Chris Washington (Daniel Kaluuya) va de visita a casa de los padres de su novia Rose (Allison Williams) para disfrutar un fin de semana de comida, familia e incomodidad y tensión racial. De aquí en adelante vienen SPOILERS, así que pendientes.

Si lo antes descrito es la parte de Guess Who’s Coming to Dinner?, todo lo que sigue es la parte Stepford Wives. A medida que pasan las horas, Chris descubre que la familia de Rose puede que no sea del todo, digamos, normal. De hecho, puede que entre en eso que llamamos sociópatas, por no decir que están locos de metra.

La metáfora no se pierde en ningún momento, de hecho, a veces es eso que en inglés llaman “a bit on the nose”, algo como “un pelo de jeta”. Esto es una película de terror con una divertida peripecia, sí, pero nos viene a hablar de otras cosas que está claro son importantes para su director. Esas cosas giran en torno a los problemas raciales que aún persisten en los EE.UU.

De ese hilo tiramos y podemos ver que nos habla de varias cosas, de la violencia racial, de la esclavitud, de la apropiación cultural, e incluso del rol en tu propia liberación. Puedes estar más o menos de acuerdo con lo que te cuenta el señor Peele, pero lo que no se puede negar es que el tema está ahí.

Eso, sin duda le da fuerza a la historia, la eleva más allá del simple artificio. Se apoya además en una gran selección para la banda sonora y una una fotografía elegante y clásica, con claras referencias a los thrillers de Hitchock que se extienden a un inteligente uso del atrezzo (atento al algodón). Las actuaciones son de muy buen nivel, especialmente la del protagonista, un gran Daniel Kaluuya que logra encarnar un personaje real, libre de muchos clichés raciales y cinematográficos.

¿Fallos? Personalmente, creo que sí. Por usar una metáfora deportiva, la bordó en los elementos técnicos y la impresión artística… pero falló el desmonte. La película se construye en un muy buen ritmo, crece en tensión y te pone al borde de la silla para el momento de “aaaaaahhh… claro”. Pero en ese punto, tambalea. El recurso utilizado no solo desdibuja un poco lo que ha venido construyendo, sino que rompe el tono de la película e incluso, creo que afecta un poco el sub-texto.

Eso no evita que la peli sea efectiva, divertida, incluso notable. Ojo, no solo como thriller, sino como comentario social. Es un buen debut para Jordan Peele, un tipo de grandes talentos que ahora se extienden a la dirección de cine. Espero que sea el primero de una buena camada de films que no solo diviertan, sino que reten.

Recomendada, sin duda.

American Gods 1X02: The Secret of Spoon.

La mitología de American Gods es rica. ¿Qué tan rica? Bueno, Neil Gaiman toma prestado basicamente de todo panteón disponible en el imaginario colectivo para crear el universo de novela, y mira, eso es mucha, mucha gente. A nivel literario lo resuelve de una forma bastante inteligente, si no les importa adelantarse a la serie, los invito a leerlo o, si son más de TV, a no dejar pasar el libro una vez terminada la adaptación.

Mi punto es que al haber mucha gente, algunos más “rara” que otra, se hace necesario darte un tiempo para establecer las reglas del juego. En el review del primer episodio comenté que el pacing estaba diseñado para sentar las bases de lo que estaba por venir; y en el segundo, The Secret of Spoon, los showrunners doblan su apuesta en ese sentido.

Algunas cosas de lo que viene podrían considerarse SPOILERS, avertidos quedan.

El episodio, vacío de un conflicto claro hasta el final, sirve para presentarnos a tres personajes más: Anansi, un dios con una gran afición por los chistes, las historias y ser el más listo de la cuadra, quien se gasta un monólogo de presentación interpretado genialmente por Orlando Jones. En segundo lugar está Media, papel de Gilian Anderson, algo así como la personificación de los medios, quien recibe sus oraciones en forma de tiempo y energía invertida frente a una pantalla. Finalmente, tenemos a Czernobog, una deidad eslava encarnada por el gran Peter Stormare, un dios oscuro, rayado y malhumorado. Bueno, y con una extraña fijación con matar vacas a martillazos.

Además, aprovecha y profundiza, cosa que no te hay en el libro, en el personaje de Bilquis, Reina de Sheba, vieja diosa del amor y lujuria. Sin duda las secuencias más alucinantes visualmente le pertenecen a ella, siguiendo lo establecido en el primer episodio.

En líneas generales, es un episodio raro en su timing, no avanza mucho la trama pero cuenta muchas cosas de los personajes, apuesta por la construcción del mundo por encima de la narración de la trama central. El viaje de punto A a punto B es corto, es más con quién lo hacemos y qué vemos en el camino. Eso sí, en eso que llaman “foreshadowing” en inglés, vamos, en eso se regodea desde el minuto uno.
Al terminar, al menos dos cosas son evidentes: viene una tormenta de las grandes, y por alguna razón todos quieren a Shadow Moon de su lado.

No es un mal episodio, es interesante para profundizar en el universo que no en la historia, pero sin duda que tiene un paso lento; le hará falta ritmo a la tercera salida de la temporada, so pena de convertirse en esas series donde “no pasa nada”.

Passengers o el espacio (desperdiciado)

Entre una cosa y otra, había dejado pasar ver la última de Chris Pratt en el espacio. No, esa no, la otra. Pero como en estos días de internet inestable y pocas cosas que hacer, decidimos darle una oportunidad, entender por qué le vamos a pagar doble dígitos al señor Pratt y a la señorita Lawrence.

Passengers es el quinto largometraje de Morten Tyldum,   y su segunda producción “grande” tras The Imitation Game en 2014. Como les dije antes, los protagonistas son Chris Pratt y Jeniffer Lawrence, acompañados de Michael Sheen y Lawrence Fishburne. Y ya. Bueno, hay que si un par más que hacen de computadoras y algún cameo, pero personajes, esos, lo justos.

Passengers es de esas películas paradójicamente minimalistas. Es decir, son cuatro personajes, en una película de +100 millones de piedrólares. Descontando los salarios de los protagonistas, que son como un tercio, siguen siendo unas cuantas decenas de millones para rodar y post-producir. Y mira, se nota, la dirección de arte es una delicia en lo que a diseño se refiere.

Ah, la historia, ya, a eso vamos. Pues la premisa es relativamente sencilla: Jim (Pratt) es un tipo que va en una nave colonial a otro planeta en otra estrella. Por un accidente, se despierta antes de tiempo, unos 90 años antes de tiempo. 90 años perdido en un centro comercial son muchos años; sobretodo si tu única compañía es un bartender mecánico (Sheen). Al borde del abismo, Jim decide despertar a Aurora, una atractiva y divertida escritora; condenándola a su mismo destino, es decir, vivir y morir en el viaje.

Después de eso son como 80 minutos de Síndrome de Estocolmo mezclado con película de desastre enmascarado en una especie de retorcido romance. Si apagamos la conciencia, funciona en cierto nivel, la película sin duda es entretenida, resultona que le dicen.

Pero…

Este tipo de películas de pocos personaje suelen tener dos pilares: el primero es la química y la fuerza de las interacciones entre los personajes. Eso te lo tiene de cierta forma; Pratt y Lawrence tienen chispa y eso no se puede negar. Demonios, si me voy a quedar atrapado en una isla por 90 años, tanto mejor que sea con estos dos.

El segundo es la utilización del espacio, y no me refiero al de las estrellas. Mejor paro ahí con el chiste porque se nos puede salir de las manos esto. A ver, de esas cosas que el cine aprendió y amplificó del teatro, el uso del espacio es una bastante importante. Pensamos que la escenografía es solo un lugar donde el director de arte y su equipo se lucen, y sí, hay algo de eso. Pero el espacio, como todo elemento, debería ser una herramienta más de comunicación, de expresión.

En el caso de Passengers hay algunos detalles puntuales; un bar aquí, un árbol allá. Pero para todos los millones que se dejaron en crear este inmensa, maravillosa y detallada nave, se me hace poco el protagonismo que le dan su espacio. Sí, esto es una historia de los dos personajes, pero toda su peripecia se construye en torno al espacio que habitan, es lo que detona la historia y lo que determina las circunstancias de su progresión.

¿Funciona la película? Sin duda, es efectiva, te comes la historia al ritmo de las palomitas, te comes el romance y te comes la angustia; pero la sensación de subestimar tus propios recursos está ahí; después de todo, no solo fue en el sueldo de tus estrellas en las que te dejaste buena parte del presupuesto.

Passengers es una película que cumple su función pero que no creo que trascienda más allá de su época en taquilla, no la veo entrando a ninguna lista de imprescindibles, quizás la del domingueo, plan “buena y ya”.